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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2008. LA ESTRATEGIA DEL AVESTRUZ
Los políticos han hecho lo que cabía esperar de su enferma y cobarde mente: regalar cientos de miles de millones a la gran banca. Dicen que con garantías y mienten, que a la ciudadanía no va a costarle un duro y mienten. En España dicen que el dinero saldrá de la venta de deuda pública y lo hará con un interés algo superior... y mienten. Nada de lo que dicen es cierto por imposible, absolutamente impracticable. Ni siquiera es posible "donar" tal cantidad de dinero, porque no existe a menos que se fabrique; y lo que es imposible es volver a fingir su existencia. El dinero, y en eso no tienen ningún reparo en reconocerlo, es para recuperar "adquirir" las hipotecas o préstamos fallidos (malas según el argot del ministro); por tanto es una donación en toda regla a los que han prestado dinero sin garantías, pero con buen interés, y sin poder recuperarlo. Dinero ficticio negociado con préstamos extranjeros que ahora son imposibles de renegociar por falta de liquidez. La economía se va paralizando y el poco dinero disponible para relanzarla se regala a quien la ha estropeado sin saber como va a usarlo, si para pagar unas vacaciones a sus inteligentes consejeros o para renovar el parque automovilístico del banco. No hay control porque no puede haberlo. El dinero tiene la función de regalo. La compra (nacionalización queda feo) de los "activos malos" no sirve para nacionalizar la banca ni para adquirir acciones. El regalo no da derecho al control. No podemos crear inflación, no podemos subir los sueldos en función de la subida de precios... sería un suicidio económico. Sólo queda hacer que el ciudadano se ciña el cinturón, gaste menos y aprenda a adaptar su consumo en función a la riqueza que genera; que pague lo que consuma a su precio real según la oferta y demanda que haya de ello. Somos mil millones más de consumidores con hambre y posibilidades, y no hay suficiente cobre, cinc, arroz, maíz... para todos. No podemos crear inflación, pero papá Estado, por su cuenta y enterrando la cabeza cual avestruz, todo parece indicar que ha puesto la máquina de hacer billetes en marcha. Ha descubierto que no puede permitir que la banca, el sistema en el cual cree que se sustenta el bienestar de la ciudadanía, se vaya al garete; y que no puede aceptar que el sistema liberal a ultranza hace aguas por todos sitios. Papá Estado prefiere que se hunda el ciudadano antes que el sistema. Cree que el primero está supeditado al segundo, que depende de él y no lo contrario. Si no fuera por lo que nos espera sería para reír un buen rato.
Uno, que tiene la costumbre de atacar lo que piensa que está mal, ofreciendo a cambio una alternativa, esta vez va a callar. Suficiente se ha hablado sobre el tema: desde el medio ambiente, el reparto de la riqueza, la previsible escasez, la crisis energética, la estupidez del crecimiento... porque todo va ligado. La crisis financiera es una pequeñez, una tontería que en otro momento hubiera podido solucionarse con un ajuste estabilizador. El problema es mucho más profundo y grave, y parece ser que nadie piensa hacerle frente.
Y aunque no sea para reírse, enlazo el último y aleccionador artículo firmado por Fidel Castro. Hace tiempo predije que el mundo corría tanto, que pudiera ser que algunos vieran el suyo hundirse mientras otros lo contrario. El pasado jueves, un famoso economista norteamericano, de esos que dirigieron la economía de su nación hace años, dijo medio en broma que el Dólar terminaría imprimiéndose con la imagen de Marx. Si alguno de ustedes ha leído "El Capital", sabrá que la actual crisis y su final está descrita hasta el último detalle en su libro, aún de texto en las facultades de economía, aunque parece que a muchos se les haya olvidado.
Hoy reedito una foto muy curiosa de Santo Domingo, capital de la República Dominicana y ejemplo del capitalismo moderno y ultraliberal, también de su éxito según los estrategas del mismo. Algo que para algunos demuestra la bondad del ultraliberalismo (que estudien los que tengan dinero para ello).
UNA SOLUCIÓNPateras en construcción
Es estúpido creer que los gobiernos no sabían lo que se avecinaba. Siempre hay alguien en el poder que conoce el problema y posee la capacidad de resolverlo; y no solo hablamos del actual gobierno sino también del anterior. Como también es una tontería creer que los presidentes de la gran banca eran ajenos a lo que en los EEUU se cocinaba. Nos preguntamos el por qué la comunidad occidental ha decidido parchear el actual sistema financiero sabiendo de antemano que la solución, de ser posible, no pasa por inyectarle dinero. La economía real es una cosa y la financiera otra. Los grandes perjudicados son los pequeños inversores, la pequeña burguesía que invirtió sus ahorros en fondos de pensiones o acciones bursátiles, un dinero parcialmente perdido que tampoco debería servir para el día a día económico, el comercio, la industria... en suma: el movimiento comercial. Dicho esto y aludiendo a la primera parte de este tema, nos preguntamos si alguien cree que Bush, Aznar, Rato y compañía tienen sus ahorros en algún fondo de pensiones o accionariado de dudosa solvencia.
Los problemas producidos por el ultraliberalismo deben ser afrontados con soluciones ultraliberales. Y no solo por justicia, que dudo que la izquierda sea votada por muchos accionistas especulativos o propietarios de fondos de pensiones, sino por eficacia y sentido común. Es cierto que la economía ultraliberal se regula por sí misma, otra cosa es que se deba o no perseguir a quien se ha enriquecido a través de la estafa o apropiación de recursos destinados a otros menesteres. Hoy vemos a los EEUU, con un paro cercano a 7%, pasar apuros y falta de liquidez por su inestabilidad financiera, que no deja de ser el habitual problema de gastar más de lo que se produce; en este caso a causa de millones de nuevos ricos ficticios sin trabajo o con uno poco remunerado, ricos gracias a créditos que todos sabían imposibles de devolver. También a un grupo de países con una economía fuerte y estable, todo lo contrario que los EEUU, zarandeados por el mismo problema -excluimos de este grupo al Reino Unido y a España, que se hallan entre los dos- La economía real, pues, nada tiene que ver con la ficticia o financiera; la del trabajo, el comercio, la industria, con la fluctuable y desequilibrada del actual mundo financiero. Visto el problema no queda otra opción que separar las dos economías, y nada mejor para ello que disponer de dos monedas: el Dólar E, sin moneda física y el Dólar C, con ella; el € E y el C... el especulativo y el comercial. Si alguien quiere jugar, invertir en futuros hipotéticos o manipular mercados y especular, deberá utilizar el primero; para comprar o vender bienes de consumo, el segundo. Y las E, al ser libres y especulativas, deberán adaptar su valor de manera periódica con las C, de manera que las oscilaciones de una economía nunca afecten a la otra. Me dirán que es imposible, y no es así; que es difícil, y tampoco; que complicado... seguro que mucho menos que lo actual. Solo se debe legislar, pero claro, para eso hay que saber y tener agallas. Me dirán que un gobierno no puede, por sí solo, tomar ese camino; y les diré que sí puede, siempre y cuando legisle adecuadamente y exija unas reglas de comportamiento en su territorio. España, con especial fondo de garantía y los porcentajes de capital inmovilizado que exige a la banca hipotecaria, ya demuestra que puede legislar por separado. Pero precisamente España no es un ejemplo. Si el Reino Unido tiene problemas, imagínense ustedes los que van a padecer las cajas y la banca españolas y, por ende, su avalista: el Estado. Ciento cincuenta mil millones de € son, quizá, entre el cinco y el diez por ciento del previsible agujero que se avecina: la sobrevaloración de las hipotecas concedidas y, por tanto, la falta de capital real para hacerles frente, más el millón de viviendas que a fin de año estarán en venta sin posible comprador. Ustedes calculen el coste medio de una vivienda nueva y multiplíquenlo por un millón, y más o menos les saldrá la mitad del agujero, el resto serán las hipotecas impagadas.
Hoy vemos como los jueces, irritados por lo que consideran injerencias: los comentarios del gobierno sobre la honorabilidad del Tirado aquel y sus cómplices, amenazan con una huelga. Y me río porque parece ser que trabajaban. Quizá a la sociedad española le conviene una huelga judicial. Podría importar jueces de otros países como hace con médicos, enfermeros y biólogos y mandar a los suyos al paro o a Somalia para hacer prácticas. Dicen que cada país tiene sus leyes, pero olvidan que todas se rigen por la misma, la de los hombres y que con un cursillo de apenas dos meses y unas prácticas, bastarían para su adaptación. ¡OH! Pero qué hará la banca, con tanta hipoteca y crédito impagados, sin poder ejecutar embargos y desahucios. Aunque no debemos preocuparnos, seguro que los huelguistas hallarán una solución de compromiso para solucionar el problema. No es bueno matar ni ofender al pagano.
DINERO DE PIEDRA
Hace poco decía que no conocíamos el límite temporal de la actual recesión -hoy ya podemos describir la situación con esta palabra. El Reino Unido ha entrado en ella y esperamos que pronto, a no ser que el ministro invente otro vocablo, España también- En estos momentos creemos que pasado un año, la recesión se habrá convertido en una clara depresión y se estabilizará como tal hasta los dos años y medio. Entre esas dos etapas podrán sentirse sensibles cambios que, quizá, engañen a una ciudadanía sedienta de buenas noticias; pequeñas subidas seguidas por sendas bajadas. En dichas estimaciones no está contemplado una guerra a lo Bush, un ataque de Al Qaeda de proporciones gigantescas, ni que Israel, Rusia o India por poner buenos ejemplos, sean gobernadas por cualquier demente ultranacionalista; como tampoco que en una gran potencia sea elegido un estadista capaz. Como podemos observar, las variables son demasiado grandes para predecir con cierta exactitud.
Durante los próximos meses, las grandes empresas, algunas con razón y otras aprovechando las circunstancias, reajustarán sus plantillas dejándolas a la mitad en muchos casos, en otros el ajuste será inferior y en otros cerrarán sin más. Sus trabajadores, acostumbrados a cobrar sueldos razonablemente importantes, evitarán los contratos temporales o de inferior salario, con la esperanza de encontrar, con tiempo, uno mejor. A medida que transcurra y el seguro vaya agotándose, muchos trabajadores habrán perdido el tren del trabajo encontrándose con una masa laboral nueva, joven y mucho más profesionalizada. Entonces, el comercio, ya de por sí dañado, se resentirá mortalmente. La gran empresa cerrará alguna de sus grandes superficies en un intento de concentrar la poca venta en sus centros más rentables. La actual recesión no tendrá nada que ver ni será comparable a ninguna otra. El mundo financiero, por mucho que se intente salvar, quedará gravemente tocado; eso significa que la gran empresa no podrá hacer frente a la crisis con las habituales prebendas bancarias. Serán los pequeños comercios, con gastos mínimos y una estructura pequeña, los que se defenderán mejor, sobre todo los que puedan ofrecer crédito a su clientela. Veremos muchas grandes empresas descapitalizarse a causa de los impagos: tarjetas de crédito o pagos aplazados con financiación propia. La banca no podrá dar el suficiente crédito para mantener este nivel de morosidad, tampoco las industrias podrán soportar aplazamientos de pago o excesivos alargamientos de letras, ya que los bancos se verán impotentes para soportarlo. Hoy, más que nunca, vemos por quien hemos sido gobernados: un lunático egocéntrico con signos de algún tipo de drogadicción, algo idiota y con manía persecutoria. También comprobamos a lo que nos lleva un gobierno, el actual, de inseguros. Está claro que, por antiguas declaraciones, los actuales gobernantes españoles sabían como terminaría la burbuja inmobiliaria, sin hacer nada por evitarla. Posiblemente, tal como están la política y la ley, poco se podía hacer desde la administración central con algunas Cajas. La de Madrid y la de Levante, que hoy son las que en peor situación están, son dirigidas políticamente por gobiernos del PP, y todos sabemos de qué pie calzan. Las catalanas, que son las que conozco, eran reacias a dar hipotecas sin garantías, y si lo hacían era con su baremo de tasación, muy inferior al que las inmobiliarias o bancos dictaban. También el particular sistema de administrar el territorio por algunas comunidades consiguió que, pese al antiguo gobierno de la derecha, se contuviera de manera razonable la urbanización. En algunas de ellas, aun existiendo miles de viviendas sin posibilidad de venta, se encuentran entremezcladas en el territorio, pudiendo ser vendidas o alquiladas con más facilidad; mientras, en otras comunidades pueden apreciarse barrios y poblaciones en venta, vacíos y con sus ayuntamientos sin posibilidad de urbanizarlos y mantenerlos.
La duración de la actual crisis será algo más larga de lo que debiera, por la dilapidación del dinero que hubiera debido servir para paliar parte de sus efectos. La administración ha creído que inyectando liquidez a la gran banca podría solucionar el problema, y lo único que va a conseguir es que esa enjuague con él una pequeña parte de su descalabro, alargar un par de meses su agonía. Nadie en el mundo, ni China, Japón, Rusia o los países árabes, los grandes receptores de divisas, pueden enjuagar el déficit financiero mundial. La única solución, a nuestro entender, es sacrificar la banca financiera y, con ello, el valor de sus "propiedades" hasta límites aceptables. ¿A qué se le puede llamar aceptable? A lo que el ciudadano puede pagar. Debemos recordar lo que es dinero, una herramienta con la que se adquiere un bien. El dinero debe ir en consonancia con los bienes que se pueden adquirir, nunca lo contrario.
El lunes, en una reunión en la que abundaban economistas, me reía ante su insensato mundo y constataba que la economía ha sido dirigida más por la ideología, que por la inteligencia de unos señores, que nunca deberían disponer de la primera y que olvidan la segunda. Hoy, asombrados, vemos como los economistas de izquierdas pregonan contra la socialización de la banca y los de derechas la imploran. Sin embargo, no son los únicos que muestran signos de desequilibrio mental, sino miren ustedes lo que piensa la presidenta de la comunidad madrileña. Lo que no sé es lo que pensaban los asistentes, muchos de ellos votantes de la payasa inepta. Lo cierto es que me sabe mal por los madrileños, pero por lo menos ya tienen la explicación de tanto ladrillo mal puesto y por pagar, y que Caja Madrid no sepa de donde sacar el dinero, eso sí... con "beneficios".
Este, quizá, sea el mejor momento para recordar la historia de la isla de Yap.
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UN GATO EN EL BALCÓNTemasPau Hippie![]() insignia identificativa Archivos
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