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UN GATO EN EL BALCÓN

DE MAFIAS

 

    La Rioja, Burgos, Cantabria, Asturias... no paro de ver patrullas de Guardia Civil. No están quietas, son omnipresentes, están allí donde hay un problema, una carrera ciclista... Y es que allí la policía de tráfico todavía sabe lo que es el tráfico.

    No sé, igual es que estoy un punto sensibilizado, pero hasta los encuentro amables. Sí, seguro que son amables, porque mientras controlan la vuelta a Burgos, uno de ellos hasta se permite bromear conmigo y la curiosa manera que tengo de transportar mi bicicleta.

    Y llego a mi pequeño país. En la autovía no hay gasolineras, es la última moda, debes salir de ella y, en el peor de los casos, entrar en un pueblo, aunque ya te lo señalan para el caso. Dos kilómetros tierra adentro y encuentras aquella área de servicio que el Conseller de interior tan bien te ha señalizado. En ella hay aparcado un coche de la Benemérita catalana: los Mossos. No vigilan, tampoco regulan, están en el bar tomando un agua; fuera, agazapado en una esquina, hay otro coche esperando algún incauto que cometa una infracción ante una señalización mal puesta.

    Vuelvo a la autovía y a doscientos metros hay otra gasolinera, esta vez no está señalizada pero sí casi a pie de la carretera. Probablemente no tiene tanta relación con la consellería, la antigua de CIU o la nueva de IC, da lo mismo. Y es que el nuevo Conseller es comunista de toda la vida, eso sí, de diseño y con velero en la Costa Brava. Es de aquellos que consideran el derecho a la herencia inapelable y base de nuestra sociedad moderna, y tiene fama de no enterarse lo que hace su policía hasta que algún afiliado de su partido es apaleado sin saber por qué.

Mohamed ha cobrado cien mil euros, la policía del Conseller lo tomó por otro y le rompió el brazo, mientras él, inocente, intentaba persuadirles de su error. Y mira que el Mohamed es pacífico, se aparta si ve una mariposa en el suelo. Y es que todos los negros se parecen y los policías del Conseller no han estudiado los cambios de fisonomía de esa gente.

    El borracho del barrio, ex legionario, listo él, tuvo a bien soltar que el Mohamed ha tenido suerte. En Senegal cien mil euros arreglan a cualquiera. El Mohamed no lo ve tan claro. Él, aunque sin poder votar, paga sus impuestos y se siente español; el brazo le ha quedado mal y no puede doblarlo, y en el ambulatorio ni siquiera le han dado plazo para recuperarlo. El borracho, pensionista, dice que para vender CDs no hace falta demasiado, pero el Mohamed pintaba cubiertas de barco.

    El asunto es que los policías que le rompieron el brazo siguen en activo, el Conseller ni se ha enterado y nosotros pagamos el sueldo de todos, los cien mil euros y la pensión del borracho. Mientras, Mohamed sigue diciendo que hubiese preferido que no le rompieran el brazo, no le insultaran ni le asustaran de aquella manera; pero su abogado le ha dicho que mejor calle y coja la pasta, no sea que le busquen cualquier fallo.

 

    Leo que la policía municipal de un pueblo de la costa se queja de los vendedores ambulantes. Se ve una foto en que están arrinconados y con la mercancía decomisada.

    Dice que son integrantes de una mafia organizada. Aquel senegalés, gambiano, nigeriano... con cien CDs mal contados, de los que apenas tenía esperanza de vender una docena a dos euros la pieza, es mafia organizada que depende de un taller clandestino situado, cómo no, en el pueblo vecino.

    El bar de la esquina, que vende latas de cerveza a dos euros y medio y no limpia la acera de los desperdicios de su clientela, que tiene el coche aparcado donde le sale del higo, que cierra una hora más tarde de lo convenido y que su terraza ocupa más de lo contratado, no es mafia organizada; es del pueblo, ya se sabe... Y la disco que deja entrar a menores fuera del horario y los deja beber siempre que se emborrachen lejos de la sala... y el notas, camello oficial, hijo del Perico, sobrino del sargento, que todos saben de donde saca la coca pero miran a otro lado... eso no es mafia organizada, son del pueblo, ya se sabe.

    La policía municipal no sabe lo que es mafia, o sí, pero son tan estúpidos que ni se enteran y ni siquiera la aprovechan. La policía autonómica lo sabe, pero tampoco tiene interés en eliminarla ya que entonces se descubriría que todo lo es. Y no, no lo es. Eso no es mafia, es el pueblo, ya se sabe.

    Las fiestas de Gracia han terminado. Los bares están contentos, la policía ha acabado con los vendedores de cerveza ambulantes. Les hacían la competencia, desleal por supuesto; vendían la lata, que en el super vale cincuenta céntimos, a un euro; ellos a dos y medio. No hay derecho... Están contentos, pero han vendido mucho menos. Y es que el joven, ante el robo, ha ido directamente al super y la ha comprado por lo que vale.

    ¡OH! ¡Horror! Habrá que hablar con el ayuntamiento y prohibir a los super la venta de latas a los jóvenes durante las fiestas. Se empieza con el municipal que viene a tomar el café, el bocata por la mañana... después el regidor del barrio que come con el director del banco y si no al alcalde en persona cuando venga a buscar el voto dentro de dos años, que antes no se le ve si no es en el coche blindado.

 

 

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