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UN GATO EN EL BALCÓN

EL CENTRO

 

 

    Cuando se habla de derecha, izquierda y centro se olvida de la situación real que existe, de la realidad.

    Somos una sociedad gobernada por un régimen de derechas, con una economía y un sistema social claramente derechistas. Lo que llamamos socialismo es un partido con ideología y manera de gobernar de derechas sin ambages, sin desviarse un ápice del sistema.

    El proyecto del mal llamado socialismo europeo se basa en el libre comercio y la economía desregularizada y, por ende, ultraliberal.

    En Europa el Estado pierde paulatinamente poder y la economía se privatiza de manera imparable. Los gobiernos socialistas europeos, exceptuando el español, que merece una mención aparte, tienden a mantener a trancas y barrancas el control de ciertos sectores de la industria y los servicios, como sucede en Italia, Francia o Alemania; en cuanto a la derecha todo lo contrario, su tendencia es privatizar más o menos rápidamente la economía de sus países.

    Lo privatizado ya no vuelve a manos estatales por muy mal que funcione, se demuestre la inoperancia de la medida, como es el caso de los ferrocarriles del Reino Unido, o el gobierno pase a manos de los socialistas. Solo unos pocos medios y algún político sin futuro se atreven a plantear la recuperación estatal de dichas empresas. En cambio, si la empresa industrial o de servicios es estatal y no funciona, pronto surgen voces que, amparándose en la libre competencia, falsa por demás como se ha comprobado en todos los casos, promueven como solución milagrosa la privatización, eso sí, vendiéndola a precio de saldo a las correspondientes corporaciones.

    No olvidemos las voces que no cejan en demandar la privatización de la sanidad, la enseñanza, los ferrocarriles, las autovías, etc

    En Catalunya se ha demostrado con creces la inoperancia y onerosidad que representa la enseñanza privada, su falta de trasparencia económica y educativa, su empecinamiento en reservarse el derecho a escoger el alumnado según su religión o etnia, la cantidad de caudales que se le inyecta para recoger unos pobres resultados a costa de empobrecer la enseñanza pública. También lo vemos con la sanidad cuando se promueve la construcción de hospitales privados antes que públicos, gracias a un IVA reducido, exenciones de impuestos o regalos de terrenos. La privatización de servicios paralelos como las ambulancias, o la limpieza de los mismos hospitales, algo peligroso y delicado porque también entra dentro de su cometido la de los quirófanos; la alimentación de los enfermos aunque estén a dieta especial, etc. Con respecto a las ambulancias y su privatización se han vivido situaciones paranoicas: dos ambulancias peleándose por un mismo servicio, mientras que otro, más complejo y alejado, era abandonado sin disimulo esperando que lo hiciera otra o que la familia del enfermo, harta de esperar, cogiera un taxi.

 

    En Catalunya siempre se habla del PP como una fuerza ultraderechista sin más. Probablemente lo sea, ocurre que en el resto de España no se percibe como tal sino como centro.

    El problema del socialismo español es que habiendo perdido solo una parte, muy pequeña por demás, de su derechismo, no ha sabido emitir un mensaje de centro. Para el catalán medio y de derechas, que a fin de cuentas es quien ha forzado la derrota de su ideología, no es que el PP sea de ultraderecha sino que agrede al país, se supone que inconscientemente. Su ideología, más totalitaria de lo normal, no permite desviaciones especiales, variaciones de políticas educativas o lingüísticas, diferentes maneras de enfocar los problemas sociales, etc. También existe el complejo y consideración de que Catalunya es tierra hostil y que debe ser sojuzgada para el bien de la comunidad. De aquí que considere razonable obligar a su ciudadanía, aun contra su voluntad, aceptar lo que considera bueno para ella y negarle lo mismo que acepta en el resto de la Nación. –léase su apoyo al Estatuto de Andalucía y su rechazo al de Catalunya, absolutamente idénticos con la peregrina excusa que la primera es fiel y la segunda dudosa. En suma, ciudadanos de primera y de segunda.

    El día que el PP pierda este complejo y asuma que en España pueden y deben cohabitar diferentes sensibilidades y maneras de enfrentar los problemas, el catalanito medio y de derechas, este que cree que el centro anda por ahí, abandonará el nacionalismo catalanista, no del todo, pero sí lo suficiente como para decantar la balanza.

    Ahora que los partidos hacen tantas cábalas sobre el trasvase de votos de un lugar a otro, deberían pensar en una curiosa coincidencia: cada vez que el PP baja CIU sube y viceversa, y cada vez que el PSC baja ERC sube y viceversa. Por tanto, debemos creer que el voto republicano y tan nacionalista como parece, tiende, cuando en su partido no se aclaran, a votar a la izquierda españolista; y lo mismo pasa al de CIU con el PP. Y en estas elecciones no es que CIU haya hecho demasiados méritos para agenciarse del voto de la derecha, lo que ha ocurrido es que el PP ha hecho todo lo posible para espantarlo, agrediendo sin tregua el sentimiento de ser o sentirse catalán, que es muy distinto al de ser catalanista o nacionalista.

 

    Los gobiernos, por muy distintos que sean, no pueden cambiar la política económica y social de un país, solo pueden desviarla ligeramente, con cuidado. Los giros bruscos perjudican la economía o son impracticables por falta de medios. Un gobierno no puede construir durante una legislatura el doble de aulas de las que encontró, no hay suficientes maestros ni mobiliario, como tampoco los administradores preparados para dirigirlos; igual como hospitales, líneas férreas, puertos o carreteras. Ya no es tan solo un problema de presupuesto sino también de disponibilidad y organización. Tampoco un gobierno de derechas puede desmontar la enseñanza y sanidad públicas en una legislatura, ni siquiera en varias. Lo que si puede hacer es perjudicarlas lo suficiente para que se desprestigien por sí mismas, como pasó en Catalunya después de 25 años de gobierno de derecha ultraliberal, y, curiosamente, como lo que intenta ahora el muy “progresista y socialista” Tripartit.

    Ya vimos lo que sucedió en el Reino Unido, un país muy preparado y con una geografía agradable, al privatizar el ferrocarril y muchos servicios públicos en solo un par de legislaturas: el descalabro de todo el sistema, una cadena de accidentes con gran mortandad y la pérdida de la famosa puntualidad británica.

 

    Los políticos, con su propaganda insinuadora, la que mejor funciona, han conseguido hacer creer al ciudadano que su opción es el que ocupa el centro. Siempre se habla de lo mismo: el centro, como si este fuera una panacea, el punto de equilibrio, la equidistancia entre dos tendencias radicalmente opuestas.

    El centro no existe, o, en todo caso, es el mismo ciudadano el que está en él.

    ¿Qué es el centro?

    Para nosotros es una derecha ultraliberal, claramente privatizadora, defensora de las grandes corporaciones y la banca, con políticas que ayudan a buscar nuevos lugares donde dichas corporaciones puedan depositar o invertir sus grandes beneficios... la pescadilla que se muerde la cola: privatizar la empresa estatal para conseguir un lugar donde invertir, desregularizar y desgravar el gran beneficio para que la gran corporación disponga de muchos recursos y cree riqueza y trabajo... y volver a empezar la cadena. Igual que con las grandes superficies comerciales: recalificar grandes áreas después de ser adquiridas por las grandes empresas, y urbanizarlas con los caudales de todos para que estas puedan invertir los excedentes de beneficios y después hacer la competencia a los pequeños empresarios gracias a leyes comerciales hechas a su medida.

    ¿Es éste el centro?

    Depende de donde se viva y la tendencia que tenga el territorio y su ciudadanía.

    Es evidente que en Portugal, Alemania, Italia y Holanda. por poner algunos ejemplos, el centro no es el mismo.

 

 

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4 comentarios

Pcbcarp -

plas plas plas!! (ovación cerrada)

Pau -

Exacto Hannah.
Yo solo quería expresar lo que es el centro para el ciudadano, sujeto político el día de las elecciones.

Curioso el sistema norteamericano donde los demócratas simbolizan el norte ganador e igualitarista y los republicanos el sur perdedor y clasista.
Allí todos son derecha ultraliberal, en cambio hay estados y condados que se parecen más al socialismo sueco que al Reino Unido... Otro ejemplo sorprendente de laborismo de derechas a ultranza, donde los conservadores andan huérfanos de ideología por habérsela robado los que deberían atacarla.

Un saludo a los dos.
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Hannah -

Hola Pau, un placer leerte, cómo siempre. Imagino que no ignoras de dónde viene la denominación "izquierda - derecha" y sabes que procede, simplemente, de un locus, es decir del lugar en dónde se sentaban los representantes de la Asamblea francesa, impuesta al Rey, allá por los tiempos de la Revolución. Los bancos situados a la derecha los ocupaban los nobles conservadores defensores de los fueros especiales, la tradición, la monarquía y los vínculos de la iglesia, mientras que en los bancos a la izquierda del Rey se sentaban los progresistas -buegueses, algunos nobles y representantes del pueblo-, que defendían la desaparición de los monopolios detentados por el gobierno en ciertas áreas de la economía; final de los fueros por los que los nobles no podían ser llevados a juicio por actos contra un pobre; educación para las masas basada en la ciencia, Estado laico, y, en general, todo cuanto hoy conforma un régimen democrático. ¿Y el centro, qué era el centro? Pues el centro era el Rey. Lo cual es tanto como decir que el centro es un espacio muerto que no existe. En cuanto al llamado "socialismo europeo", una puntualización: Tampoco existe como tal. Lo que viene en llamarse socialista y socialismo europeo no es otra cosa que los socialdemócratas y la socialdemocracia europea, empeñada en un estado de bienestar imposible en tanto y cuanto pretende construirse desde los parámetros del ulktraneoliberalismo y los presupuestos del capital.
Bueno, perdona que me haya enrollado.
Un abrazo entrañable.
Hannah

carlos martinez -

Yo creo que quien manda es el dinero. Esté donde esté es el que dicta la norma porque la gente es lo que mas valora. Los dos partidos esos lo que hacen es ni mas ni menos que adaptarse a las fluctuaciones del mercado. Lo que pasa es que unos estan en su medio y lo saben manejar y los otros quieren cambiarlo. Nada mas. Prácticamente son lo mismo. La banca y las grandes compañias siempre ganan y lo que pringan tambien son siempre los mismos.
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