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UN GATO EN EL BALCÓN

SAMUEL ETO'O

 

 

Ayer todos pudimos observar lo ocurrido en Zaragoza. La vergüenza de lo ocurrido, probablemente, traspasará las fronteras de nuestro país. Los partidos del Barcelona se ven en medio mundo, es una de las emisiones preferidas de los chinos y japoneses, también se ven en media África, en la que tiene televisor, claro. Mañana, todo turco que conecte el satélite deportivo, verá las imágenes.

Bueno, no pasa nada. Según el sonriente entrenador del Real Zaragoza, eso no tiene importancia, eso pasa en todos los sitios. También, según un sosegado jugador del mismo equipo, Samuel Eto’o hizo teatro. Me pregunto si tenía todo el derecho para hacerlo. Yo pienso que hizo bien, que si todos hiciesen lo mismo, los clubes se obligarían a exigir menos salvajismo a su afición.

En Barcelona también pasa, menos, pero también. La diferencia es que allí (aquí) la gente se levanta y, mirando a los energúmenos racistas, los silban hasta hacerlos callar.
La diferencia, en este caso, es sustancial. A eso, en Catalunya le llamamos “tarannà”, que en castellano, la traducción perfecta sería “forma de actuar”.

A mí, el fútbol me la suda, que el Barça gane la liga, también. En todo caso, me molesta el follón que ello comporta. Lo que ya no me la suda es lo que ocurre y ha ocurrido. Lo que me molesta, es la forma de actuar de un club “deportivo” y su afición, la excusa, el recochineo y la vergüenza ajena a la que debo someter mi intelecto de hombre.

 

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