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01/03/2008

DEBATES E INQUIETUDES CIUDADANAS

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    Hace días que busco con más morbosidad que interés lo que escriben, dicen o ladran los políticos españoles, sobre todo los catalanes, para saber y entender qué problemas atenazan al político español, el que pretende salir elegido, que son a fin de cuentas los que abruman al españolito medio.

 

    De todos es conocido -hablo del ciudadano europeo, que no del africano semieurepeizado- que uno de los problemas más nombrados en los debates, el que inquieta al elector de los países más avanzados, es la educación. Incluso en las últimas elecciones francesas, las más barriobajeras que se recuerdan en el país vecino, ése fue uno de los temas más debatidos.

    La educación es, con mucho, el futuro de un país, lo que marcará su bienestar, su competitividad frente al resto del mundo y el respeto que se le tendrá.

    Pues bien, en educación España está en la cola de la OCDE y por debajo de países en vías de desarrollo.

    Mientras en Europa el gasto educativo a aumentado, en España ha disminuido, sobre todo en lo que se refiere al público. El número de estudiantes españoles que no consiguen terminar la enseñanza obligatoria es el doble que la media europea. La calidad de aprendizaje del alumnado español está en los últimos lugares de los países avanzados, como también de muchos en vías de desarrollo, entre ellos la China. España es el país de Europa donde menos se valoran los estudios en cuanto al salario a percibir...

    Visito las diferentes páginas de los principales partidos en liza buscando, inocente de mí, sus programas políticos. El del PSOE no lo he encontrado, el del PP es como si lo hubiese escrito la niña de Rajoy, y el de CIU, el más inteligente de los tres, solo dice que hay que comprar más ordenadores sin profundizar ni plantear soluciones concretas.

    Lo paradójico de dicho partido es que durante su mandato se dedicó a invertir lo menos posible en la pública, a ayudar a la religiosa todo lo que pudo sin pedir cuentas y... cómo no, a disminuir la cantidad de profesores en relación al alumnado.

    Mientras, el PP acusa del descalabro educativo a la inmersión lingüística, como si los tontos en España fueran una exclusividad de Catalunya y su idioma. No recuerda que durante su mandato el gasto educativo no paró de bajar año tras año, pasando del 5.5% en 1995 al 4.9% el 2000, cuando en Europa no paraba de subir con una media del 5.9%.

    Y leo que, después de que en tan solo veinticuatro horas hayan muerto cuatro mujeres en manos de sus compañeros, los partidos políticos andan a la greña para ver cual de ellos promete más leyes para solucionar el problema; lo cual no deja de ser paradójico ya que en esta materia, curiosamente y sin que sirva de referencia, somos uno de los países con menos tasa de violencia de género. Y eso no significa que no sea grave, que no se deba luchar contra ella; pero es que han dispuesto de muchos años para encontrar soluciones sin que la situación haya mejorado sustancialmente.

    Sale por la tele una mujer amenazada y previamente violentada con un escolta dispuesto por el juez. Y pienso si el juez no ha caído en la cuenta que sería más barato para el Estado y menos traumático para la víctima meter al energúmeno en la cárcel hasta que una comisión de psiquiatras le den el alta. Pero supongo que en un país donde  la inteligencia y preparación de sus jueces dista mucho de llegar a la de sus políticos, que vista la situación tampoco es que sean unos lumbreras, poco puede esperarse de ellos y de su criterio.

 

    Y sigo escribiendo después hablar con Amara sobre la gran diferencia entre el debate de dos besugos, promovido por no sé cuántos inteligentes periodistas y el de TV3 entre cinco candidatos por Barcelona: Ridao de ERC, Nadal del PP, Duran de CIU, Chacón del PSC y Herrera de ICV.

    Me cuenta mi compañera que el debate fue completamente diferente al nacional, que, exceptuando a Nadal, el debate fue inteligente, ameno y muy interesante. Se debatieron problemas políticos de gran calado demostrándose que la bipolaridad es lo peor de una democracia.

    Aquí, tanto la izquierda como la derecha tienen competencia, y eso hace que deban esmerarse y afinar su discurso, como también el cuidado de no mentir, ya que de hacerlo, otro partido de su entorno los denuncia llevándose a sus electores.

    ¿Y qué sucede con Nadal?

    Pues que está, como su partido y un tercio del país, contra todo lo que demuestre cohesión, paz y serenidad; y eso la sitúa fuera del juego democrático adulto.

    Y pregunto a Amara si en algún momento se habló de la educación, el problema más acuciante que hoy tiene el país, el que más sueño debería quitar a los políticos que pretenden gobernarnos.

    Se concentra ante la pregunta... hace un esfuerzo de memoria...

    - Sí, Duran dijo que se deberían volver a respetar los valores tradicionales, sin explicar a que valores se refería; y Nadal que la inmersión lingüística era contraria a la libertad de enseñanza-

    - ¿Nada más?-

    - Nada más-

    Y así es. La principal preocupación de los españoles, sean catalanes, castellanos, etc. no es la educación; por tanto ni puñetera falta hace debatir sobre ella. Eso se deja para los ignorantes y remilgados europeos, que aun no se han dado cuenta que aunque la policía diga que los inmigrantes delinquen mucho menos que los nativos, eso no es cierto y producen inseguridad con la pinta de moros que tienen. Y es que un magrebí con camisa y corbata, una cartera con euros y bien afeitado no necesita un curso de adaptación; en cambio un albañil en paro la necesita con urgencia.

    Eso sí, hablaron de la vivienda, pero no del mobbing a los inmigrantes y ancianos, cuyas propuestas parlamentarias para remediarlo han sido mediatizadas por el PSC y rechazadas por el PP y CIU, vete a saber el por qué.

    ¡Ah! Si. Ya recuerdo. Fueron rechazadas en aras a la libertad de los caseros, la misma que niegan a los inquilinos violentados.

 

    Y hoy, antes de editar este tema, leo las declaraciones de Gabriel Elorriaga en el Financial Times.

    Bueno... ¿Y qué? No es que fuera un misterio.

    La estrategia de los dos grandes partidos españoles siempre ha sido la misma: conseguir la abstención del elector frágil y desmotivado por el partido que defiende su ideología, que siempre ha sido el camino más fácil del opositor para conseguir el poder. Es el producto de la bipolaridad, el mismo que en Estados Unidos.

    El PSOE ahora se escandaliza porque no necesita utilizar tal estratagema, ya que el PP ha destruido por sí solo la confianza de su electorado moderado.

    El PP, según Elorriaga, tiene un electorado disciplinado que lo votará pase lo que pase; y es cierto, pero solo en parte. Hay un electorado, erróneamente considerado centrista, que es ahuyentado por todo radicalismo. Al PP solo puede salvarlo la falta de orgullo y decencia ciudadana de dicho electorado, el típico oportunismo del cínico. Mientras, al PSOE puede perderlo su electorado exigente, el que lo encumbra al votarlo, o hace que se desvanezca al castigarlo con su abstención.

 

 

Sábado, 01 de Marzo de 2008 21:11 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 6 comentarios.

15/03/2008

CRISIS FINANCIERA

 

 

    Siguiendo por curiosidad el recorrido y la explicación de la actual crisis económica, cuyo comienzo creo que fue a principios del 2007 y su previsible final nadie conoce.

 

    Ya hace mucho, más allá del 2007, que los responsables de la economía mundial debieron o deberían haberse percatado de la crisis de materias primas. Es de suponer que la necesidad de contentar al electorado, el temor político de anunciar la falta de recursos del planeta para mantener a toda la población, junto al crecimiento económico de algunos territorios a causa de la globalización, han conseguido que la crisis estallara sin previo aviso.

    Los chinos, sin tantos perjuicios electorales, con una población emergente y suficientemente culta, con una clase empresarial hecha a sí misma que empuja sin pausa, son los que están más preparados; para ellos, que parten de la nada, cualquier avance es significativo, aunque tengan que flirtear con la falta de materias primas o alimentos. Ya están acostumbrados a eso y nada de lo que se espera es peor a lo vivido.

    Mientras los occidentales negociaban el mantenimiento de su estatus, los chinos, sin hacer demasiado ruido ya se habían apoderado de la minería de muchos países, como también habían contratado la adquisición de grandes cantidades de alimentos para un futuro nada lejano.

    Chinos, rusos e indios adquieren con dinero occidental, primero con muchos dólares y pocos euros, y ahora mitad y mitad, todo lo que encuentran para una sociedad consumista cada vez más parecida a la nuestra. El dólar baja, hay demasiados en el mercado y en Norteamérica ya no queda nada de interés que comprar. Los economistas y financieros occidentales dan explicaciones rocambolescas sobre eso, y no siempre sino cuando pueden; explicaciones que ya no convencen a nadie, porque en el fondo todos sabemos que sucede la historia de siempre, la que pervive en caso de apuro: la eterna cuenta de la vieja.

    Mientras, el gigante se alarma: la China se está armando de manera inteligente y masiva con tecnología propia o adquirida en Japón, Europa y los EEUU. Los norteamericanos saben que para recuperar las fuentes de materias primas solo les queda la fuerza bruta, y si en esto también pierden la iniciativa están perdidos; han de darse prisa y sus generales son reacios, saben que el país, por grande que parezca, ya no puede ni está por la labor.

 

    Los grandes dirigentes financieros intentan no darle importancia a la actual crisis. Durante años han estado cerrando los ojos a la previsible caída de los precios inmobiliarios, debido, sobre todo, a la imposibilidad de más endeudamiento de las familias; un problema, el inmobiliario, por primera vez global. Las entidades financieras de dudosa solvencia no tienen posibilidad de devolución de los créditos recibidos por la gran banca, tampoco pueden recibir el pago de los créditos emitidos a familias sin solvencia ni interés en pagar, ya que ésas deben cantidades superiores a sus bienes embargables. La caída de precios y los intereses abusivos han hecho que les sea más rentable dejar de pagar y buscar otro lugar donde caerse muertos. La inflación producida por el encarecimiento de las materias primas, también ha conseguido que las familias no dispongan de recursos para pagar la hipoteca.

    Demasiados financieros mediocres pululando en influyentes despachos, aupados por el poder gracias a predicciones y políticas diseñadas a su gusto. Es más agradable tener como consejero o director financiero a un hombre que promete beneficios, o sigue la política del heredero de un imperio económico, que un economista que llama la atención sobre el peligro del beneficio rápido e inconsistente.

    Los grandes economistas y financieros ya murieron o se retiraron, ahora el mando de sus empresas está en manos de sus hijos o discípulos, hombres mediocres y torpes, pero con chofer, guardaespaldas y amante, encerrados en sus fincas y aislados del mundo, que no saben hacer la O con un canuto y que se rodean de listos que les cuentan lo que quieren oír: el mundo va mejor que nunca, la crisis es un señuelo, un enfriamiento pasajero, periódico y asumible.

    La inmediatez del beneficio: las subprimes y su entramado financiero, los bancos de nombres extraños y desconocidos por muchos,  propiedad de los consejeros de la gran banca, prestatarios de hipotecas de dudoso cobro con intereses de usura, asegurados por monolines propiedad de los mismos consejeros con compañías subsidiarias; adquirientes de negocios a la baja que, una vez reflotados, su valor es manipulado para su entrada en la bolsa con mucho beneficio, sin contar que ésta puede caer por causas no calculadas por semejantes cerebros. Operaciones, todas ellas, de alto riesgo e interés, financiadas por gigantescos créditos de bajo interés extendidos por la gran banca con la que tienen intereses directos.

    El descalabro es seguro. Los bancos centrales ya no pueden regular, les está vedado por la política de los regímenes neoliberales en aras del crecimiento y la libertad de beneficios; tampoco pueden ir en su ayuda, los montantes son tan grandes que escapan a sus recursos, y los presupuestos de los Estados modernos no dan para tanto. La continua desregulación económica, los compromisos presupuestarios, las sucesivas privatizaciones... no dejan margen de maniobra. Lo máximo que pueden aspirar es regatear con la sociedad escatimándole fondos para inyectarlos a la gran banca, con la pretensión de retrasar lo más y mejor posible el descalabro y esperar el milagro.

    Los grandes financieros cierran los ojos, no saben ni quieren saber lo que ocurre, prefieren creerse sus rocambolescas pero en el fondo sencillas explicaciones: es la coyuntura, (eso no saben ni lo que significa) dicen; es pasajero, dicen; el crecimiento está asegurado, eso es un incidente sin importancia, dicen; el mismo mercado lo solucionará y pondrá las cosas en su sitio, dicen... Y es cierto que las pondrá, puesto que todo era un globo que se ha deshinchado y no hay liquidez en el mundo para recuperarlo. La ficción no tiene continuidad. La gran pirámide ha tocado techo.

 

    El liberalismo a ultranza, el financiero que busca el beneficio grande y rápido, y que existe gracias a la desregulación, a la falta de control sobre los excesivos beneficios y el camino utilizado para llegar a ellos, es enemigo del papá Estado, el que todo controla y regula, que grava en proporción aritmética los beneficios obtenidos y vigila los métodos de su obtención.

    El financiero argumenta que el control y gravamen proporcional frenan la creación de riqueza, el desarrollo. Pero cuando se derrumba por sus mismos actos y errores, por el excesivo riesgo necesario para conseguir dichos beneficios, o porque la pirámide económica eventualmente ha tocado techo, llama a la puerta del papá Estado exigiendo por el bien común, para evitar el colapso de la sociedad fondos gigantescos, la liquidez perdida.

    El Estado nacionaliza las pérdidas, asume los errores e imbecilidades de los nuevos banqueros, consejeros y trepas; sanea las cuentas y, pasado un tiempo, vuelve a privatizar los pequeños bancos volviéndolos a dejar en manos de la gran banca y sus consejeros.

    La solución pasaría, primero por volver a regular a la banca y sus beneficios, después por crear entidades financieras estatales para apropiarse de los bancos que, por su mal funcionamiento, provocan el descalabro, saneándolos a costa del capital y hacienda de sus propietarios y consejeros, y de sus prestatarios; y todo gracias a los impuestos por ellos recibidos.

 

    El banquero debería saber que, tal como embarga y se apropia de las rentas de sus morosos, también será tratado de la misma manera en caso de no poder asumir sus responsabilidades.

 

 

Sábado, 15 de Marzo de 2008 22:35 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

27/03/2008

EL CENTRO

 

 

    Cuando se habla de derecha, izquierda y centro se olvida de la situación real que existe, de la realidad.

    Somos una sociedad gobernada por un régimen de derechas, con una economía y un sistema social claramente derechistas. Lo que llamamos socialismo es un partido con ideología y manera de gobernar de derechas sin ambages, sin desviarse un ápice del sistema.

    El proyecto del mal llamado socialismo europeo se basa en el libre comercio y la economía desregularizada y, por ende, ultraliberal.

    En Europa el Estado pierde paulatinamente poder y la economía se privatiza de manera imparable. Los gobiernos socialistas europeos, exceptuando el español, que merece una mención aparte, tienden a mantener a trancas y barrancas el control de ciertos sectores de la industria y los servicios, como sucede en Italia, Francia o Alemania; en cuanto a la derecha todo lo contrario, su tendencia es privatizar más o menos rápidamente la economía de sus países.

    Lo privatizado ya no vuelve a manos estatales por muy mal que funcione, se demuestre la inoperancia de la medida, como es el caso de los ferrocarriles del Reino Unido, o el gobierno pase a manos de los socialistas. Solo unos pocos medios y algún político sin futuro se atreven a plantear la recuperación estatal de dichas empresas. En cambio, si la empresa industrial o de servicios es estatal y no funciona, pronto surgen voces que, amparándose en la libre competencia, falsa por demás como se ha comprobado en todos los casos, promueven como solución milagrosa la privatización, eso sí, vendiéndola a precio de saldo a las correspondientes corporaciones.

    No olvidemos las voces que no cejan en demandar la privatización de la sanidad, la enseñanza, los ferrocarriles, las autovías, etc

    En Catalunya se ha demostrado con creces la inoperancia y onerosidad que representa la enseñanza privada, su falta de trasparencia económica y educativa, su empecinamiento en reservarse el derecho a escoger el alumnado según su religión o etnia, la cantidad de caudales que se le inyecta para recoger unos pobres resultados a costa de empobrecer la enseñanza pública. También lo vemos con la sanidad cuando se promueve la construcción de hospitales privados antes que públicos, gracias a un IVA reducido, exenciones de impuestos o regalos de terrenos. La privatización de servicios paralelos como las ambulancias, o la limpieza de los mismos hospitales, algo peligroso y delicado porque también entra dentro de su cometido la de los quirófanos; la alimentación de los enfermos aunque estén a dieta especial, etc. Con respecto a las ambulancias y su privatización se han vivido situaciones paranoicas: dos ambulancias peleándose por un mismo servicio, mientras que otro, más complejo y alejado, era abandonado sin disimulo esperando que lo hiciera otra o que la familia del enfermo, harta de esperar, cogiera un taxi.

 

    En Catalunya siempre se habla del PP como una fuerza ultraderechista sin más. Probablemente lo sea, ocurre que en el resto de España no se percibe como tal sino como centro.

    El problema del socialismo español es que habiendo perdido solo una parte, muy pequeña por demás, de su derechismo, no ha sabido emitir un mensaje de centro. Para el catalán medio y de derechas, que a fin de cuentas es quien ha forzado la derrota de su ideología, no es que el PP sea de ultraderecha sino que agrede al país, se supone que inconscientemente. Su ideología, más totalitaria de lo normal, no permite desviaciones especiales, variaciones de políticas educativas o lingüísticas, diferentes maneras de enfocar los problemas sociales, etc. También existe el complejo y consideración de que Catalunya es tierra hostil y que debe ser sojuzgada para el bien de la comunidad. De aquí que considere razonable obligar a su ciudadanía, aun contra su voluntad, aceptar lo que considera bueno para ella y negarle lo mismo que acepta en el resto de la Nación. –léase su apoyo al Estatuto de Andalucía y su rechazo al de Catalunya, absolutamente idénticos con la peregrina excusa que la primera es fiel y la segunda dudosa. En suma, ciudadanos de primera y de segunda.

    El día que el PP pierda este complejo y asuma que en España pueden y deben cohabitar diferentes sensibilidades y maneras de enfrentar los problemas, el catalanito medio y de derechas, este que cree que el centro anda por ahí, abandonará el nacionalismo catalanista, no del todo, pero sí lo suficiente como para decantar la balanza.

    Ahora que los partidos hacen tantas cábalas sobre el trasvase de votos de un lugar a otro, deberían pensar en una curiosa coincidencia: cada vez que el PP baja CIU sube y viceversa, y cada vez que el PSC baja ERC sube y viceversa. Por tanto, debemos creer que el voto republicano y tan nacionalista como parece, tiende, cuando en su partido no se aclaran, a votar a la izquierda españolista; y lo mismo pasa al de CIU con el PP. Y en estas elecciones no es que CIU haya hecho demasiados méritos para agenciarse del voto de la derecha, lo que ha ocurrido es que el PP ha hecho todo lo posible para espantarlo, agrediendo sin tregua el sentimiento de ser o sentirse catalán, que es muy distinto al de ser catalanista o nacionalista.

 

    Los gobiernos, por muy distintos que sean, no pueden cambiar la política económica y social de un país, solo pueden desviarla ligeramente, con cuidado. Los giros bruscos perjudican la economía o son impracticables por falta de medios. Un gobierno no puede construir durante una legislatura el doble de aulas de las que encontró, no hay suficientes maestros ni mobiliario, como tampoco los administradores preparados para dirigirlos; igual como hospitales, líneas férreas, puertos o carreteras. Ya no es tan solo un problema de presupuesto sino también de disponibilidad y organización. Tampoco un gobierno de derechas puede desmontar la enseñanza y sanidad públicas en una legislatura, ni siquiera en varias. Lo que si puede hacer es perjudicarlas lo suficiente para que se desprestigien por sí mismas, como pasó en Catalunya después de 25 años de gobierno de derecha ultraliberal, y, curiosamente, como lo que intenta ahora el muy “progresista y socialista” Tripartit.

    Ya vimos lo que sucedió en el Reino Unido, un país muy preparado y con una geografía agradable, al privatizar el ferrocarril y muchos servicios públicos en solo un par de legislaturas: el descalabro de todo el sistema, una cadena de accidentes con gran mortandad y la pérdida de la famosa puntualidad británica.

 

    Los políticos, con su propaganda insinuadora, la que mejor funciona, han conseguido hacer creer al ciudadano que su opción es el que ocupa el centro. Siempre se habla de lo mismo: el centro, como si este fuera una panacea, el punto de equilibrio, la equidistancia entre dos tendencias radicalmente opuestas.

    El centro no existe, o, en todo caso, es el mismo ciudadano el que está en él.

    ¿Qué es el centro?

    Para nosotros es una derecha ultraliberal, claramente privatizadora, defensora de las grandes corporaciones y la banca, con políticas que ayudan a buscar nuevos lugares donde dichas corporaciones puedan depositar o invertir sus grandes beneficios... la pescadilla que se muerde la cola: privatizar la empresa estatal para conseguir un lugar donde invertir, desregularizar y desgravar el gran beneficio para que la gran corporación disponga de muchos recursos y cree riqueza y trabajo... y volver a empezar la cadena. Igual que con las grandes superficies comerciales: recalificar grandes áreas después de ser adquiridas por las grandes empresas, y urbanizarlas con los caudales de todos para que estas puedan invertir los excedentes de beneficios y después hacer la competencia a los pequeños empresarios gracias a leyes comerciales hechas a su medida.

    ¿Es éste el centro?

    Depende de donde se viva y la tendencia que tenga el territorio y su ciudadanía.

    Es evidente que en Portugal, Alemania, Italia y Holanda. por poner algunos ejemplos, el centro no es el mismo.

 

 

Jueves, 27 de Marzo de 2008 02:15 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.


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