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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008. DINERO NEGRO
Escucho una interesante tertulia en la que se habla del problema del dinero negro en España. Se estima que el 25% del que circula en nuestro país tiene este color tan opaco. Una barbaridad difícil de entender, el promedio más grande de la UE. Uno habla de negocios ilícitos, otros de las PIMES, los autónomos, los profesionales liberales como médicos y dentistas, etc. Me hace gracia eso de “negocios ilícitos”, como si todos ellos no lo fueran; pero el que los nombra así supongo que se refiere a los de la droga y al contrabando, que a efectos económicos viene a ser lo mismo. Seguiremos su juego y a uno lo llamaremos legal o ilegal, y al otro lícito o ilícito. España es el que más dinero negro genera y el que más droga consume. Es natural. Si en nuestro país se consumiera tanta droga como en cualquier otro país de la UE, el flujo de dinero negro sería parecido. Y si se legalizara como en Holanda, su flujo sería muy parecido a ella.
Lo que más me llama la atención es que algunos tertulianos consideran que el problema es inherente a la pequeña empresa o a las profesiones liberales. Uno de ellos, no sé si por desconocimiento o mala fe, dice que a la gran empresa, por su idiosincrasia, le es imposible crear o negociar con dinero negro. Es irrisorio pensar que el 25% de la economía nacional la mueve la pequeña empresa sin contar con el obligado porcentaje de dinero oficial. Como si todos los médicos, dentistas, peluqueros, restaurantes, y pequeños industriales del país facturaran solo en negro. Esto es imposible, los gastos fijos y sus sueldos no lo permiten. Prácticamente todas las empresas españolas disponen de una doble caja y contabilidad, desde las más grandes a las más pequeñas. Muchas de ellas, las más grandes, tienen multitud de empresas satélites mucho más pequeñas y manejables que les sirven como creadoras de dinero blanco o negro, según la necesidad del momento. Empresas que sirven como abastecedoras de material, mano de obra o manufactureras de lo que comercian; de esta manera la gran empresa, madre necesaria de las demás, puede trabajar con las manos limpias. En los puertos y aeropuertos europeos entran diariamente toneladas... miles de contenedores con materias primas y manufacturadas de los países emergentes. Las facturas de dicho comercio están muchas veces amañadas, con un valor sensiblemente inferior al real. Desde alimentos, piensos, ganado, tejido, prendas manufacturadas, chatarra, etc. Solamente hay un tipo de artículos que está fuertemente vigilado: el de las nuevas tecnologías utilizadas para reproducir o almacenar bienes intangibles, como la música o el cine. Pero eso merece un tema aparte. Las empresas, sean pequeñas, medianas o grandes, para el pago en dinero negro utilizan paraísos fiscales. Andorra, Gibraltar o las islas Caimán son algunos ejemplos; el primero más cuidadoso que los demás con su proveniencia. Todos los grandes banqueros españoles poseen oficinas en ellos, desde Andorra hasta las Caimán. Se da el caso que en Andorra incluso está representada la Caixa, regentada como todo el mundo sabe por la misma Generalitat.
Antes hablaba de los negocios ilícitos como fuente generadora de dinero negro, esos son los que comercian con drogas, armas, etc. La droga, aparentemente, escapa a todo lo controlable, su comercio e industria son absolutamente ilícitos, por tanto están fuera de control estatal; -en otro momento y tema veremos como eso no es así- pero el comercio e industria armamentista está controlado por el Estado, además, para su elaboración se precisan grandes empresas, muchas de ellas controladas económicamente por los estados. Entonces... ¿cómo es posible su comercio fraudulento? Y es que si alguien cree que las FARC, los milicianos que tan alegremente consumen munición disparando al aire, los tamiles; o el mismo Sudán, Irán, Liberia... los talibanes que tienen en jaque a la mismísima OTAN, etc. reciben facturas con membrete de las armas que adquieren, es que es tonto. Hoy puede comprarse en París un barco rematriculado en Panamá, construido en Noruega, robado frente Malasia y pintado y rebautizado en la India. Sencillo no es, pero de rentable un montón. Y lo que es seguro es que la factura, de haberla, ha sido emitida por una empresa ficticia.
Los estados europeos han diseñado un sistema recaudatorio para las pequeñas empresas basado en módulos. El comerciante se aviene a pagar una cantidad fija que representa la diferencia entre el IVA cobrado a su clientela y el IVA pagado a sus proveedores. Con dicho sistema se ahorra hacer cálculos y no tiene que arriesgarse a controles e inspecciones, con solo unas pocas facturas tiene bastante para cubrir el expediente. Entonces, cuando adquiere nuevos productos, intenta hacerlo sin IVA, el beneficio es demasiado apetitoso o la diferencia de precio del producto hace que sea más competitivo. El industrial, ante la alternativa de dejar de vender, acepta las condiciones. En ese momento se está creando dinero negro. La empresa, frente la crisis del comercio y, más, pensando en la que se avecina, teme perder el cliente y piensa que ya buscará un procedimiento para solucionar el desequilibrio contable. Los estados europeos gravan al empresario sobre sus beneficios. Lo hacen a partir de los resultados sobre el beneficio de la empresa, lo vuelven a hacer a las personas físicas que reciben los beneficios: socios, etc. y sobre el sueldo que el empresario cotiza de su propia empresa. Hay empresas que por sus características les es imposible generar dinero negro y, por tanto, escapar al exceso impositivo. El empresario intenta cargar sobre la empresa todos los gastos personales que le permite los resquicios la ley, o crear un sistema generativo de dinero negro más estable y tranquilo. Hasta ahora hemos conocido el empresario que necesita generar dinero legal para equilibrar sus cuentas, –demostrar que la empresa da el justo rendimiento- y el empresario que necesita generar dinero ilegal para escapar del exceso impositivo. La solución más sencilla es que las dos se pongan en contacto, la primera emita a la segunda una facturación ficticia y la segunda pague tan solo el IVA. La primera ha convertido dinero negro en blanco, y la segunda lo contrario.
El dinero generado por los llamados negocios ilícitos es mucho más grande y tiene el inconveniente que todo él es negro. No existe estructura empresarial posible, no puede generar facturas ni negociar su administración; por tanto, el sujeto generador de este tipo de dinero se encuentra con grandes cantidades de líquido sin poder situarlo ni gastarlo. Su cantidad es enorme, miles de millones... solo queda una solución: crear empresas que generen grandes cantidades de beneficios, empresas de crecimiento fácil y que comercien con un producto de difícil control. Una empresa de confección de prendas para el vestir es buena para eso. Puede generar grandes cantidades de beneficio sin que nadie sepa como, beneficio ficticio que sirve para blanquear enormes sumas de dinero. El sistema para blanquear dinero del narcotráfico es sencillo: a partir de una pequeña empresa se montan unas cuantas tiendas. Los medios se encargan de ensalzar la visión del empresario, su extraña pericia en ganar dinero en unos tiempos en que el ramo está hundiéndose. Se buscan pequeños empresarios que por falta de negocio o por descalabro del ramo, se avienen a facturar grandes cantidades de producto sin necesidad de fabricarlo, eso hace que la entrada de producto se hinche de manera gigantesca. Si hay producto, hay venta; la diferencia es la plusvalía. Un beneficio inexistente que ha costado relativamente poco dinero: el IVA del producto ficticio más una pequeña comisión. El segundo sistema, apto para esconder los grandes beneficios de la industria armamentística, puede basarse en la fabricación masiva de muebles. Una pequeña fábrica situada en los países productores de madera, grandes abastecedores de producto situados en la Rusia europea y siberiana, de claro estilo mafioso y difícil control, que facturan ficticiamente grandes cantidades de madera manufacturada y sin manufacturar. También coincide con un crecimiento espectacular, con seguimiento ensalzador por parte de los medios, en un ramo en clara decadencia y abaratamiento, con instalación de grandes tiendas a golpe de talonario... Los mismos sistemas y procedimientos...
Y los estados... ¿qué hacen mientras? Pues mirar para otro lado. Ya les está bien, eso si sus dirigentes no son aún más cómplices por activa. Los estados necesitan cuadrar sus números y blanquear el dinero es un buen sistema. Un dinero que ha escapado a su control, vuelve limpio y convertido en legal.
AGUA
Hace ya un tiempo que en este blog se intenta, al escribir sobre temas candentes de los problemas de la sociedad, ofrecer, después de una critica, alternativas a ellos. Pienso que destruir o, mejor, deconstruir sin posibilidad de reconstrucción es de necios.
Puntualmente, en mi otro blog, más literario y menos estudioso, introduzco opiniones sobre los problemas que atañen a la sociedad, pero sin profundizar demasiado en sus orígenes y posibles soluciones. En este blog me cuesta mucho hablar sobre la problemática económica ya que apenas existen márgenes para su solución. La economía creo que siempre se ha basado en la lógica de la cuenta de la vieja: tanto ganas, tanto gastas. Dicha cuenta se puede más o menos globalizar, hacer que un sector que gana menos gaste más a costa de otro más productivo.
Hoy vemos como el problema más acuciante de nuestra pequeña sociedad es el de la solidaridad de una comunidad a otra, y su ejemplo es el agua. Una comunidad está a punto de padecer sed, se supone, a causa de una serie continua de años muy secos. Y otras comunidades, azuzadas por terceros cuyos intereses políticos pasan por resquebrajar el buen entendimiento, se niegan a entregar su agua sobrante. Los barceloneses han demostrado que son capaces de ahorrar consumiendo 100 litros por habitante y día sin necesidad de reducir la presión ni el tiempo. El consumo más pequeño de toda Europa. ¿Quién será el listo que diga a esos ciudadanos que deberán padecer restricciones de agua potable cuando a pocos kilómetros se echa al mar? ¿Los regantes de Tarragona? ¿Los de Aragón? El agua que piden no es para seguir construyendo urbanizaciones en terrenos secos como pedían valencianos y murcianos, sino para beber. Los regantes de Tarragona olvidan que son financiados solidariamente por el superávit de los ciudadanos de la gran urbe, de los cinco millones de ciudadanos del área barcelonesa. Tal vez ahora es el momento de utilizar la cuenta de la vieja, retirar esos fondos y que cada uno gaste por lo que produce; eso en cuanto a los que se destinan a fomentar el equilibrio territorial, otra cosa son los que van a parar a las arcas del estado como fondo de solidaridad interestatal. Va siendo hora que los catalanes sepan a quienes van dirigidos esos fondos; si son para los que después les niegan el agua para ducharse, cocinar o lavar la ropa.
Nadie reconoce que Barcelona y Valencia pasan sed por el cambio climático. Todos sabían que el calentamiento del planeta incidiría más gravemente en esta parte de la cuenca mediterránea. Las tempestades que antes se formaban en el golfo de León están desapareciendo paulatinamente. Ahora, en las cuencas de los ríos Ter, Llobregat, Júcar y Segura solo llegan los restos de las borrascas atlánticas y, muy puntualmente, alguna que otra mediterránea, más en el litoral que en las montañas. Es natural que Barcelona y Valencia pasen sed -Valencia ya tiene su trasvase- y para su subsistencia deberán depender de grandes trasvases de las otras cuencas o de las desaladoras. Está demostrado que los trasvases son contraproducentes y pasan factura a la naturaleza y a la comunidad emisora. Entonces solo quedan las desaladoras con sus problemas medioambientales: miles de toneladas de sal que para devolver al mar, su medio natural, debería hacerse en grandes buques repartiéndola más allá de la plataforma continental, allí donde el atún, el tiburón, la ballena, el delfín, la tortuga, etc. son los reyes... un desastre.
Las cuencas deberían servir para autoabastecer sus propias comunidades. Solo puntualmente, como el caso actual, una cuenca debería ayudar a otra salir de un mal trance; y para ello nada mejor que conectarlas con tuberías de corto recorrido. La del Segre, de tan solo cuatro kilómetros, era una buena solución y podría servir tanto de ida como de vuelta dependiendo la necesidad. Pero claro, cuatro kilómetros de tubería no son ciento cincuenta; cuestan poco y los contratistas no pueden repartir tantas comisiones. Ahora veremos a CIU negociar su aprobación mercadeando las suyas con el agua. También cabe la posibilidad de transportarla en barco. Cuesta ciento veinte millones, sesenta menos que la tubería; pero con las navieras no hay acuerdos de comisiones, no tienen los contactos, y los gobiernos no suelen utilizarlas.
Ahora, la crisis del agua ha servido para descubrir, una vez más, –la primera vez fue con motivo de las olimpiadas- el civismo de la sociedad barcelonesa, el gran ahorro conseguido, y para aprovechar la gran cantidad de agua freática que hay en su subsuelo; aprovechamiento que debería extenderse por todo el Baix Llobregat y el Maresme, comarca rica en aguas profundas. Si se hiciera de manera intensiva, seguramente se podría abandonar parcialmente el abastecimiento del Ter y recuperar ecológicamente su cuenca. Eso sería lo natural junto al freno de la expansión humana en las cuencas del Llobregat y del Besos.
El problema de los tubos es que una vez instalados nadie se olvida de su existencia, y es más fácil echar mano de ellos que buscar soluciones en caso de crisis. Pero hay tres plantas desaladoras en construcción, una de ellas se inaugurará dentro de seis meses. Entonces... ¿qué necesidad hay del tubo? Ninguna. Solo encrespar los ánimos y gastar ciento ochenta millones.
El calentamiento global es un hecho contrastado científicamente. No tiene vuelta de hoja y su regresión es imparable, por lo menos en más de cien años; en todo caso lo máximo que hoy podemos aspirar es frenar su progresión. En cincuenta años, muchos de nuestros hijos y nietos, los que viven en la cuenca mediterránea, deberán emigrar o pasar sed, de eso no hay duda. Dentro de doscientos años, en caso de que encontremos en veinte una solución, sus descendientes podrán volver a ella. El problema es que dentro de veinte el mundo tendrá otros problemas en los que pensar, sobre todo el nuestro: enfermedades desconocidas y carestía salvaje de los alimentos, falta de materias primas y guerras por su posesión. Lo que ahora ya vemos que sucede lejos de nuestras fronteras.
Demasiado tiempo de dogmatismo e hipocresía, de despilfarro y buena mala vida, de ceguera y negación de la realidad. Cuando se construye un puente, nadie discute el estudio de resistencias al ingeniero; tampoco la prescripción de un médico basada en analíticas y radiografías. Pero hemos discutido y polemizado sobre los dictámenes del 90% de los ambientalistas, biólogos y meteorólogos del mundo sostenidos por experimentos en la Antártida, Groenlandia y la estratosfera. Dentro de mil años nos considerarán unos estúpidos, eso si queda alguien para contarlo.
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UN GATO EN EL BALCÓNTemasPau Hippie![]() insignia identificativa Archivos
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