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08/06/2007
DIOS LOS HACE Y ELLOS...
Los policías se manifiestan. Están enfadados porque el conseller de interior saca a la luz sus vergüenzas inconfesables. Es como cuando un hombre apaliza a una mujer, le clava una navaja y sale filmado por la tele. Se disgusta, dice que no hay derecho... y el colectivo masculino se manifiesta por la calle porque se siente agredido.
Hace poco, en una filmación parecida, se veía como una trabajadora de guardería pegaba y forzaba violentamente a comer a un niño. No recuerdo que las guarderías entraran en crisis por complejo persecutorio, igual sí y mi memoria falla, aunque no lo creo.
Los policías se sienten agredidos por su máximo superior. No se dan cuenta que éste no desea ser cómplice de su... ¿inexperiencia? No me hagan reír. De lo que no quiere ser cómplice es de sus canalladas.
Los policías salen por televisión cuando agreden y son agredidos, el último de ellos, curiosamente, era el único que llevaba un punzón con el que pinchaba las pantorrillas de los manifestantes.
Si ya es triste tener que manifestarse, aun lo ha de ser más cuando un estúpido va clavándote un punzón con la prepotencia de llevar un uniforme. Dicen que le rompieron la nariz, que eran unos bárbaros... y me río. El estúpido tiene más suerte de la que se imagina.
Y ahora me dirán que acuso e insulto sin conocer al protagonista. Pues ser policía y utilizar un punzón en una manifestación donde el único herido es él... lo aclara todo. Yo creía que los punzones los utilizaban los impresentables de los manifestantes, por lo menos, así era en mi época.
Los policías se manifiestan dolidos por el escarnio sufrido. Eran aplaudidos por sus familiares, no todos, por colegas de otros cuerpos, y por transeúntes anónimos que, seguramente, pagan religiosamente sus impuestos. Deberían estar dolidos con ellos mismos por no haber sabido parar a los cuatro impresentables que tenían en el cuerpo, y por no haberse atrevido a denunciarlos, cuando todos sabían lo que sucedía en algunas comisarías de policía.
Ahora están en el punto de mira, no podrán propasarse ni un ápice y eso los atormenta. Están disgustados porque los filmaron a escondidas, cuando en realidad se tuvo que hacer así porque de otra forma era imposible saber lo que ocurría, nadie acusaba a un compañero.
También les molesta que a partir de ahora se instalen cámaras para dar fe de los interrogatorios. La consellería, con evidente sorna, dice que, así, multitud de reos no podrán autolesionarse y acusarlos de malos tratos, que tendrían que estar contentos con la idea.
Los de CIU, muy transigentes, “derecha civilizada” se autodenominan, y es que frente la otra, cualquier ciudadano parece civilizado, dicen que las comisarías, a partir de ahora, parecerán un “Gran hermano”. Claro que cuando ellos gobernaban nadie hizo nada para solucionar el problema, creían que detener en catalán ya era un honor, y la manera de hacerlo no tenía importancia. Parece ser que la diputada que lo dijo se reía de su misma ocurrencia, hacía cachondeo y burla... cada día se parecen más a sus hermanos populares del Congreso, que se ríen de la democracia frente a quien haga falta.
Les agrada que los traten de europeos avanzados, que los comparen a cualquier gobierno del norte de Europa... pero no aceptan cámaras en las comisarías como tienen ellos, para eso no están tan preparados.
En Catalunya, gracias a los esfuerzos de la derecha para parecer civilizada, ha surgido un partido xenófobo.
En el centro, sur, este... eso es impensable, allí ya tienen al PP. Y en el norte, para no ser menos, también a los batasunos.
A los partidos demócratas les faltó tiempo para prometerse fidelidad democrática y comprometerse a no pactar con esos estúpidos. No ha pasado un mes y CIU ya lo está haciendo...
Y es que dios los hace y ellos se juntan.
14/06/2007
LA NUEVA GLOBALIZACIÓN
En mi pequeño país, somos muchos los que nos damos cuenta que la ciudadanía exige más al gobierno autonómico, incluso medidas y soluciones que no le corresponden, solo exigibles al gobierno central.
Es sorprendente que eso ocurra en una comunidad donde vota tan poca gente. Pero no menos que el gobierno no se queje, que estudie e intente solucionar, mal que bien, dichas exigencias.
El hecho que la ciudadanía reclame gestión a la Generalitat es bueno, y más, si esa no está traspasada. Ello significa que cada día dicha ciudadanía mira menos a Madrid, sabiendo que de allí poco se puede esperar. Como también que, cuando un país exige algo con tanta claridad, al gobierno de turno no le va a quedar más remedio que tomar, por las buenas o las malas, el poder que se le burla.
Ha ocurrido con la tercera hora de castellano... lo que era de esperar. Ocurrirá con las líneas férreas de cercanías, el puerto y aeropuerto, la inmigración... con todo lo que atañe y afecta directamente a la comunidad autónoma. La descentralización es buena e inevitable, y como antes se solucione, menos problemas y tensiones sufriremos todos.
Dicen que la nueva revolución es tecnológica, que la anterior fue industrial.
La revolución tecnológica es parte de la primera, no independiente, pero sí provocadora de la nueva, la que está en curso ahora mismo, y en poco tiempo viviremos en toda su magnitud.
La información ha acompañado la comunicación entre culturas como nunca anteriormente había sucedido. Millones de personas, en un corto espacio de tiempo, trasladan su familia y costumbres a una nueva civilización. En pocos años la religión, hábitos, alimentación... predominantes cambiarán radicalmente. Está sucediendo en China, India... y ahora le toca a la misma Europa.
Debemos estar preparados para asumir una invasión pacífica de nuestras fronteras culturales, organizar nuestras ciudades y pueblos, nuestras escuelas... ser exigentes en preservar nuestras costumbres y cultura; pero, a la vez, absorber sin traumas ni complejos las recién arribadas. Y eso solo se podrá conseguir rechazando los guetos urbanísticos, creando buenas infraestructuras de comunicaciones físicas, de manera que cualquier ciudadano, indígena o foráneo, pueda disfrutar y conocer el país, sus playas, montes, encantadores pueblos y museos; construyendo los nuevos barrios con servicios iguales a los antiguos, escuelas e institutos modernos, clubes deportivos... en los que sea tan fácil la entrada y circulación de los indígenas como recién llegados, sean estos de la cultura que sean.
En mi país aun hoy estamos sufriendo la antigua y masiva entrada de inmigrantes de otras zonas de la Nación, habiendo sido estos alojados en barrios periféricos.
Son bastantes los descendientes de aquellos inmigrantes que aun se sienten extraños y desplazados, rechazando la idiosincrasia y lengua, y odiando todo símbolo que transmita la cultura del país de acogida de sus padres. Y, curiosamente, hoy vemos a muchos de ellos que, para evitar su integración, exageran su incultura y se regodean de ella, cayendo en el ridículo al descubrir como multitud de magrebíes, eslavos y chinos abrazan la de acogida con fruición.
Muchos catalanes se preguntan, entre sorprendidos y rabiosos, el porqué de este rechazo.
La explicación viene, por un lado, en el esfuerzo de la clase pudiente, la burguesía catalana, por no mezclarse con el inmigrante foráneo, tratándolo despectivamente y con prepotencia. Y por otro, la rabia y desconsuelo del inmigrante, y su obsesión por trasladar su cultura a la nueva tierra como arma conquistadora.
Era típico que, al pasear por algunos barrios del extrarradio barcelonés, te reprocharan que hablaras en catalán siendo español, y eso te lo decían casi escupiendo la palabra “español”.
Esa experiencia, terrible en muchos casos, desgarradora y creadora de odios y ridículas incomprensiones, nos debería servir como aprendizaje para evitar lo que está sucediendo en todas las grandes capitales europeas: Berlín, París, Londres, Ámsterdam...
