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05/12/2006

DEMOCRACIA Y LIBERTAD

 

El hombre que cree en su libertad y lucha por ella no le queda más remedio que luchar por la de los demás. Lo contrario es antinatural y tarde o temprano pasa factura a la suya propia.

 

Los hombres que desean ser libres, creen en la lucha armada cuando no queda margen para otra.

Aborrecen la muerte y desdicha cuando ven caer por su causa, personas aparentemente indefensas e inocentes; pero saben que para conseguir su ansia, deben utilizar cualquier método contra los que se la impiden.

 

- ¿Dónde reside la legitimidad de una sociedad?

- En el libre albedrío de su ciudadanía.

- ¿Es legítimo que una mayoría de ella, por razones sanguíneas, religiosas o geográficas, coaccione la libertad de una minoría?

- Es evidente que no, que toda sociedad o parte de ella tiene el derecho a manifestar y decidir su futuro como tal. Y el hecho que la otra se lo impida, le da legitimidad para luchar contra ella, a poder ser de manera pacífica, intentando convencer sobre su derecho. De no poder y saberse acorralada por una legislación aposta para impedir su desarrollo, entonces la violencia es legítima en todo su potencial, sea éste cual sea.

 

La democracia no existe en cuanto una parte mayoritaria y dominante no cree en ella, y la nombra como suya para engaño y conseguir sus fines bastardos.

Cuando una sociedad niega el derecho a otra de ser distinta a ella, administrarse y regular su vida a su particular manera, niega un derecho innegociable, el derecho a ser libre para decidir por sí solo.

 

Hoy, los españoles vivimos en una sociedad con altas deficiencias democráticas, deficiencias producidas por una cultura que necesita ser opresora para sentirse segura y libre sólo para sí misma.

 

Una gran incógnita me asalta estos días.

¿Es legítima la lucha armada en nuestro país?

No deseamos ser distintos, tampoco divorciarnos de nuestro compañero ni abandonar a nuestro hermano. Pero debemos tener la libertad de decidirlo por nosotros mismos, y esto es lo que hoy se nos niega de manera obtusa, cobarde y machacona.

Una comunidad nunca existirá por la fuerza de leyes hechas aposta para su mantenimiento. Una comunidad debe su existencia por saberse libre de serlo. El valor hermana y la cobardía provoca desencuentro.

Hoy me pregunto si abandonamos nuestra lucha de manera demasiado precipitada o forzamos la democracia a una sociedad que no se siente a gusto con ella.

 

 

Leo preocupado como un gobierno extraño a nosotros, coacciona, asesina e irrumpe en nuestro mundo de libertad, para mantener la opresión sobre su ciudadanía. Un gobierno como éste es peligroso para todos los hombres que sienten la libertad como algo suyo y de imposible negociación, por tanto, debemos apoyar con todas nuestras fuerzas el desarrollo de los movimientos armados contra él. No sólo debemos, sino que tenemos la obligación de hacerlo.

 

Hoy apenas podemos entrar en Gatopardo y todos sabemos el porqué de ello, Gatopardo es perseguido con saña por las verdades que publica y eso tanto entristece como alegra, pues es signo que daño hace.

Hoy creemos que, en México, la lucha por la libertad debe abrirse en todos los frentes posibles, el de la pluma, el del comercio justo, el del boicot a todo producto que no sea tal y el de las armas.

 

Martes, 05 de Diciembre de 2006 01:31 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

11/12/2006

¿LEGÍTIMA VIOLENCIA?

 

¿Es legítima la violencia contra una sociedad opresora?

Pero primero nos deberíamos preguntar si la violencia es legítima de por sí. Entonces, claramente debemos pensar que no, que la violencia no es legítima ya que, en principio, la sociedad dispone de mecanismos para dirimir sus diferencias. El problema que se nos plantea es si existen o no dichos mecanismos, o en el caso de existir si están supeditados bastardamente a una de las partes en litigio.

Pongamos por el caso que una sociedad intente dirimir sus diferencias por cauces pacíficos y democráticos pero cuando se busca utilizar dichos cauces, una parte del conflicto, la mayoritaria, niega esta posibilidad. Entonces entramos de lleno en la utilización de la violencia frente a una opresión absolutista.

 

Disponemos de poca memoria, sobre todo en lo que a nosotros nos atañe. Creemos demasiado fácilmente en lo que se nos dice, sobre todo si viene impreso en papel y con membrete oficioso.

Francia, durante la sangrienta, asesina y criminal guerra de liberación argelina, estaba regida por una presunta democracia.

Los EEUU, durante su invasión de Irak, ha sido regida por otra presunta democracia, igual que España durante la misma acción.

Se busca al culpable, se le identifica pero no se le puede juzgar ya que era el representante legítimo de un Estado, sobre todo si ha sido votado en democracia.

Entonces, ¿quién es el culpable del posible crimen?

Evidentemente, en primer lugar, sus votantes y, en segundo, el resto de la población.

¿Es legítima la violencia contra el invasor?

Está claro que nadie, hoy por hoy, ni siquiera los que la han propiciado, pueden negar tal legitimidad.

 

Y volviendo a lo que nos ocupa.

Cuando a un grupo de hombres se les impide bajo presión sicológica, legal o, incluso, amparándose en la religión, decidir por sí solos su futuro, se incumple un derecho básico, aun siendo bajo el paraguas de una hipotética democracia. Entonces, sin duda, esos hombres deben buscar otra salida, sea a partir de desobediencia civil o reacción violenta.

La desobediencia civil funciona cuando la parte oprimida supera en su territorio y de manera abrumadora, a la parte opresora (léase la India de Gandhi). Cuando no es así y la parte opresora aprovecha su mayoría para evitar la libre determinación de la minoría, no queda otra salida que la violencia (léase Palestina). Creo que los ejemplos hablan por sí solos, nos encontramos ante dos Estados “democráticos” que optaron por la opresión y sumisión de una parte del territorio gobernado por ellos.

 

La violencia puede ejercerse de diversas formas ante un conflicto:

En una guerra convencional puede desarrollarse de manera total a efectos de eliminar al contendiente de la manera más rápida y total posible. Como ejemplos recientes disponemos la destrucción de poblaciones enteras rusas por parte del ejército alemán, el bombardeo británico de Dresde con fósforo o los ataques nucleares norteamericanos sobre Japón. Tres ejemplos de eliminación física estudiada concienzudamente; la primera, por órdenes expresas del alto mando alemán para eliminar la raza eslava de dichas poblaciones, ante la próxima colonización de la germánica; la segunda, para estudiar los efectos del terror del fuego en la sociedad alemana y la tercera, para estudiar los efectos destructivos in situ del arma nuclear y, de paso, lanzar un aviso al aliado soviético, a fin de evitar su invasión del norte de Japón como estaba previsto.

En una liberación, la violencia la desarrolla la parte de sociedad que se siente oprimida. Se puede actuar sólo contra las fuerzas ocupantes o añadir, también, a la población que consiente dicha ocupación. Como ejemplo disponemos a Palestina, Irak o incluso la Francia ocupada por los nazis.

En la represión sobrevenida después de un golpe de Estado más o menos cruento, se intenta eliminar físicamente parte de la sociedad contraria, la capaz de frenar lo proyectado por la gobernante. Como ejemplo disponemos las dictaduras de América latina o la española en su primer decenio.

Hay un tipo de violencia más controlado, ésta es la que ejercen pequeños grupos que ven sus libertades menguadas por una parte mayoritaria de la sociedad, grupos minoritarios que tampoco desean una rotura absoluta con el grupo opresor, y tan solo intentan doblegarlo de la única manera que creen posible; esos grupos, por su capacidad y rechazo público y mediático que ocasionan, no llegan casi nunca a buen puerto en su lucha. Como ejemplo de grupo que consigue parte de su meta tenemos al IRA y a ETA como el que no llega, por ahora, a nada.

Existe otro tipo de violencia, más precisa y eficaz, sin ruido ni publicidad y, por tanto, desconocida para casi todo el mundo. Pero, por ahora, ésta no tiene nada que ver con el problema que nos preocupa, o eso creo yo.

 

En suma, toda violencia queda automáticamente legitimada por el grupo de sociedad triunfante, más si él consigue asentarse con el tiempo.

En el caso que las dictaduras de América latina hubiesen prosperado, la legitimidad de su violencia hubiese quedado asegurada por el enquistamiento y la religión, como sucedió en el caso español.

En el caso de la guerra mundial, nadie se atreve a juzgar la matanza indiscriminada de Dresde o el ataque nuclear sobre dos ciudades japonesas; en cambio, se ve con horror la limpieza étnica de los alemanes en Rusia y Ucrania, siendo por ello juzgados sus culpables.

En el caso palestino, sus combatientes son extraditados a Israel como vulgares terroristas, pero a nadie se le ocurre investigar a los soldados del Tshal, involucrados en las matanzas de los campos de refugiados de Gaza utilizando niños como escudos humanos.

 

¿Es legítima la violencia contra una sociedad opresora?

He aquí la pregunta que nos ocupa, deseando fervientemente que alguien me convenza de manera negativa.

 

Lunes, 11 de Diciembre de 2006 23:26 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

21/12/2006

ESPEREMOS

 

En toda lucha, cuando esta termina, existe vencedor y vencido.

Al terminar la primera gran guerra, la sociedad perdedora fue sometida y humillada lo cual degeneró en otra gran guerra mucho peor que la anterior.

La vencedora de esta última aprendió bien la lección y creó un sistema que sin abandonar el status de vencedora, evitó el sometimiento y asfixia de la vencida.

El resultado fue, a todas luces, plenamente satisfactorio.

Al otro lado de la frontera, otra sociedad vencedora optó por el sometimiento de la sociedad vencida, la persecución y aniquilación de todo lo que pudiera parecerse a sentimiento nacional.

Tuvo suerte. No ha vuelto a ser asolada por la guerra, pero sí por la hambruna y descalabro social. Perdió la influencia política y económica en los países sometidos, e incluso sus propias fronteras se trasladaron hasta mucho más al interior de cuando antes de su victoria, existiendo aun hoy convulsiones dentro de ellas.

La libertad produce desarrollo y, éste, bienestar. Lo contrario, ruina y pobreza.

No hay vuelta de hoja, es así y siempre lo será.

 

Hoy asistimos asombrados al desarrollo de un presunto proceso de paz en el interior de nuestra sociedad.

Existen vencedores y vencidos, de eso no hay duda, pero los vencedores intentan jugar sus triunfos sin humillar ni menospreciar al vencido. Sabe que un vencido sometido es, con toda seguridad, un nuevo enemigo rearmado.

Se trata que el vencedor demuestre que lo es, pero dando al vencido parte de lo que por lo cual comenzó su lucha, no con generosidad sino justicia.

Ni se imagina la sociedad vencedora la suerte que ha tenido, suerte de la mucha estupidez de la vencida, de la obcecación y desmesura ideológica de ésta.

Esperemos que nuestra sociedad haya tomado buena nota de la historia de otras muchas y se ahorre muchos millares de muertos y su propia destrucción. Esperemos, porque de renacer otra ETA, no sería ni de lejos como la primera.

 

Nuestra sociedad no podría soportar una vuelta a la violencia, y menos si ésta se convierte en más demoledora por un lado y precisa con respecto a la clase política de aquella.

Es eso, sin duda, lo que ocurriría. Un grupo con sentimiento de haber sido sometido a causa de la sociedad vencedora, que no por su clase política, podría ser salvaje a partir de  ahora.

 

ETA nunca obrará desde la inteligencia, nunca lo hará porque carece de ella. Los políticos y analistas que leen entre líneas cualquier comunicado o alboroto callejero van errados. ETA no sabe negociar, no puede frenar a los jóvenes recién reclutados porque no aceptan su derrota. Unos chavalotes mal armados, sin consignas inteligentes pero organizados con precisión, perseguidos por mil denuncias, con la prisión asegurada de ser aprehendidos, tienen poco que perder y mucho orgullo que mantener.

 

 

Jueves, 21 de Diciembre de 2006 23:54 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.


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