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UN GATO EN EL BALCÓN

IMPARABLE RACISMO

 

 

  Constantemente recibimos mensajes racistas. Los recibimos desde un abanico, día a día, ideológico más amplio.

  Hace tiempo me quejaba en La Crisálida sobre el pensamiento de la mujer que limpia mi empresa. Sobre lo que pensaba y creía, sobre el trabajo que presumiblemente pretendían robar a su esposo.

  Hace nada, pocos días, esa misma mujer montó un cirio en un hospital de la seguridad social. Su esposo, habiendo sufrido un percance con su camión, le dolía las cervicales. Fue a urgencias y al ver que una "mora" habiendo llegado después, entraba antes. Su cultura no permitió pensar que su dolencia podía precisar un tipo de atención distinta, tampoco le permitió pensar que la "mora" podía estar gravemente enferma y, por tanto, precisar la urgencia. La cuestión es que montó un escándalo. Después, una vez en la empresa, intenté infructuosamente demostrarle lo equivocada que podía estar, digo infructuosamente porque ni mis mejores artes pudieron convencerla.

  ¿De qué la podía convencer?

  ¿De su estupidez?

  ¿De su falta de cultura... humanidad, tal vez?

  No, no puede aceptar que una "mora" tenga el mismo derecho que ella, tampoco que pueda equivocarse, tampoco que se le pueda acusar de racista... la única salida es no escuchar, gritar y encerrarse indefinidamente en su estupidez.

 

  Hablo con Jota, un influyente político de izquierdas. Le cuento la historia creyendo que la cosa no pasará de la mera anécdota.

  - La culpa es de la sociedad – me dice.

  - ¿Estás loco?

  - La sociedad, los medios... hacen que si no tratamos a los inmigrantes de manera prioritaria nos acusen de racistas.

  Entonces me cuenta una historia... Hace poco cerraron un almacén de alimentación china, lo habían visitado tres veces y no hizo caso. Vendía productos caducados o sin fecha. Al día siguiente del cierre llamó el cónsul chino cabreado. Terminó su discurso diciendo que en su país, esas cosas no ocurrían.

  Mi amigo me explica que, de ser un nacional, no lo hubiesen avisado tres veces en un año, que con los extranjeros deben ir con pies de plomo, no sea caso que los acusen de racistas.

  No puedo responder a tal estupidez. Para mí, un moro, chino o cristiano deben ser iguales. Si se trata mejor a un chino por ser tal, es que la administración falla y no la sociedad.

  Vamos bien si un dirigente socialista piensa así, un dirigente que hace media vida se peleaba con la policía por las calles de Barcelona.

 

  Llego a casa y comento el asunto con mi mujer...

  - Es que se abusa – dice. – Hace poco, en el mercado, una mujer se quejaba que su madre estaba en lista de espera esperando una prótesis de cadera, la espera era tan larga que quedaría coja de por vida. Mientras, la morita de las verduras había traído a su madre de Tánger simulado una caída y, por urgencias, le habían injertado la misma prótesis. Es una injusticia...

  Mi mujer sabe de lo que habla. La abuela mora tenía la cadera tan jodida que estaba al punto de la necrosis, por tanto, los médicos hicieron lo que debían.

  ¿Llamaron después a la administración?

  ¿Cursaron la denuncia?

  Porque de seguro supieron que una cadera tan jodida no era de una caída reciente.

  Algo falla y no es precisamente la sociedad quien lo hace.

  Estamos creando las circunstancias para desarrollar una sociedad racista y los políticos no mueven ficha. Ellos tienen prioridad sanitaria, una mutua de pago, son clase pudiente y no se enteran, por muy socialistas, comunistas o verdes que sean.

 

 

¿UNA NUEVA DEMOCRACIA?

 

Leo que uno de los consejeros más importantes de Hu Jiantao ha escrito recientemente un artículo que ha revolucionado media China.

Primero lo publicó un diario de Pekín, pasando desapercibido para la mayoría de los países occidentales, ahora lo ha publicado uno de Hon-Kong y se ha montado la marimorena.

Dice dicho consejero que es inevitable y deseable la instauración de la democracia en China, considerando que el sistema político que al día de hoy funciona mejor es éste.

Lo que sí puntualiza, es que debería adaptarse a las costumbres y necesidades de cada cultura, haciendo hincapié sobre la facilidad que representaría su introducción en la china, ya de por sí, predispuesta y socialmente preparada a ella.

Asombroso que un consejero chino, del que no recuerdo el nombre, hable de una futura democracia china, con la segura tranquilidad de verse arropado por su régimen.

 

Mientras, el presidente de la república ha organizado la persecución más atroz que imaginarse pueda contra la corrupción. Una práctica que, esporádicamente, ponen en marcha todos los gobiernos de aquella Nación para evitar la descomposición de su economía. Y digo atroz por lo bárbaro de sus métodos. Ejecuciones, penas de tantos años que ni vale la pena salir de prisión o, en el mejor de los casos, reeducación en centros especiales para ello.

 

En su estudio, más que escrito, llama la atención sobre las ventajas que tiene la democracia para evitar esta corrupción, para hacer que la ciudadanía tome parte en el gobierno y se sienta representada por él y, por último, para desarrollar plenamente los derechos humanos en China.

Reconoce los peligros que representa, sobre todo, por la irrupción de gente poco preparada, arribistas sin escrúpulos o posibles dictadores que, bajo el paraguas de la democracia, puedan destruir la libertad o invadir países ajenos a ella, convirtiéndose por ello en vulgares tiranos. Además hace una especial mención sobre las corruptelas surgidas gracias a los derechos adquiridos por ella.

Por todo ello reconoce que la democracia, en China, deberá sustentarse en métodos completamente distintos a la que impera en el mundo, más adaptada a las necesidades de su idiosincrasia y corrigiendo, gracias a la experiencia ajena, los defectos que esta arrastra.

 

Mientras leo este artículo me entero del gran retroceso en la democracia rusa, retroceso de casi imposible recuperación ya que es institucional, lo cual me hace pensar que Rusia terminará otra vez mal, que deberá ser necesaria una segunda revolución con todo lo que ello acarrea.

En China están pensando en una democracia de la cual nadie, absolutamente nadie, puede hacer la menor cábala, mientras, en Rusia, se disuelve día a día la recién conquistada.

 

Leo el artículo y no puedo por menos que recordar las últimas manifestaciones de sátrapas defendiendo al consejero de interior balear, gritando como consigna que ellos también quieren ser "pinchados".

¿Será que tienen algo que ocultar, que todos ellos son beneficiarios de las corruptelas de Andratx?

Un buen ejemplo de corrupción demócrata... La libertad para enriquecerse a costa del robo institucionalizado, la reclamación de una libertad basada en lo más bastardo de ella, de poder robar sin ser perseguido por ello.

También pienso en la invasión de Irak, en las mentiras utilizadas y su imposible persecución criminal ya que, al ser emitidas por un régimen elegido democráticamente, son institucionales y compartidas por todo el Estado.

Pienso en el gran retroceso de libertad en derechos humanos padecida en el Reino Unido, retroceso por obra de un primer ministro con poderes casi absolutos para llevar a la guerra a su nación mediante una mentira reconocida.

Pienso en Aznar, Miterrand, Uribe, Chaves... la cantidad de asesinos y criminales que nos han gobernado bajo el paraguas de una mal instaurada democracia sin poder ser procesados por ello.

 

 

PANDERETA NACIONAL

 

Asistimos alucinados al teatro político que ha montado cierto partido con respecto al lema de la manifestación contra el terrorismo.

 La cosa comienza a ser demencial, ya se parece a los días posteriores al 11M, las mentiras dementes, la burla a toda inteligencia, el ridículo más portentoso.

 Ahora también asistiremos a la guerra de cifras, la comunidad madrileña dará unas y el ministerio del interior otras.

 Los muertos ecuatorianos se han convertido en moneda de cambio para el partido en la oposición, partido que en cualquier país civilizado ya habría dejado de existir o lo más, aislado en una minoría de ultraderecha.

 

 Pero no, señores, estamos en España, el país de la pandereta y la infamia, el país de la tragicomedia, donde un ex ministro asesino ha sido presidente de una Comunidad autónoma y preside honoríficamente el susodicho partido de la ultraderecha española.

 

 Felicidades españoles del PP, los ecuatorianos no son de su partido ni españoles, por tanto tampoco son rentables electoralmente, ya pueden ir a tomar el sol a cualquier parte mientras los demás se manifiestan. Eso sí, tengan preparada a la COPE y sus obispillos descontando manifestantes o rezando avemarías para que llueva y vaya poca gente.

 

 

Hoy veo la tele, la cara de los ministros, del presidente del gobierno y la del jefe del Estado.

Veo caras de preocupación, sobre todo en la de los ministros. En la del Jefe del Estado no veo nada, en la que me fijo más es en la del presidente...

 

Estos días, con tanto lío, error, desmentidos, silencios, declaraciones llenas de pánico, etc. solo quiero fijarme en las caras de los hombres, que dicen más que muchas palabras diseñadas para el momento adecuado.

El presidente guardó silencio mientras muchos hablaban de errores cometidos, fallos informativos, confianzas equivocadas...

Hoy el presidente ha dicho que el proceso está roto y que no hubo ningún error informativo.

Ha desmentido todo y a todos. Y lo ha hecho con mirada de hombre obcecado e irritado.

Le han fallado los hombres en los que había confiado un proceso imposible. Se ha sentido manipulado y engañado por sus propios compañeros de partido. Eso es lo que la mirada de Zapatero hoy me ha dicho. Una mirada de cabreo mayúsculo hecha por un hombre más poderoso de lo que aparenta, una mirada de hombre obcecado, tanto que, de ser su enemigo, hoy temblaría.

No me gustaría estar al otro lado. No sé quien le ha tomado el pelo. No sé si ha sido un servicio de inteligencia extranjero o tan solo la banda terrorista, no lo sé, pero por si acaso, yo, de ellos, estaría muy lejos.

Lo que es seguro es que el proceso ya no existe, y por si alguien tenía alguna duda, no ha dicho quien lo había roto definitivamente, no ha soltado prenda porque tal vez haya sido él, el que se lo ha cargado en última instancia, el que ha decidido acabar con ETA y sus apoyos a hostias sin mediar más palabras.

Con ETA era imposible llevar una conversación medianamente inteligente, eso lo sabíamos todos, lo que no conocíamos es de la determinación de este hombre, del cabreo que lleva y el ajuste de cuentas que se avecina.

Eso nadie me lo ha dicho, solo lo intuyo por su mirada de profundo odio y la temerosa de su entorno.

 

 

 

UNA PARANOIA

 

 

Ha sucedido lo que todos, hace un año, consideraban increíble. ETA ha vuelto a atentar.
Esta vez, como temía, lo ha hecho en un lugar público, al estilo Hipercor y con gran cantidad de explosivos.

ETA se está rearmando, cobra su impuesto revolucionario e instala con mayor o menor éxito zulos con explosivos en España.

Su política es clara, no quiere la paz, por lo menos no la que el Estado español, desde su pretensión de tenerla controlada, quería que firmase.

Las condiciones de ETA, a partir de ahora, se endurecerán, exigirá más, mucho más, ya que ha sido obligada a moverse, esforzarse y perder unidades operativas, tiempo y dinero con ello.

Eso es lo que uno, desde la lógica empresarial cree: a más inversión, más beneficio.

A partir de ahora, en el hipotético caso que ETA piense, el terror será más indiscriminado, puesto que se habrá dado cuenta que el gobierno ha sido rehén de la presión ciudadana. Y es a esa a la que hay que acorralar.

 

Pero...

¿Piensa ETA?

¿Sus cuadros siguen una política concreta?

¿Sus objetivos son lógicos para una mente normal?

¿Podemos ponernos, incluso con esfuerzo mental, en su pellejo y saber lo que colectivamente razona?

 

Hace años, dos o tres anteriores a la tregua, un conocido peneuvista me decía que debíamos mirar a otro lado, no involucrarnos en sus problemas. Textualmente dijo que ellos limpiaban sus calles de fiambres para que, al poco, las viéramos impolutas y relucientes. Me lo dijo con esa frialdad tan estúpida y prepotente de los que chulean un valor del que carecen.

Este mismo individuo hizo un viaje a Senegal a través de nuestra agencia, al finalizar este, los guías senegaleses pidieron a mi socio que no mandara nunca más un cliente como él.

Eso no significa que los peneuvistas sean todos así, generalizar es de estúpidos y no seré yo el que lo haga, pero cuando oigo lo que dice algún dirigente de dicho partido cada vez que abre la boca, veo al mismo hombre, la misma chulería prepotente que tan solo sirve para esconder simple cobardía.

 

Sociedad cobarde la que no habla, no discute sus diferencias, no acepta la controversia.

Sociedad cobarde la que no se atreve a ello, la que teme contrastar sus ideas con el resto, la que aun cree que es mejor y distinta a las otras.

 

Imposible que los hombres que consintieron el asesinato de Miguel Ángel Blanco puedan sentarse para dialogar una paz civilizada. Imposible porque carecen de lo más esencial para ello: la civilización.

 

Cuando se produjo dicho asesinato, en la cárcel de Wad-Ras de Barcelona, dos reclusas de ETA brindaron con cava para festejar este final.

Posiblemente, de gobernar entonces el Tripartit, un diario de gran tirada y con clara influencia en la ultraderecha española, hubiera relacionado el brindis de cava con el Tripartit y ERC con ETA.

No hay duda, solo pueden hablarse entre ellos, descerebrados con descerebrados, paranoicos con paranoicos...

Ya sé que es necesaria mucha audacia para ello pero, dadas las circunstancias, valdría la pena intentarlo.

 

 

ESPEREMOS

 

En toda lucha, cuando esta termina, existe vencedor y vencido.

Al terminar la primera gran guerra, la sociedad perdedora fue sometida y humillada lo cual degeneró en otra gran guerra mucho peor que la anterior.

La vencedora de esta última aprendió bien la lección y creó un sistema que sin abandonar el status de vencedora, evitó el sometimiento y asfixia de la vencida.

El resultado fue, a todas luces, plenamente satisfactorio.

Al otro lado de la frontera, otra sociedad vencedora optó por el sometimiento de la sociedad vencida, la persecución y aniquilación de todo lo que pudiera parecerse a sentimiento nacional.

Tuvo suerte. No ha vuelto a ser asolada por la guerra, pero sí por la hambruna y descalabro social. Perdió la influencia política y económica en los países sometidos, e incluso sus propias fronteras se trasladaron hasta mucho más al interior de cuando antes de su victoria, existiendo aun hoy convulsiones dentro de ellas.

La libertad produce desarrollo y, éste, bienestar. Lo contrario, ruina y pobreza.

No hay vuelta de hoja, es así y siempre lo será.

 

Hoy asistimos asombrados al desarrollo de un presunto proceso de paz en el interior de nuestra sociedad.

Existen vencedores y vencidos, de eso no hay duda, pero los vencedores intentan jugar sus triunfos sin humillar ni menospreciar al vencido. Sabe que un vencido sometido es, con toda seguridad, un nuevo enemigo rearmado.

Se trata que el vencedor demuestre que lo es, pero dando al vencido parte de lo que por lo cual comenzó su lucha, no con generosidad sino justicia.

Ni se imagina la sociedad vencedora la suerte que ha tenido, suerte de la mucha estupidez de la vencida, de la obcecación y desmesura ideológica de ésta.

Esperemos que nuestra sociedad haya tomado buena nota de la historia de otras muchas y se ahorre muchos millares de muertos y su propia destrucción. Esperemos, porque de renacer otra ETA, no sería ni de lejos como la primera.

 

Nuestra sociedad no podría soportar una vuelta a la violencia, y menos si ésta se convierte en más demoledora por un lado y precisa con respecto a la clase política de aquella.

Es eso, sin duda, lo que ocurriría. Un grupo con sentimiento de haber sido sometido a causa de la sociedad vencedora, que no por su clase política, podría ser salvaje a partir de  ahora.

 

ETA nunca obrará desde la inteligencia, nunca lo hará porque carece de ella. Los políticos y analistas que leen entre líneas cualquier comunicado o alboroto callejero van errados. ETA no sabe negociar, no puede frenar a los jóvenes recién reclutados porque no aceptan su derrota. Unos chavalotes mal armados, sin consignas inteligentes pero organizados con precisión, perseguidos por mil denuncias, con la prisión asegurada de ser aprehendidos, tienen poco que perder y mucho orgullo que mantener.

 

 

¿LEGÍTIMA VIOLENCIA?

 

¿Es legítima la violencia contra una sociedad opresora?

Pero primero nos deberíamos preguntar si la violencia es legítima de por sí. Entonces, claramente debemos pensar que no, que la violencia no es legítima ya que, en principio, la sociedad dispone de mecanismos para dirimir sus diferencias. El problema que se nos plantea es si existen o no dichos mecanismos, o en el caso de existir si están supeditados bastardamente a una de las partes en litigio.

Pongamos por el caso que una sociedad intente dirimir sus diferencias por cauces pacíficos y democráticos pero cuando se busca utilizar dichos cauces, una parte del conflicto, la mayoritaria, niega esta posibilidad. Entonces entramos de lleno en la utilización de la violencia frente a una opresión absolutista.

 

Disponemos de poca memoria, sobre todo en lo que a nosotros nos atañe. Creemos demasiado fácilmente en lo que se nos dice, sobre todo si viene impreso en papel y con membrete oficioso.

Francia, durante la sangrienta, asesina y criminal guerra de liberación argelina, estaba regida por una presunta democracia.

Los EEUU, durante su invasión de Irak, ha sido regida por otra presunta democracia, igual que España durante la misma acción.

Se busca al culpable, se le identifica pero no se le puede juzgar ya que era el representante legítimo de un Estado, sobre todo si ha sido votado en democracia.

Entonces, ¿quién es el culpable del posible crimen?

Evidentemente, en primer lugar, sus votantes y, en segundo, el resto de la población.

¿Es legítima la violencia contra el invasor?

Está claro que nadie, hoy por hoy, ni siquiera los que la han propiciado, pueden negar tal legitimidad.

 

Y volviendo a lo que nos ocupa.

Cuando a un grupo de hombres se les impide bajo presión sicológica, legal o, incluso, amparándose en la religión, decidir por sí solos su futuro, se incumple un derecho básico, aun siendo bajo el paraguas de una hipotética democracia. Entonces, sin duda, esos hombres deben buscar otra salida, sea a partir de desobediencia civil o reacción violenta.

La desobediencia civil funciona cuando la parte oprimida supera en su territorio y de manera abrumadora, a la parte opresora (léase la India de Gandhi). Cuando no es así y la parte opresora aprovecha su mayoría para evitar la libre determinación de la minoría, no queda otra salida que la violencia (léase Palestina). Creo que los ejemplos hablan por sí solos, nos encontramos ante dos Estados “democráticos” que optaron por la opresión y sumisión de una parte del territorio gobernado por ellos.

 

La violencia puede ejercerse de diversas formas ante un conflicto:

En una guerra convencional puede desarrollarse de manera total a efectos de eliminar al contendiente de la manera más rápida y total posible. Como ejemplos recientes disponemos la destrucción de poblaciones enteras rusas por parte del ejército alemán, el bombardeo británico de Dresde con fósforo o los ataques nucleares norteamericanos sobre Japón. Tres ejemplos de eliminación física estudiada concienzudamente; la primera, por órdenes expresas del alto mando alemán para eliminar la raza eslava de dichas poblaciones, ante la próxima colonización de la germánica; la segunda, para estudiar los efectos del terror del fuego en la sociedad alemana y la tercera, para estudiar los efectos destructivos in situ del arma nuclear y, de paso, lanzar un aviso al aliado soviético, a fin de evitar su invasión del norte de Japón como estaba previsto.

En una liberación, la violencia la desarrolla la parte de sociedad que se siente oprimida. Se puede actuar sólo contra las fuerzas ocupantes o añadir, también, a la población que consiente dicha ocupación. Como ejemplo disponemos a Palestina, Irak o incluso la Francia ocupada por los nazis.

En la represión sobrevenida después de un golpe de Estado más o menos cruento, se intenta eliminar físicamente parte de la sociedad contraria, la capaz de frenar lo proyectado por la gobernante. Como ejemplo disponemos las dictaduras de América latina o la española en su primer decenio.

Hay un tipo de violencia más controlado, ésta es la que ejercen pequeños grupos que ven sus libertades menguadas por una parte mayoritaria de la sociedad, grupos minoritarios que tampoco desean una rotura absoluta con el grupo opresor, y tan solo intentan doblegarlo de la única manera que creen posible; esos grupos, por su capacidad y rechazo público y mediático que ocasionan, no llegan casi nunca a buen puerto en su lucha. Como ejemplo de grupo que consigue parte de su meta tenemos al IRA y a ETA como el que no llega, por ahora, a nada.

Existe otro tipo de violencia, más precisa y eficaz, sin ruido ni publicidad y, por tanto, desconocida para casi todo el mundo. Pero, por ahora, ésta no tiene nada que ver con el problema que nos preocupa, o eso creo yo.

 

En suma, toda violencia queda automáticamente legitimada por el grupo de sociedad triunfante, más si él consigue asentarse con el tiempo.

En el caso que las dictaduras de América latina hubiesen prosperado, la legitimidad de su violencia hubiese quedado asegurada por el enquistamiento y la religión, como sucedió en el caso español.

En el caso de la guerra mundial, nadie se atreve a juzgar la matanza indiscriminada de Dresde o el ataque nuclear sobre dos ciudades japonesas; en cambio, se ve con horror la limpieza étnica de los alemanes en Rusia y Ucrania, siendo por ello juzgados sus culpables.

En el caso palestino, sus combatientes son extraditados a Israel como vulgares terroristas, pero a nadie se le ocurre investigar a los soldados del Tshal, involucrados en las matanzas de los campos de refugiados de Gaza utilizando niños como escudos humanos.

 

¿Es legítima la violencia contra una sociedad opresora?

He aquí la pregunta que nos ocupa, deseando fervientemente que alguien me convenza de manera negativa.

 

DEMOCRACIA Y LIBERTAD

 

El hombre que cree en su libertad y lucha por ella no le queda más remedio que luchar por la de los demás. Lo contrario es antinatural y tarde o temprano pasa factura a la suya propia.

 

Los hombres que desean ser libres, creen en la lucha armada cuando no queda margen para otra.

Aborrecen la muerte y desdicha cuando ven caer por su causa, personas aparentemente indefensas e inocentes; pero saben que para conseguir su ansia, deben utilizar cualquier método contra los que se la impiden.

 

- ¿Dónde reside la legitimidad de una sociedad?

- En el libre albedrío de su ciudadanía.

- ¿Es legítimo que una mayoría de ella, por razones sanguíneas, religiosas o geográficas, coaccione la libertad de una minoría?

- Es evidente que no, que toda sociedad o parte de ella tiene el derecho a manifestar y decidir su futuro como tal. Y el hecho que la otra se lo impida, le da legitimidad para luchar contra ella, a poder ser de manera pacífica, intentando convencer sobre su derecho. De no poder y saberse acorralada por una legislación aposta para impedir su desarrollo, entonces la violencia es legítima en todo su potencial, sea éste cual sea.

 

La democracia no existe en cuanto una parte mayoritaria y dominante no cree en ella, y la nombra como suya para engaño y conseguir sus fines bastardos.

Cuando una sociedad niega el derecho a otra de ser distinta a ella, administrarse y regular su vida a su particular manera, niega un derecho innegociable, el derecho a ser libre para decidir por sí solo.

 

Hoy, los españoles vivimos en una sociedad con altas deficiencias democráticas, deficiencias producidas por una cultura que necesita ser opresora para sentirse segura y libre sólo para sí misma.

 

Una gran incógnita me asalta estos días.

¿Es legítima la lucha armada en nuestro país?

No deseamos ser distintos, tampoco divorciarnos de nuestro compañero ni abandonar a nuestro hermano. Pero debemos tener la libertad de decidirlo por nosotros mismos, y esto es lo que hoy se nos niega de manera obtusa, cobarde y machacona.

Una comunidad nunca existirá por la fuerza de leyes hechas aposta para su mantenimiento. Una comunidad debe su existencia por saberse libre de serlo. El valor hermana y la cobardía provoca desencuentro.

Hoy me pregunto si abandonamos nuestra lucha de manera demasiado precipitada o forzamos la democracia a una sociedad que no se siente a gusto con ella.

 

 

Leo preocupado como un gobierno extraño a nosotros, coacciona, asesina e irrumpe en nuestro mundo de libertad, para mantener la opresión sobre su ciudadanía. Un gobierno como éste es peligroso para todos los hombres que sienten la libertad como algo suyo y de imposible negociación, por tanto, debemos apoyar con todas nuestras fuerzas el desarrollo de los movimientos armados contra él. No sólo debemos, sino que tenemos la obligación de hacerlo.

 

Hoy apenas podemos entrar en Gatopardo y todos sabemos el porqué de ello, Gatopardo es perseguido con saña por las verdades que publica y eso tanto entristece como alegra, pues es signo que daño hace.

Hoy creemos que, en México, la lucha por la libertad debe abrirse en todos los frentes posibles, el de la pluma, el del comercio justo, el del boicot a todo producto que no sea tal y el de las armas.