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UN GATO EN EL BALCÓN

NO TODO ES LO QUE PARECE

NO  TODO  ES  LO  QUE  PARECE

 

 

    Hoy, leyendo a Zuriñe, descubro que las cosas muchas veces no son como las imaginamos, creemos o queremos ver.

    Hace poco Spencer Platt tomó esta foto y, gracias a ella, ganó World Press Photo 2007.

    Una vez publicada, todo el mundo creyó ver en ella el esnobismo de la clase pudiente libanesa, la visita espectáculo de los libaneses drusos o cristianos...

    Pues no, una o dos de las mujeres fotografiadas visitaban su casa bombardeada y los demás observaban entristecidos el desastre ocasionado por el bombardeo israelí.

 

    Esto demuestra que es mejor asegurarse antes de emitir opinión. Y el que escribe estas líneas, en ningún caso está exento de culpa.

 

 

 

 

 

IGUALDAD DE GÉNERO

 

 

    Es terrible que en los tiempos en que vivimos y en Europa, la tierra de las libertades, deba plantearse una ley a favor de la igualdad de género.

    Es insultante que a un grupo de personas, por solo su sexo, sea necesario darles facilidades y ayudas para desarrollar con plenitud sus facultades dentro de la sociedad.

    ¿Y por qué debe hacerse algo así? se pregunta la gente normal, la que no entiende tanto sinsentido...

    ¿Es que sufren una deficiencia física o mental por ser mujeres?

    Es posible que así sea. Las personas que necesitan de una ley con estas características deben padecer, de seguro, una seria deficiencia.

 

    Y ahora, por decreto, los ayuntamientos deberán tener tantos concejales como concejalas.

    ¿Es que antes no podían?

    Sí, claro que sí... pero el gobierno ha hecho suyo un problema que debería ser, sólo, de los partidos políticos.

    Que Dios pille confesado al ayuntamiento que no pueda disponer de tantas mujeres como hombres en su nómina política. Posiblemente será tachado de machista... o feminista según sea el caso.

    Deberá tener cuidado, deberá obligar a más de una, presentarse a elecciones por mucho que ella no quiera, deberá borrar de sus listas a más de uno de manera injusta.

 

    Más de la mitad de los licenciados europeos son mujeres, pero una cuarta parte de ellas deciden abandonar su profesión una vez han decidido vivir en pareja.

    ¿Por qué ocurre eso?

    Hay un gran abanico de respuestas.

    Unas deciden hacerlo por comodidad al aportar su compañero suficiente dinero. Esas mujeres deciden, autónoma o colegiadamente, dedicarse a las tareas domésticas. Es más cómodo, todos lo sabemos, sobre todo los que hemos vivido durante muchos años de manera independiente.

    Muchos  prefieren a la mujer en casa para encontrar a esta en perfecto estado de revista y después utilizar a su compañera como simple descanso del guerrero.

    Otros se escudan en su poca habilidad para no tener que compartir las tareas domésticas. También hay mujeres que, aun habiendo demostrado ser muy capaces en su profesión, no pueden soportar compartir el gobierno de la casa, utilizando para ello la peregrina excusa de la torpeza congénita del hombre en esos menesteres “tan de mujeres”.

    Los hijos son, en la mayoría de los casos, la excusa perfecta. Según algunos padres, su educación y cuidado demandan dedicación exclusiva, para después, al contrario de lo esperado, esos hijos son los que terminan dando más problemas.

 

    La solución no es decretar normas injustas y de difícil cumplimiento, la solución pasa por una mejor y más profunda educación, por enseñar a la mujer a defenderse y al hombre a compartir el trabajo doméstico sin arrugarse de miedo.

 

 

    Durante mis primeros años de vida compartida, tuve serias dificultades para hacer entender a mi compañera que ya sabía fregar los platos aunque los aclarara de distinta manera, hacer la compra y utilizar la lavadora, planchar la ropa o doblarla para su mejor conservación, pese que a las mangas les diera dos en cambio de una doblez como solía hacer ella... Siempre se adelantaba obsesivamente con la pretensión que lo haría necesariamente mal, hasta que un día, harto de ver mis camisetas desteñidas o teñidas, mis jerséis encogidos y la despensa repleta de comida inútil y perecedera, le hice saber que, mucho antes que tuviera su primera regla, ya me cuidaba solo y había sobrevivido a la terrible experiencia.

    Después vinieron los hijos y con ellos más de lo mismo. Pero de manera rápida, ya que con una enfermera uno no puede perder el tiempo, aprendí por mis amigas a bañar, vestir, curar, hacer biberones, papillas, dar de comer, cambiar pañales...  a los dos energúmenos que nos tocaron como hijos. Consiguiendo con ello que los findes que le tocaba guardia (la mitad), la fuéramos a buscar los tres esperándola en el coche a la puerta de su clínica, eso después de visitar el Zoo, las Ramblas o las ferias de libros que tanto me gustan, encontrándose cuando llegábamos: la cena preparada, la compra hecha y guardada, la casa limpia y la ropa cosida, planchada y colgada, etc.

    Casada y con dos hijos de uno y dos años y medio respectivamente, mi compañera pudo estudiar lo que tanto deseó durante su juventud: medicina.

    Curioso que una mujer diera el cambio al revés, de menos a más, rompiendo la regla no escrita que dice que una mujer, después del parto, su vida profesional es sacrificada por la doméstica.

    Era bonito y divertido verla llegar con libros, apuntes y amigos para preparar trabajos y exámenes. Y aun lo era más verla feliz participando de la educación de los hijos creyendo en su futuro.

 

    La necesidad obliga... o eso dicen. Y si deseas tener a tu pareja contenta, alegre y bien dispuesta, debes saber compartir lo mejor y peor de las obligaciones domésticas.

 

 

    Dos relatos en uno, dos maneras de ver el mismo problema, el primero generalista, el segundo doméstico...

    La misma solución:

    Menos normas y más educación.

 

 

LA PAJA EN OJO AJENO

 

 

    Hoy, mientras comía en uno de esos restaurantes en los que el cubierto no baja de los ciento cincuenta euros, invitado por un proveedor, claro está, he oído la conversación que mantenían dos individuos en una mesa vecina.

    En esos restaurantes es harto difícil escuchar una conversación a menos que el que la lleva tenga interés en ser escuchado por alguien. En este caso concreto el aludido no nos conocía, pero nosotros sí a él... Un famoso diseñador de ropa hablando con un financiero.

    ¿A santo de qué necesitaba montar el espectáculo?

    Se me ocurren muchas explicaciones, todas ellas tan estúpidas como plausibles, aunque la más razonable, conociendo al interfecto, sería la de provocación gratuita.

 

    La inteligente conversación se basaba en la imposibilidad de desarrollar negocios en ciertos países en vías de desarrollo.

    El individuo decía que la gran corrupción existente en dichos países hacía que comerciar con ellos fuera, económicamente, muy peligroso.

 

    En el comedor se ha escuchado una sonora carcajada, la mía... Los pocos comensales presentes han vuelto su mirada, alguno de ellos con franca sonrisa; otros, turistas ricos o ignorantes a la conversación de la pareja, han mirado asombrados a nuestra mesa. Mi amigo reía con ganas al ver sus caras, sobre todo la del individuo.

    No he respondido a su mirada, lo cierto es que la risa me podía. Mi amigo me contaba en voz baja que al personaje se le había subido la bilirrubina.

    ¿Qué esperaba después de decir a voz de grito tanta sandez?

    ¿La vergüenza ajena?

    Si eso era, conmigo no podía contar para nada.

    El personaje en cuestión vivía gracias a las antiguas ayudas de cuando gobernaba la que hoy es oposición. Ahora se habla poco de él, ahora ya no se deja ver en las pasarelas donde acudían las señoras de todos los consejeros, cuatro fotógrafos de moda y una mal contada docena de señoronas, esposas de los lameculos de turno.

    El Tripartit vigila a quien reparte el pastel. Ya no vale el que uno sea el modisto de la ex primera dama, tampoco que sus dos apellidos tengan pedigrí catalán o que alterne entre la jet de la alta sociedad, seudo progre, conservadora y con deje de posmodernidad.

    El Tripartit exige unas premisas muy distintas, tanto es así que nos hemos quedado todos sin pastel, unos por una cosa y otros por otra. Ahora todos somos igual de pobres, la diferencia radica en que, el que antes comía exclusivamente de su trabajo, apenas se ha enterado y, en cambio, el otro anda dando tumbos de financiero en financiero, cagándose en lo abandonado que tiene el gobierno al mundillo del seudo diseño con pedigrí mediático.

    Y claro... tanto el financiero como él conocían la explicación de mi carcajada, de ahí el subidón de bilirrubina.

 

    Corrupción...

 

    En los postres, al quedar solos en el gran comedor, mi amigo comenta que algo de razón tenía el idiota. Me recuerda los grandes problemas de mi socio en el  África subsahariana.

    ¿Quién le cuenta que por allí, los que más nos han robado son europeos?

    No lo va a creer.

    El africano roba poco y se le nota de lejos.

    El europeo en eso del robo es más listo, ya está a la vuelta de todo y sus necesidades son mayores.

    En África, los corruptos son gobernantes educados en Europa e instalados en el poder gracias a sus gobiernos y soldados. Son funcionarios con maletas de ayuda comunitaria o de las Naciones Unidas. Son jerifaltes de las Ongs instalados en las suites de los mejores hoteles o grandes casas de barrios occidentales.

    Pero la realidad que nadie ve es que la pobreza va a la par con la corrupción. A más corrupción, más pobreza; pero nunca al revés.

    Mi socio anda metido en un lío de grandes cultivos lo cual hace que tiemble al pesar en el follón en que puede verse envuelto. Últimamente me habla de hectáreas como si rosquillas se tratasen. Todo comenzó con dos y ya vamos por las mil quinientas.

 

    El problema no es hacer trabajar, que ganas hay y gente aun queda. El problema es que no hay carreteras para trasladar los productos, no hay gasolineras para los camiones, ni puertos donde embarcar la mercancía. Dinero sí que hay, lo da la UE sin mirar para qué o, por lo menos, sin mirar si lo que se hace es lo que de antemano se pactó. El dinero se disipa, desaparece en el interior de mil bolsillos. La carretera y puerto quedan en simple proyecto a la espera de una nueva partida y en caso que la Unión pregunte, se le responde que el dinero se ha ido con los estudios preliminares. Cuando pide ver los susodichos... entonces se dan cuenta que los han perdido, traspapelado o vete a saber lo sucedido.

 

    Pero, al hablar de este tema, mi intención era otra y muy distinta.

    ¿Qué derecho tenemos nosotros, los del mundo occidental, en hablar sobre corrupción?

    Nuestro mundo es tan corrupto como el suyo solo que el nuestro es legal y refinado.

    Es corrupto el sistema judicial desde el momento en que gran parte de los jueces incumplen su mandato con sentencias claramente injustas, aceptan testigos dudosos o directamente falsos rechazando pruebas verdaderas en infinidad de casos.

    Es corrupto el sistema sanitario cuando, por familiaridad o dinero, se interviene quirúrgicamente a personas menos necesitadas y con menos antigüedad que otras.

    Es corrupta la enseñanza en cuanto se aceptan o desechan alumnos en algunos centros por su clase social o color de la piel.

    Son corruptos los consistorios cuando exigen o aceptan sobornos para agilizar permisos de obras o recalificar territorios protegidos.

    Son corruptos los gobiernos cuando distribuyen favores o grandes sumas de dinero para ayudas innecesarias.

    Y así hasta casi el infinito.

 

    No, no tenemos ningún derecho y, menos, el individuo del que hoy me he reído.  Inútil sin las corruptelas a las que estaba acostumbrado y quejoso por la imposibilidad de trabajar con el tercer mundo a causa de ellas.

    La historia de siempre: Los occidentales solo vemos la paja en ojo ajeno.

 

 

 

INDECENCIA

 

 

    Hace tiempo que debería haber escrito sobre un tema. Lo he rehuido más por desgana que impotencia, más por no querer revolver la mierda que no saber como exponer mi pensamiento.

 

    Leo “Los diarios de Rayuela” , lo leo muy a menudo y de hace tiempo, nunca comento, hay blogs que admiten poco comentario y ese es uno de ellos.

 

    Ni falta que hace editar lo que tenía en mente, él lo hace mil veces mejor y con magnífica escritura.

 

    Repito:      “LOS  DIARIOS  DE  RAYUELA”

 

 

 

VERACRUZ O LA VERGÜENZA DEL MUNDO

 

 

    Vivimos en un mundo donde ya hace mucho que el poder perdió la compostura.

    Unos políticos asesinos y corruptos se esconden tras la palabra “democracia” para desbaratar todo el contenido humano que hay tras ella.

    Hoy vemos como sin rubor en México sucede algo muy curioso: se asesina a periodistas con total impunidad, tanta que el mismísimo Putin se ha permitido el cachondeo de decir a los presidentes de la UE que, en Rusia, tan grande e inmensa que es, se asesinan menos periodistas que en México, y de ellos nadie se queja.

 

    Está claro que donde hay tal cantidad de droga y tráfico fraudulento debe haber corrupción y crimen. Lo que horroriza es que esos estén tan institucionalizados, que no solo consentidos, por un poder incapaz de gobernar.

    Peco de inocencia, puesto que la corrupción está institucionalizada desde su mismo nacimiento. Y corrupción es crimen, no lo olvidemos.

    Dime quien niega la legalización de una mercancía de consumo y te señalaré quien está detrás de su tráfico.

    Más sencillo: Imposible.

 

    Lo cierto y peor es que dichos gobiernos son elegidos por una mayoría aunque esta sea minoritaria.

    Hay una gran cantidad de ciudadanía que hace de soporte, sea conscientemente o con calculada inconsciencia, de sus criminales estadistas. La santa iglesia: la primera, puesto que las muchas prebendas potencian su cobardía congénita.

    Dime quien puede perder más en un beneficioso cambio para la mayoría y te señalaré al más inmovilista.

    Más claro que eso: Solo el agua.

 

    Sí, es así... Pero el inmovilismo está cuajado incluso en el interior del que menos tiene, del que poco puede perder. Es el mal de nuestro mundo liberal: la esperanza de un posible futuro, una vana esperanza que, aunque lejana y muy poco probable, parece existir.

    El que poco tiene piensa igual que el que mucho tiene, pero en otro sentido y, a la vez, por el mismo proyecto: Su bienestar.

    El primero por su posible conquista y el segundo por el miedo a perderla.

 

    ¿Quién queda?

    El que pierde, el que va a contracorriente, el que avisa al que poco tiene y le demuestra que, de seguir apoyando el sistema, como máximo mantendrá su status.

    Pero este no deja la piel, no es la víctima porque está ya dentro del sistema y, todo lo más, será un pequeño estorbo al que se absorberá por un plato de lentejas.

    La lotería es el último recurso de la pobreza al creer tener la posibilidad de llegar a ser lo que nunca será.

 

    ¿Quién deja entonces la piel?

    El que denuncia e intenta enseñar al hombre a ser lo que es, el que fuerza a abrir los ojos y dice lo que se debe sentir y no a aspirar. A este le arrancan la piel a tiras, lo asesinan y persiguen por la sencilla razón que su espíritu no se compra con un plato de lentejas, no se deja engañar por una vulgar primitiva. Con ese solo queda una opción y el sistema la conoce de sobras.

 

 

    Para más información: El enlace que mi amiga gata ha tenido a bien prestarme.

 

 

    Escribo escuchando Arabesque de Jane Birquin, una música para limpiar el alma.

 

JUAN PALOMO

 

 

    Hace poco, un conocido político socialista me comentaba lo mal que iban las cosas entre el gobierno de la Generalitat y el central. Me confesó que en su partido, el PSC, cada día era más fuerte la corriente que deseaba el divorcio con el PSOE, tan fuerte que, de seguir así, la rotura era inevitable dentro de esta misma legislatura.

    ¿Qué ha tenido que ocurrir para que las cosas hayan llegado tan lejos?

    Hoy leo que la vicepresidenta habla diariamente con Montilla.

    ¿De qué pueden hablar dos personajes a los que solo les une una ideología completamente ambigua?

    Es de suponer que se preguntan cómo salir del atolladero en que ellos solitos se metieron.

    Mientras, en el Congreso, los diputados catalanes están ensayando el divorcio a base de abstenerse en algunas votaciones.

    Hablo con infinidad de personas del resto de España. No saben nada, no tienen idea de lo que ocurre. Lo único que saben, eso sí, es que el catalán es excluyente, que los catalanes pedimos más de lo que nos toca, que el resto pagan los lujos que disfrutamos aquí y bla, bla, bla...

    En Catalunya nadie habla de exclusiones, nadie en su sano juicio piensa en chorradas de este tipo. No se preguntan si deben ser dos o tres las horas de lengua española obligatorias en las escuelas.

    Todo el mundo sabe que los escolares catalanes tienen la misma poca comprensión del idioma de Cervantes que los del resto de la Nación. Saben que el problema no es ni ha sido nunca el emigrante del interior de España, que el problema es el hijo del emigrante eslavo, chino, turco, marroquí, indio, ghanés... y los sesenta más que están catalogados, eso todos lo saben.

    El castellano parlante se siente cómodo y nada extraño en una inmersión lingüística que puede ser de todo menos agresiva y excluyente. Mis hijos hablan más horas en castellano que en catalán con sus amigos, cuando debería ser todo lo contrario y eso no es ninguna excepción.

    Mientras en el resto de España se habla de esas zarandajas, aquí se descubre que el gobierno central no solo incumple con sus compromisos estatutarios, sino que sigue haciendo caso omiso a los anteriores.

    De pagarse la deuda que se tiene con la Generalitat, podría construirse una autopista gratuita a todo lo largo del país, con túnel incluido en el valle de Arán, con el sobrante se podrían liberar las autopistas de pago y renovar las líneas de Cercanías. Pero no, no solo no pagan lo que deben sino que, encima, no construyen los proyectos aprobados hace un año a falta del último papel de Fomento.

    El catalán medio está harto que le hablen de problemas idiomáticos y estupideces solidarias.

    Está harto que un partido político chulee el haber denunciado catorce artículos estatutarios idénticos a los que defiende en Andalucía.

    Está harto que dichos políticos den la excusa que la españolidad de los andaluces es de más fiar que la de los catalanes, como si de un país ocupado y castigado se tratara.

    Está harto que ciudadanos tanto de derechas como de izquierdas les rían la gracia y den la razón a tan sin sentido.

    Y eso lo saben sus políticos que deben torear con el problema, lo saben tanto que empiezan a sacar cuentas de lo que cuesta seguir haciendo el idiota en el Congreso de los diputados salvando la cara a unos mentirosos, para que después se la partan a ellos en su tierra.

    El Estatut es de imposible cumplimiento como lo será el andaluz, pero no por la falta de dinero para inversiones ya que estas están basadas en algo ya cobrado. Dichos estatutos solo serían posibles en una federación de Estados soberanos y eso, hoy por hoy, no es posible ni conveniente.

    Hace tiempo, Maragall llamó la atención sobre el cansancio y alejamiento de Madrid ante el mal llamado y creado artificialmente: “problema catalán”.

    Hoy es el ciudadano catalán el que se aleja de España. Lo que nadie pensaba o creía que ocurriera está a punto de suceder, solo falta un empujón de la izquierda catalana ayudado por otro de su derecha, para que se rompa el equilibrio y los socialistas se desmarquen a la fuerza y definitivamente de su proyecto nacional. Otro empujón más de la ultraderecha española y la rotura nacional será definitiva e imparable.

 

    La España de Juan Palomo: “Yo me lo guiso, yo me lo como”

 

 

PERIODISMO Y CORRUPCIÓN

 

 

   Durante la dictadura, si deseabas estar informado debías leer más de un periódico, hacerlo muy atento y entre líneas, con cuidado y poco a poco...

   Aprendí eso de muy joven. Tanto mi tío como mi padre, me enseñaron a leer los periódicos de la época.

   En aquellos tiempos aprendimos a creer con demasiada fe, creo yo, lo que decían algunos articulistas casi en clave. Esos se las ingeniaban para explicar una determinada noticia internacional, una corriente política, un cambio de postura europea hacia el régimen español... de manera que no lo notaran los censores.

   Tiempos de desagravio interior a los ataques del conturbenio judeo-masónico.

   El periodista hacía de notario de la vida política.

 

   Hoy vemos como esta costumbre ha seguido desarrollándose al consolidarse el régimen democrático.

   ¿Por qué ocurre eso?

   Podría ser que el ciudadano, harto del descrédito de los políticos, de la mentira profesionalizada y descaradamente reconocida, se ha refugiado otra vez en los medios de comunicación bajo la creencia que, al ser públicos y en su mayoría escritos, deben decir la verdad.

   Ante la desfachatez de los políticos, solo cabe informarse lo mejor que se pueda con la lectura, o abstenerse de participar en la vida política.

   El problema es que el periodismo ha caído ya en las fauces de las grandes corrientes políticas y financieras. Apenas quedan periodistas independientes, sobre todo en el segmento de opinión.

   ¿Cómo va a ser independiente el periodista de un gran medio?

   El gran medio es grande gracias al poder económico que lo crea y sustenta. Y este siempre quiere que su inversión de los frutos y siga los dictados para los cuales fue creado.

   Creer lo contrario es de una inocencia tal, que raya el suicidio de la propia inteligencia.

 

   En periodismo, como en cualquier otro ramo, la investigación es lo más oneroso, oneroso porque precisa de muchos medios y grandes dispendios que abran las puertas de la información buscada.

   El resultado de dicha investigación casi nunca es económicamente rentable. El periódico que descubre una información explosiva no aumenta significativamente las ventas.

   Entonces... ¿Quién paga? ¿A quién le interesa? ¿Para qué se utiliza?

 

   El listo es utilizado cobrando.

   El tonto lo es sin cobrar una mierda.

   Y el lector lo es pagando, o sea... el más tonto de todos porque, encima, cree lo que lee.

 

     (Este tema es personal pero a partir de una idea extraída del excelente blog de Nessemu )

 

EL ESPACIO Y CHINA

 

 

  Hace bastantes días, una noticia aparentemente sin importancia pasó desapercibida:

  Un misil chino destruyó, con absoluta precisión, un vetusto satélite de la misma nacionalidad.

  Tuvieron a bien no avisar a nadie, ni falta que les hacía. El problema viene dado porque hace menos de un año, el señor Bush, el cual podría haberse callado, dijo que los EEUU se arrogaban el derecho de negar el uso del espacio a quien considerasen oportuno. Vamos... que venía a decir que el espacio era suyo y si alguien no le caía bien, le destruiría sus satélites.

  Como es harto dudoso que Cuba, Venezuela o Irán, se dediquen a instalar satélites en el espacio, es de suponer que el mensaje iba a otro destinatario.

  De todos es sabido la estupidez del señor Bush. Todo el mundo sabe que Rusia puede mandar mísiles para destruir satélites. Un país que ha mandado satélites a Marte puede muy bien destruirlos aquí al lado. Francia, aunque a la chita callando, dispone de la misma o superior tecnología. Un cohete francés, con puntería envidiable, mandó un pepino europeo a un cometa lejano haciéndole, de pasada, un buen agujero. Ciertamente muy pocos pueden hacer eso.

  Entonces... ¿A quién iba dirigido el mensaje?

  A Corea del Norte tampoco. Nadie cree que sea capaz de mandar un misil más allá de Japón con mediana puntería, como tampoco que su ambición sea el instalar satélites por esos espacios de Dios.

  Parece que los chinos, con su acostumbrada delicadeza, le han dicho al señor Bush, que no, que el espacio también es de ellos y que si se le ocurre destruir su mal contada docena de satélites operativos, ellos pueden, muy bien, dejarlo con el culo al aire y sin tele de predicador barato.

 

  Y repito. La noticia no tiene aparente importancia, pero sí, es bastante más importante de lo que parece.

  A partir de ahora, eso de mandar satélites espías sobre un país que no es el tuyo, tiene los días contados, y el imperio, sin esta información, es un gigante con pies de barro.

  Los mísiles con los que se bombardea a un enemigo, son guiados por satélite, los aviones que se envían para actuar sobre un ejército contrario, son dirigidos por satélite. Incluso las bombas inteligentes son dirigidas también por ellos. Pero antes, otro satélite ha debido fotografiar los objetivos. Sin toda esa parafernalia sateril, los EEUU se convierten en un país normal y corriente, y su superioridad tecnológica, en cuanto a armamento se refiere, queda tremendamente limitada.

  Eso lo saben los chinos, también los rusos y, por descontado, los mismos norteamericanos, que ven atónitos como el ejército más grande del mundo, no puede terminar saliendo victorioso de lugares tan cutres como Irak o Afganistán.

 

  Habrá que cambiar las relaciones internacionales como también la manera de tratar la lucha contra el terrorismo. A este no se le vence invadiendo naciones ni paseando prepotentemente submarinos y portaaviones. Ese tiempo ha pasado y deberemos ser más cautos con ello.

  El equilibrio mundial está cambiando y no precisamente despacio. Es peligroso no darse cuenta de ello, sobre todo, cuando una nación, la más poderosa del mundo, siente que su influencia merma día a día y es gobernada por un nuevo tipo de oligarquías familiares, como el imperio romano, solo que ya no existe la esclavitud y allende sus fronteras no hay bárbaros.

  Y es que un subnormal alcohólico gobierne una nación como la norteamericana, solo por ser hijo de un expresidente héroe de guerra, se parece mucho a la antigua Roma y sus tiranillos esquizofrénicos, o a la antigua monarquía española... y no sigo.