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UN GATO EN EL BALCÓN

DECRECIMIENTO 2º




    Los gobiernos hace tiempo que mueven sus hilos para conseguir combustible biológico, y es evidente que sus esfuerzos no han conseguido, hasta ahora, el resultado apetecido.
    Los combustibles biológicos son demasiado distintos los unos de los otros y estandarizarlos es actualmente imposible.
    Desde el bioalcohol hasta el biodiésel hay multitud de variantes, algunas más limpias, productivas o prácticas que otras, densas o líquidas, más calóricas o menos. Cada zona del mundo cultiva la suya con distinto éxito. En Norteamérica, grandes extensiones de cultivos abandonados se han preparado para producir maíz, y se espera que, pronto, el gobierno obligue a las petroleras añadir bioalcohol en los carburantes fósiles.

    Hace bastantes años que las grandes compañías dejaron de invertir en nuevas refinerías, como si esperaran lo que está sucediendo. La inversión necesaria para montar una de nueva es gigantesca, tanto es así que de no ser por las ayudas y presiones recibidas, las destruidas en la Lousiana no se hubieran reconstruido nunca.
    En España, y por el mismo motivo, se están adaptando grandes extensiones para producir remolacha.
    Lo que nadie dice es que el previsible aumento de la demanda, es muy superior a lo que se puede generar sin destruir la producción de alimentos y piensos.

    Hace días hablaba en otro tema de la Jatropha, la planta de la que se espera un milagro.
    El cultivo de la Jatropha es muy sencillo, las plantas son altas, en estado salvaje crecen en forma de arbusto, pero una vez esculpidas por podadores, pueden convertirse en pequeños árboles de cinco a seis metros. Regeneran el suelo de donde se cultivan, pudiendo incluso sembrar bajo ellas, y necesitan muy poca agua, menos de la que cae en el desierto. De las últimas semillas que los laboratorios han producido, salen unos arbustos que, a los dos años, producen nueve kilos de semillas, de las que se obtiene un sesenta por ciento de aceite combustible. En caso de regarlas con mínimo goteo en determinados momentos del año, la producción se cuadriplica.
    Por tanto nos encontramos con una planta que, para cultivarla no es necesario abandonar la producción de alimentos, que regenera el medio ambiente con fotosíntesis en lugares donde nadie lo esperaba, y convierte grandes zonas áridas en cultivables.
    La semilla de la Jatropha, aparte de poseer una gran capacidad calórica, tiene la ventaja de poder ser utilizada directamente después del prensado y un fácil refino. La instalación llega en bloque introducida en un recuperado contenedor de transporte, es barata y de sencillo manejo. Por tal cosa, el único problema es que la riqueza generada no da ningún fruto a multinacionales, estados y chupópteros gubernamentales y religiosos. 

 

    Los economistas consideran que África cambiará con la llegada de los frigoríficos, el problema reside en que es necesaria una producción eléctrica, y esta puede llegar de la mano de la Jatropha.
    Es habitual ver en muchos poblados africanos, electrodomésticos de deshecho enviados por los países ricos. Dichos electrodomésticos aun funcionan con gases nocivos para el ozono o consumen mucha energía, y para ponerlos en funcionamiento dependen de pequeños generadores movidos con combustible fósil. Y es que los países ricos, al potenciar el cambio de electrodomésticos para salvaguardar el medio ambiente, han creado un mercado de segunda mano.
    Vamos... una manera muy típica de vestir un santo.

    Pero... por un momento imaginemos que el invento funciona, que los miles de poblados que hoy se están deshabitando vuelven a enriquecerse, a poblarse de agricultores, ganaderos y pequeños artesanos. No olvidemos que una riqueza, aun pequeña, atrae de nueva. Y si un poblado aumenta su población y riqueza, no pasará mucho tiempo sin llegar la primera tienda de electrodomésticos, el primer mecánico, los automóviles, el ambulatorio, etc.
    La primera producción de aceite se destinará al consumo privado, pero a los dos años, cuando las plantas lleguen a su máxima producción y se hayan plantado nuevos campos, servirá para alimentar el crecimiento del poblado.

    Crecimiento... el mismo problema de siempre, y esta vez absolutamente demográfico.
    La riqueza crea crecimiento y, este, una más que previsible asfixia.

    Conseguir que África sea productiva y rica, pasa por mantener un férreo control de la natalidad y que sus habitantes no la abandonen, que vuelvan a trasladar su vivienda a los poblados de donde salieron, y que dejen de poblar chabolas en las grandes ciudades.

    Para que ello sea posible, la UE dispone de fondos de ayuda que van, en su mayoría, a engrosar los bolsillos de una minoría consumidora de productos occidentales.

 

 

DECRECIMIENTO 1º

 

 

    El decrecimiento es una opción, una manera de vivir, más que una corriente ideológica o económica.

    La palabra decrecimiento ya da a entender de lo que hablamos: decrecer en cambio de crecer.

    La sociedad actual no puede concebirse sin el crecimiento, a mayor tasa de él, mayor felicidad. Pero es impensable creer que puede seguir creciendo eternamente, Y es indudable que hemos llegado a un nivel, que hace indispensable y urgente poner en práctica lo contrario.

    Hay economistas que, con razón, dicen que la economía global está basada en la dilapidación del futuro. No contabilizamos el coste del desgaste del planeta sobre el precio final del producto. Por poner un ejemplo: un kilo de naranjas producidas en Valencia tienen un precio asumible por el coste que representa su explotación, transporte y consumo. Un kilo de las mismas naranjas llegadas de Chile, por muy baratas que se adquieran en origen, su coste es muy superior al de las anteriores, que no se paga cuando se compran, un coste de utilización del planeta. No se trata sólo de valorar lo que cuesta un litro de petróleo, sino los residuos emitidos por el reactor que las ha transportado, etc.

 

    Hace muchos años, las poblaciones indígenas contabilizaban los costes que representaban sus acciones políticas o económicas sobre la séptima generación. Hoy, de hacerlo, nos encontraríamos que deberíamos pagar un kilo de naranjas chilenas a cien euros lo menos, un litro de gasolina a doce... y así, al no poder pagar tal factura, ahorraríamos naturaleza, deberíamos trabajar en lugares cercanos a fin de llegar andando o en bicicleta, utilizaríamos mucho más el transporte público, el cual ya no se movería con combustibles fósiles, la electricidad sería carísima y solo utilizaríamos con sumo cuidado, la que nos abastece la naturaleza sin necesidad destruirla.

 

    Hace unos días, leyendo un artículo sobre la recogida de basuras en El Cairo, me di cuenta del gran contrasentido... Un barrio entero, el cristiano, viviendo del reciclaje intensivo. Los empresarios reconocían que se reaprovechaba el noventa por ciento de la materia: las bolsas de plástico, una vez trituradas, eran exportadas a China para producir poliéster, las basuras orgánicas se convertían en abono, etc. Todo eso en unas condiciones de insalubridad tremendas. Pero es la única solución que queda, el tratamiento global e intensivo de nuestros desperdicios. Y a más desperdicios creados, más impuesto para asumir su reciclaje... o sea: el liberalismo en su máxima potencia, un liberalismo que probablemente ayudaría a no producir tanta basura.

    Pero no, el articulista daba a entender que el tratamiento de los desperdicios de El Cairo, se había solucionado contratando empresas europeas, las cuales habían hecho grandes agujeros en el desierto para abandonarlos en ellos.

    Genial, me digo, volvemos a crear una gran Nairobi, con todo un barrio trasladado a sesenta kilómetros de distancia, viviendo en chabolas de hojalata, sin agua, luz y sanidad para poder malvivir y reemprender su actividad típica.

    Mal asunto la solución encontrada.

    Hoy, los habitantes del barrio cristiano pueden seguir respirando tranquilos puesto que el ayuntamiento no paga a las empresas y estas se están largando de Egipto.

    Típico de África... la solución llega gracias al problema o viceversa.

 

    Soluciones ultra liberales para problemas igual de liberales.

 

    El ciudadano con gran capacidad económica también es el que más consume y, por tanto, el que más desperdicios produce; el ciudadano que gasta más agua es el que posee piscina y un gran jardín.

    En mi tierra el agua se paga según unos baremos muy estrictos, de esta manera se ha conseguido desperdiciar muy poca. El tratamiento económico de los desperdicios debería seguir el mismo camino, de manera que el consumidor pagase el proceso de aprovechamiento.

    A mayor crecimiento, más facilidad en cambiar de coche.

    ¿Qué hacemos con el que desechamos?

    Va a la chatarrería gracias a mogollón de ayudas económicas.

    Pues no debería ser así, los coches deben durar más y, de ser contaminantes, retirarlos de la calle.

    No se debería premiar el consumo, sino todo lo contrario.

 

    Eso, para mí, es el decrecimiento.

 

 

UNA DE ESTÚPIDOS

 

 

    Quince marines británicos fueron detenidos en aguas supuestamente iraníes. Pasado un tiempo, y después que casualmente sean liberados cinco políticos iraníes “raptados” por soldados norteamericanos, han sido “perdonados” con gran despliegue de medios informativos.

 

    Está claro que en la Gran Bretaña nadie quiere una guerra con Irán, y más sin saber el final que podría tener. El primo norteamericano ha dejado de ser fiable.

    El gobierno británico, después de las mentiras con respecto a la historia de las armas de destrucción masiva, ha perdido toda credibilidad frente a su ciudadanía, tanto es así que, en el Reino Unido se cree más, con respecto a lo de las aguas territoriales, a Ahmadinejad que a Blair, sobre todo después de apreciar el trato recibido por los marines británicos, en comparación con Guantánamo o Abu Ghraib... Vamos, que no han recibido descargas eléctricas en sus genitales, que la soldado Turner no ha sido violada por perro alguno y que se los ha visto fumando con evidentes signos de relajamiento.

 

    Irán no es Irak, hace frontera con Turkmenistán y Azerbaiján dependientes de Rusia, y esta le tiene ganas a británicos y estadounidenses.

    China tiene un especial interés en acercarse a los países árabes, y está invirtiendo miles de millones en África. Un descalabro anglo-norteamericano en Irán no le vendría nada mal, y no le supondría ningún esfuerzo mandar suministros a los iraníes.

    Además, Irán tiene casi mil kilómetros de frontera con Afganistán, manteniendo neutralidad en la guerra con los talibanes.

    Lo de Vietnam sería una chiquillada comparado con esto.

 

    Sería impensable que en una posible confrontación se utilizaran armas de destrucción masiva, pero en cambio, de no hacerlo, la derrota estaría cantada de antemano. Rusos y chinos no aceptarían un ataque de tal envergadura, y de ser así, seguro que mandarían armamento de parecidas características a los iraníes, montándose la de Dios es Cristo.

 

    De toda esta historia ha salido un claro vencedor: el presidente iraní Ahmadinejad, que con su tira y afloja ha demostrado no ser tan malo como lo pintan los periódicos occidentales, a los tontos, claro, pero... ¿Cuántos de estos hay en occidente? Ahora mismo, muchos. Como también ha conseguido salir reforzado cara a las próximas elecciones presidenciales, en las que su posición perdía constantemente enteros a causa de la crisis económica.

    Los británicos, por su impericia y prepotencia militar, han hecho que al moderado Jatami, próximo a los intereses occidentales, le sea muy difícil recuperar el gobierno de su nación. Y, de conseguirlo, estaría obligado a seguir la misma política de enfrentamiento.

 

    Una historia de estúpidos, de megalómanos que ya no saben como salir del atolladero en que se metieron, de dirigentes borrachos de alcohol y poder...

 

    Y aquí... aun hay gente que se queja de que hayamos salido a tiempo de Irak.

 

    Vivir para ver.

 

 

SANTIFICANDO

 

 

    Santifican al papa Wojtyla y me río con ganas. Esos, por llenar las arcas han perdido la poca decencia que les quedaba.

    Periódicamente aprenden la lección y lo escogen más anciano, no por nada especial ni por su posible capacidad intelectual, sino porque duran menos y dan poca guerra al aparato del estado pontificio.

    Wojtyla es santificado y colas de kilómetros de fieles medio histéricos pasearán por su capilla para besar cualquier recuerdo, dejarán miles de millones en la caja del Vaticano y todos tan contentos, los unos y los otros.

    Es divertido y me río, hemos de aprovechar el espectáculo, porque con los tiempos que corren eso puede durar muy poco.

    ¿Cómo van a santificar un mártir republicano por defender la libertad de sus coetáneos, o un cristiano por salvar a cientos de judíos del holocausto?

    Estos no dejan dinero en el Vaticano y menos si este último solo salvó a judíos o gitanos.

 

    Bromas fuera... Ahora en serio.

    Bajo este punto de vista podrían elegir a Rouco como próximo papa, y este, una vez en la poltrona, ir adelantando papeles para santificar a Aznar, así, una vez muerto, no tendría que esperar demasiado.

    ¿Se imaginan a los peperos del futuro haciendo cola para besar su pañuelo, rezando para que se haga el milagro y la conspiración salga de una vez por todas a la luz?

    ¿A que no?

    Pues yo si, y solo de pensarlo me destornillo.

 

 

INTELIGENCIA

 

 
    Estamos salvados.

    El cambio climático tiene sus días contados. Ya podemos seguir emitiendo CO2 a la atmósfera.

    Rouco a pedido a todas las iglesias que eleven preces pidiendo a Dios que mande lluvia.

 

    ¡La leche!

    Tanto tiempo pasando sed y nosotros... sin ir a la iglesia. De saberlo, eso ya estaría arreglado hace tiempo.

 

    Me pregunto si Rouco eleva también al cielo plegarias para que los terroristas abandonen las armas... O igual no lo hace por temor a que también las abandonen los americanos, y esto seguro que no entra en su guión.

    Y es que con Dios no se juega, que igual de tanto pedir te sale el tiro por la culata.

 

    ¡Viva la inteligencia!

 

 

HABLANDO DE ESPERANZA

 

 

 

 

    Este tema lo abro como respuesta, opinión y agradecimiento por los magníficos comentarios realizados en el tema: “Vana esperanza”.

    La intención primigenia era escribir un comentario de respuesta y agradecimiento, pero al irse alargando he creído necesario abrir otro para dar continuidad a aquel.

    Espero que me sabréis perdonar por la reiteración, creo que valía la pena.

 

    En Francia, país admirable por su vanguardismo en infinidad de cosas, se emitió hace poco un documental titulado “Los espigadores y la espigadora”. Lo vi en Cinematk en francés subtitulado. Dicho documental trata de la historia de los modernos espigadores, los urbanos.

    Para el que no sabe de que hablo, diré que se llaman espigadores a aquellos que van detrás de las máquinas o jornaleros recogiendo lo que a estos se les cae o desechan.

    Los espigadores urbanos visitan a primera hora los grandes mercados de abastos y recogen las sobras del día. Los espigadores modernos también recogen objetos, y solemos encontrarlos rebuscando en el interior de los contenedores de basura utensilios de variopinta manufactura, antiguos o actuales... da lo mismo. Instalándose más tarde alrededor de los mercados con mantas en el suelo, sobre todo en los mercados de segunda mano: el Rastro madrileño, los Encants barceloneses...

    No conozco el origen del nombre de “El Rastro”, el de los “Encants” se le supone, ya que a mi me encantan. En París son preciosos y se llaman: “Les puces” (las pulgas), y viene de los antiguos traperos de la ciudad, evidentemente cargados de pulgas.

    Encantadores... Siempre he sentido fascinación por los mercados de segunda, de tirado...

 

    Con Joan disfruto entrando en casas ruinosas donde las ratas se comen trapos y antiguos manuscritos. Nadie puede imaginarse lo que hemos llegado a encontrar en estas ruinas, bajo escombros, alfombras de excrementos, bajo tierra... y no sigo.

    Antiguas cartas marinas, bocetos de buenos pintores a lápiz o carbón, una colección de discos de piedra con gramófono incluido, objetos de uso diario de plata, bronces, espejos y tapices maravillosos del siglo IXX... y no sigo.

 

    Son llamados los nuevos espigadores cuando se deberían llamar recicladores. Son perseguidos por la policía, supongo que por competencia desleal sobre los que pagan impuestos, cuando deberían ser apoyados por el servicio que ofrecen a la sociedad.

    Utensilios sobrantes que, una vez rechazados y arrojados a la basura, son recuperados y vueltos a utilizar gracias a manos expertas y sin asco. La antítesis de la sociedad de consumo... me encanta.

    Hace poco a Cheli le regalé por su aniversario una colección de antiguos aparatos de medir la presión. Se volvió loca revisándolos y arreglándolos hasta que volvieron a funcionar.

    - ¿Dónde encontraste esta maravilla?- Preguntó-

    - Un tío que conozco y que para al lado de los Encants-

    - Parece mentira... ¿De dónde sacará estas cosas?

    Y claro, no se lo conté.

    ¿Cómo iba a decirle que, después de enrollarme con él, me confesó que las encontraba en los contenedores del Hospital de Sant Pau?

    Sus colegas, buen amigo alguno de ellos, de vez en cuando hacen limpieza.

 

    Luna habla que antes casi no existían basuras porque se aprovechaba mucho o se hacía buen uso de las sobras. El señor de Portorosa dice que en su pueblo aun pasa el basurero recogiéndola portal por portal. Tiene suerte. Lo que daría por vivir en un pueblo como el suyo... En Catalunya hace años que, eso, no se ve ni en los pueblos más pequeños.

 

    En Alemania se vuelven a recuperar los envases de vidrio, mientras, aquí no paran de instalarse contenedores para recuperar su materia prima. En Norteamérica hace mucho que se estila hacer la compra con bolsas de papel reciclado, papel Kraft para ser más exactos. En California dicen que van a prohibir las bolsas de plástico... Aquí, para variar, siempre vamos con algún retraso.

 

    Mi socio anda loco intentando que se cultive Jatropha en pleno desierto, dice que es el futuro. Para mí que el futuro, de llegar, es gastar poco y utilizar energía solar y eólica. Nada hay más natural y eficaz que esto.

    El problema del biodiesel es su alto costo.

    Para un aldeano senegalés sale más barato pagar un litro de gasoil que cultivar y exprimir aceite del piñón de la Jatropha. Para el gobierno senegalés lo mismo ya que del gasoil saca impuestos y a la Jatropha hay que financiarla, una diferencia considerable.

    Mi socio desea que algunas aldeas sean energéticamente autosuficientes, ya que no llega la electricidad, y para cocinar deben quemar una madera que no tienen.

    El aceite de la Jatropha funciona igual que el diesel y muchos motores no necesitan adaptación para ello, además la Jatropha convierte verde el desierto, regenera y enriquece la tierra, ayudando a crear un microclima húmedo.

    Vamos... que es la leche.

    Mi socio es un hombre de grandes ideas, pero temo que necesitará algo más que grandeza para doblegar la naturaleza depredadora del ser humano, sobre todo la de la clase dirigente africana, que no verá con buenos ojos cientos de poblados autosuficientes, y la imposibilidad futura de pedir remesas para, supuestamente, alimentarlos.

 

 

 

 

FASCISMO ESPAÑOL

 

 

 

 

     No era mi intención introducirme es esta refriega. Todos los que me conocen saben lo que pienso sobre el partido de ultraderecha español, pero si hay algo que me sabe mal, que hace que me preocupe, es la inopia en la que anda metida una gran parte de la ciudadanía, la absoluta confianza en la bondad y sinceridad de una gente que no tiene conciencia.

 

    Porque estamos hablando de un partido político cuyos mandos han despreciado hasta lo indecible todo lo que no es pensamiento único, lo desprecian con descaro hasta el punto de crear desasosiego.

 

     Hace muchos años un partido usurpó el poder en Italia, un partido que algunos creían demócrata. Comenzó por prohibir la lectura y difusión del pensamiento contrario.

     No es el caso por la razón que el partido del que antes hablábamos no gobierna, pero la similitud de sus maniobras, de sus mensajes, es tremenda.

     Ahora ha decidido unilateralmente boicotear todo un sistema informativo, el más grande de España y para no ser menos, también ha decidido boicotear a la CNN por sus contactos.

     ¿Y si mañana gobernasen, qué paso sería el siguiente?

     ¿Perseguir a los quiosqueros? ¿crear grupos de iluminados que los marquen con una cruz? ¿insultar a sus lectores por la calle?

     Todo llegará, solo es cuestión de tiempo. Ya vimos lo que hicieron sus militantes con los supermercados que vendían cava.

     Sí, así es por mucho que no queramos verlo. Paso a paso, sin darnos cuenta, como las “grandes” manifestaciones de a cuatro peperos por metro cuadrado. La similitud con la propaganda goebeliana cada día se hace más patente, la de los medios, la de la iglesia que una vez más toma partido por lo más tenebroso de nuestra mente.

 

     Me dirán exagerado, claro.

 

     El problema no son los dirigentes de dicho partido, hombres de pasado oscuro, miembros de sectas secretas y ex militantes de la ultraderecha más reaccionaria de nuestra transición. No, esos no serían nada si no fuera porque en el país hay nueve millones de individuos que los votan.

     Los votantes del PP ya no pueden ignorar el carácter retrógrado, fascista y sanguinario de sus dirigentes. Lo de Irak, lo de la mentira y posterior utilización del 11M, lo esperpéntico del pedrusco de Perejil, las mentiras del Yak, su obsesión en malignizar todo lo que no está escrito en el idioma imperial...

     No, de ninguna manera, la realidad es que el votante del PP es un seudo fascista que quiere convertir la mentira en verdad, que desea ser dirigido sin necesidad de pensar, que preferiría mil veces no tener la necesidad de votar... Eso es el votante del PP: un hombre al que le da lo mismo la conservación del paisaje y de su tierra con tal que le recalifiquen la parcela, con tal que le rieguen el jardín con el agua de su necesitado vecino...

 

     Y no señores, eso no es ser conservador, eso es ser facha asqueroso y Polanco tiene razón .

     Ser conservador solo es pretender que aun vayamos con picos y palas, que a nuestros hijos les enseñen más catecismo que matemáticas, que les cuenten que España es una e indivisible, que en época de Cuaresma se encierren a las putas y que la investigación con células madre sea pecado. Pero, eso sí, que con las recalificaciones puedan mandar a sus niños a estudiar a Harvard y, de enfermar, curarse en Houston.

 

 

     Y un inciso a mi formidable maestro:

     Hoy escribo “eso” por desprecio y redundo porque quiero.

 

 

VANA ESPERANZA

 

 

    Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

    Nada es peor que las ideas preconcebidas, que las reglas y protocolos con los que intentamos regir nuestra mente, porque la esclavizan como cualquier religión.

 

    Hablamos de comercio, industria y consumo sostenibles, nos llenamos la boca con la palabra de moda, la más progresista: sostenible.

    Mientras, consumimos cerezas de Chile, espárragos chinos o peruanos, manzanas y kiwis neozelandeses, etc. Y digo etc. porque cada mes descubrimos un nuevo sistema para crear falsa riqueza, dependencia y otro alarde consumista.

    No es necesario consumir frutas fuera de su temporada, porque disponemos de otras tan buenas como aquellas. Los países productores se benefician con ello pero de manera falsa y a corto plazo. Los empujamos a una dependencia económica basada en el esnobismo de un consumidor que se halla a diez o veinte mil kilómetros. Y eso no es todo, puesto que la energía y el empaquetado necesarios para tan largo viaje es inmenso.

    Quien sabe el petróleo que cuesta un kilo de fresones surafricanos en el mercado de Londres y la cantidad de desperdicios y embalaje que ocasiona.

 

    Hace unos días, a mi compañera le regalaron una caja de bombones... tiritas de chocolate envueltas en plástico metalizado de colores y en una caja trasparente, envuelta a su vez con una funda de celofán. Esta caja llega a los supermercados envuelta en paquetes y con soportes de fibra de madera para que no se aplasten unas con otras. Los paquetes están envueltos con cintas de plástico trasparente, y se transportan en unos palets fabricados a propósito para extraerlos de los contenedores que llegan del centro de Europa.

    El cacao llega por vía marítima y, después de seis mil kilómetros, desembarca en el puerto de Amberes para seguir en grandes camiones hasta Suiza.

    El embalaje se fabrica en Marruecos, ya que el estricto control sobre el medio ambiente impide hacerlo en Europa. Eso sí, con gran coste energético y gracias a las toneladas de residuos europeos que importan las empresas de la Unión radicadas allí.

 

    Dicen que la esperanza es lo último que se pierde...

    Pero aunque el próximo decenio, la mitad de la población consumidora se pusiera las pilas y cambiara radicalmente sus hábitos de consumo, el mal es irreversible y el planeta está condenado.

 

    Dicen que la esperanza es lo último que se pierde...

    Pero cuando vemos que el gran depredador planetario ha descubierto el sistema para evitar su dependencia a los carburantes fósiles, alucinamos. Porque la solución que ha encontrado es convertir la selva amazónica en una Lousiana, donde hizo desaparecer miles de kilómetros cuadrados de selva autóctona como si tal cosa.

 

    Dicen que la esperanza es lo último que se pierde...

    Pero nunca un sistema económico, la globalización, habrá durado tan poco, ya que por él y sus defectos, el hombre ha destruido el sostenimiento del planeta.