DECRECIMIENTO 2º
Los gobiernos hace tiempo que mueven sus hilos para conseguir combustible biológico, y es evidente que sus esfuerzos no han conseguido, hasta ahora, el resultado apetecido.
Los combustibles biológicos son demasiado distintos los unos de los otros y estandarizarlos es actualmente imposible.
Desde el bioalcohol hasta el biodiésel hay multitud de variantes, algunas más limpias, productivas o prácticas que otras, densas o líquidas, más calóricas o menos. Cada zona del mundo cultiva la suya con distinto éxito. En Norteamérica, grandes extensiones de cultivos abandonados se han preparado para producir maíz, y se espera que, pronto, el gobierno obligue a las petroleras añadir bioalcohol en los carburantes fósiles.
Hace bastantes años que las grandes compañías dejaron de invertir en nuevas refinerías, como si esperaran lo que está sucediendo. La inversión necesaria para montar una de nueva es gigantesca, tanto es así que de no ser por las ayudas y presiones recibidas, las destruidas en la Lousiana no se hubieran reconstruido nunca.
En España, y por el mismo motivo, se están adaptando grandes extensiones para producir remolacha.
Lo que nadie dice es que el previsible aumento de la demanda, es muy superior a lo que se puede generar sin destruir la producción de alimentos y piensos.
Hace días hablaba en otro tema de la Jatropha, la planta de la que se espera un milagro.
El cultivo de la Jatropha es muy sencillo, las plantas son altas, en estado salvaje crecen en forma de arbusto, pero una vez esculpidas por podadores, pueden convertirse en pequeños árboles de cinco a seis metros. Regeneran el suelo de donde se cultivan, pudiendo incluso sembrar bajo ellas, y necesitan muy poca agua, menos de la que cae en el desierto. De las últimas semillas que los laboratorios han producido, salen unos arbustos que, a los dos años, producen nueve kilos de semillas, de las que se obtiene un sesenta por ciento de aceite combustible. En caso de regarlas con mínimo goteo en determinados momentos del año, la producción se cuadriplica.
Por tanto nos encontramos con una planta que, para cultivarla no es necesario abandonar la producción de alimentos, que regenera el medio ambiente con fotosíntesis en lugares donde nadie lo esperaba, y convierte grandes zonas áridas en cultivables.
La semilla de la Jatropha, aparte de poseer una gran capacidad calórica, tiene la ventaja de poder ser utilizada directamente después del prensado y un fácil refino. La instalación llega en bloque introducida en un recuperado contenedor de transporte, es barata y de sencillo manejo. Por tal cosa, el único problema es que la riqueza generada no da ningún fruto a multinacionales, estados y chupópteros gubernamentales y religiosos.
Los economistas consideran que África cambiará con la llegada de los frigoríficos, el problema reside en que es necesaria una producción eléctrica, y esta puede llegar de la mano de la Jatropha.
Es habitual ver en muchos poblados africanos, electrodomésticos de deshecho enviados por los países ricos. Dichos electrodomésticos aun funcionan con gases nocivos para el ozono o consumen mucha energía, y para ponerlos en funcionamiento dependen de pequeños generadores movidos con combustible fósil. Y es que los países ricos, al potenciar el cambio de electrodomésticos para salvaguardar el medio ambiente, han creado un mercado de segunda mano.
Vamos... una manera muy típica de vestir un santo.
Pero... por un momento imaginemos que el invento funciona, que los miles de poblados que hoy se están deshabitando vuelven a enriquecerse, a poblarse de agricultores, ganaderos y pequeños artesanos. No olvidemos que una riqueza, aun pequeña, atrae de nueva. Y si un poblado aumenta su población y riqueza, no pasará mucho tiempo sin llegar la primera tienda de electrodomésticos, el primer mecánico, los automóviles, el ambulatorio, etc.
La primera producción de aceite se destinará al consumo privado, pero a los dos años, cuando las plantas lleguen a su máxima producción y se hayan plantado nuevos campos, servirá para alimentar el crecimiento del poblado.
Crecimiento... el mismo problema de siempre, y esta vez absolutamente demográfico.
La riqueza crea crecimiento y, este, una más que previsible asfixia.
Conseguir que África sea productiva y rica, pasa por mantener un férreo control de la natalidad y que sus habitantes no la abandonen, que vuelvan a trasladar su vivienda a los poblados de donde salieron, y que dejen de poblar chabolas en las grandes ciudades.
Para que ello sea posible, la UE dispone de fondos de ayuda que van, en su mayoría, a engrosar los bolsillos de una minoría consumidora de productos occidentales.