Esos días ando pensando en los tiempos que se avecinan.
Me gustaría equivocarme, pero, así, en frío, creo que son tiempos duros, de muerte y odio.
No he vivido tantos años como para recordar. Aunque, según parece, hay gente que dice que los recuerdos enturbian la realidad.
Estos días hay cierta gente, gobernante de un país más desarrollado de lo que parece y nos hacen creer, un país muy poblado y rico, que niega una cosa como el holocausto judío. Haría reír si no viniera de donde viene, claro. Los susodichos alegan que el verdadero holocausto es el que se desarrolla en los países musulmanes. Y claro, en estos momentos, que, después de todo, son los que valen, llevan la razón, toda la razón.
Hoy por hoy, no hay holocausto judío ni cristiano, pero sí musulmán.
La realidad es que, para los sobrevivientes del holocausto judío, la marca que llevan es bestial, alucinante. Negar lo innegable, aparte de ridículo, es denigrante.
Por otro lado, nos encontramos con el dirigente del país más “rico” del planeta, rico en armas y deuda, que dice que algunos países musulmanes están en el eje del mal, que en sus discursos confiesa que su dios lo lleva por el buen camino. Eso también nos haría reír si no fuera por que también viene de donde viene.
Y eso me hace pensar en la estupidez humana... Ya ves, los alemanes votaron a Hitler... Ahora está de moda decir eso como excusa para pisotear, si es necesario, un régimen democrático.
Y claro, no recuerdo por la sencilla razón de que no existía, pero leo.
Y si los libros no engañan, que tal como van las cosas, todo es posible. Y digo que, si los libros no engañan, la gran guerra se originó gracias a la miopía de Chamberlain y Deladier... miopía o cobardía, según como se mire.
Trotsky decía que la guerra era producto del ansia por el poder y por salir de la crisis de la primera gran guerra. Trotsky era un iluminado que siempre veía una realidad que casi nadie compartía. Un iluminado que vio claramente el desafuero Hitler y su escapada económica para delante.
Un tipo curioso el tal Trotsky... de vez en cuando acertaba.
Y digo todo eso porque ahora, también se ha puesto de moda recuperar la memoria del chamberlismo, de la derrota previa, de la bajada de pantalones. Lo que no está ya tan claro, es donde está el chamberlismo y donde el hitlerismo.
Si estudiamos la historia con frialdad, el chamberlismo está en el mundo musulmán y el hitlerismo, en el occidental.
El país arruinado, el que necesita esconder su deuda con la escapada para delante sin fin, el que tiene más dólares en la calle de lo que vale su país, son los EEUU. Los que tienen el petróleo, los recursos y el dinero de los americanos, son los musulmanes. Los que atacan con excusas indecentes son los americanos, los que se defienden con resistencia y cediendo, son los musulmanes. Los que hacen caso omiso a los pactos de la ONU son los americanos y los que se apoyan en ellos para evitar lo inevitable son los otros. Las bombas las ponen los americanos y los muertos, los musulmanes.
Y Chamberlain tuvo que dimitir. Y un colega suyo, sin el respaldo directo de las urnas, tomó el relevo. Un hombre que se caracterizaba por decir que la raza blanca era superior, que los negros eran inferiores genéticamente y los hindúes solo servían para obedecer a los anglosajones (textual.)
Y me pregunto si no hemos tropezado con alguien así en Irán, con un nuevo iluminado como Churchill. Con un tipo que es capaz de decirle al nuevo nazi, que está hasta las pelotas de hacer el gilipollas. Un tipo que juega a ser el nuevo héroe, con su dinero, su petróleo, su inmensa minería, su siderurgia. Y, sobre todo, que su petróleo, esta vez, lo tiene bien repartido entre la China y Rusia. Y esos no se dejarán robar así como así. Pero Irán no sólo es eso. Irán es autosuficiente... Y eso jode, jode mucho.
Y ya sé que todo eso está cogido por los pelos, ya sé.
Ya sé que las comparaciones son odiosas, ya sé.
Pero se parece tanto que... ando muy acojonado.