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UN GATO EN EL BALCÓN

LA NEGOCIACIÓN

 

Hoy la noticia es el comienzo de las negociaciones con una banda armada que vive de la extorsión y bandidaje.

No hay más. Eso es una certidumbre que ni yo, que yerro en casi todo, puedo negar.

Hoy se consuma la derrota de una Nación inoperante desde hace cientos de años. Una Nación que, ya hace siglos, sale malparada en todos los conflictos en los que ha intervenido.

 

Hace tres años que no matan. Dicen que están debilitados.

Debilitados lo están, eso seguro. Lo están gracias a la acción de gobiernos aliados y vecinos, los cuales han vendido cara su información y ayuda.

Pretender que un gobierno español, sus instituciones, su policía... haya derrotado a la ETA, es mucho pretender.

 

Zapatero, primero monta un cirio con el Estatut, un cirio en el que aún estamos inmersos. Una falacia de Estatut que solo ha servido para cambiar la posición de algunas comas y adecuarlo a los nuevos tiempos tecnológicos.

Y ahora Zapatero se enfrenta a un nuevo reto: Vender una derrota como si de victoria se tratase.

Dicen que ETA ha sido derrotada pero todos vemos como, para forzar una buena negociación, hace estallar una macro bomba en un espacio abierto.

Es como si dijera...

- Ojo, que la próxima podemos ponerla en el Banco de España con todo el personal dentro.

 

Los defensores de la negociación miran Irlanda. Dicen que si ellos lo hicieron, ¿cómo no vamos a poder nosotros?

Comparar Irlanda, su represión, sus paramilitares unionistas, el ejército patrullando las calles, un muro vergonzante. Gente sometida sin derechos y colonizada por extraños hasta convertirse en minoría hambrienta...

Comparar Irlanda con un país, en la que una minoría se considera racialmente superior y con el derecho de eliminar la libertad de otra minoría, es una inmensa chorrada.

 

Zapatero es valiente. Lo único que intenta es salvar los muebles y poca cosa más.

Sabe que ETA está en bajos momentos y su sistema no es todo lo bueno que podría ser.

Zapatero tiene infiltrados en el interior de la banda. Sabe que la ETA está debilitada pero no tanto como dicen y cuentan.

 

Zapatero sabe que, ahora o nunca. Que si ahora no lo consigue, la banda saldrá reforzada y con el aura que por ella no a sido. Se reorganizará con miles de jóvenes que esperan impacientes y miles de millones en armas y explosivos de última generación.

 

Pero otros dirán que España es grande y poderosa, que Zapatero la vende a cualquier precio.

Y yo solo sé que con lo del Estatut ya aprendí la lección.

Un tercio del resto de la Nación me consideró un ladrón sin leerse siquiera el preámbulo. Boicoteó mi producto si pudo. Y si no, atrasó los pagos hasta el límite.

Hoy ya puedo decir tranquilo, que no dependo ni en un diez por ciento del resto de la Nación, que mi producto viene de fuera de ella cuando antes lo era de dentro, que casi toda mi producción la vendo fuera, que mis etiquetas, hasta hace poco, decían “Barcelona (España)” Y ahora dirán “Barcelona (UE)” Y que los ombliguistas no volverán a pillarme con los pantalones bajados, eso seguro que no.

Y es que una Nación que habla despreciativamente de la “periferia”, cuando esa se encuentra a un golpe de camión sin repostar. No es Nación ni nada parecido a ella.

 

España es una Nación débil y enferma casi terminal. Una Nación que, ya en las guerras carlistas, tuvo que defender su integridad a costa de mercenarios y ayuda extranjera, que en Marruecos perdió su honra ante gente mal armada, incluso con el apoyo de los europeos. España ha perdido la guerra contra una vulgar banda armada sin motivación ideológica, y lo debe asumir con vergüenza y amargura. Sólo así podrá crear su propia catarsis y salir de su ruina como sociedad.

 

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