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UN GATO EN EL BALCÓN

GASTO FARMACÉUTICO

 

 

 

    Periódicamente en nuestra nación se llama la atención sobre la enorme cantidad de dinero que representa el gasto farmacéutico.

    La gente habla sobre el dinero que mueve la droga, el tráfico de animales exóticos, la prostitución, etc. pero de ese gasto apenas se habla, solo las autoridades sanitarias muy de vez en cuando cuando miran la factura.

    España dedica el 1’27% de su PIB en el gasto farmacéutico mientras la media europea es del 0.94%.

    A medida que los sucesivos gobiernos encuentran sistemas de ahorro, las empresas farmacéuticas consiguen nuevos trucos para que se gaste más.

    Cada vez que la autoridad sanitaria intenta recortar o discutir el precio de los medicamentos y los beneficios de las farmacéuticas, esas se escudan en los altos costes de la investigación para encontrar nuevos y mejores fármacos.

    La mayoría de los nuevos fármacos, las moléculas que los componen son pequeñísimas modificaciones de las anteriores sin que por ello mejoren. Y, también, la mayoría de las farmacéuticas utilizan patentes ya caducadas o de precio barato; solo unas pocas se dedican seriamente a la investigación, pero entonces tan solo utilizan el 10% de su presupuesto, mientras que para el marketing utilizan del 30 al 40% del mismo.

    Las empresas farmacéuticas que investigan tienen un promedio del 17% de beneficios netos sobre su facturación, cuando las empresas de su ranking no pasan del 3%.

    En Norteamérica, centro mundial de la industria farmacéutica, en cinco años se han desarrollado 415 nuevos medicamentos de los cuales 133 estaban formados por nuevas moléculas y tan solo 58 eran nuevos agentes terapéuticos.

    Desde el momento que una industria como la farmacéutica gasta un 10% en investigación y el 30 o 40% en marketing, el riesgo que engañe, cambie el etiquetado, el excipiente y formato o, en el peor de los casos, invente un procedimiento para crear nuevas enfermedades imaginarias y su posterior medicación, es altísimo.

     Y ustedes se preguntarán cómo es posible que compare el gasto farmacéutico con el de la prostitución, el de la droga, etc. Pues porque el gasto que produce y los beneficios que acarrea son parecidos, con la agravante que los anteriores no son necesarios para la supervivencia. Y no por ser un negocio legal deja de ser inmoral.

    Las empresas, con miles de millones en gasto comercial, crean unas estúpidas enfermedades imaginarias, inútiles y sin que ocasionen grandes problemas para la supervivencia del ciudadano. Curiosamente a los pocos días de una fuerte publicidad sanitaria, del descubrimiento mediático de una nueva enfermedad, salen a la luz unos cuantos fármacos que milagrosamente nos sanan de ellas.

    Son enfermedades que solo atacan a los ciudadanos del mundo industrial, los del tercer mundo, tal vez porque no llegan a viejos, tal vez por ser demasiado pobres... y la información de los medios no les llega, no son presas de ellas.

    Hace poco un tipejo de mente plana me comentaba que posiblemente en Cuba no existía el colesterol porque los cubanos se morían de hambre. Me dio la risa floja, claro. El problema es que son muchos los que piensan lo mismo.

     El esfuerzo de las empresas no es en innovación de su producto sino en marketing, y éste solo funciona en el primer mundo.

    Las grandes innovaciones farmacológicas se producen gracias a fondos públicos que se inyectan a las empresas; campañas de sensibilización ciudadana y recaudación de fondos a favor de la lucha contra determinadas enfermedades, que repercuten en más beneficios para la industria farmacéutica.

 

    La solución pasaría por crear empresas mixtas o cooperativas con fondos del Estado recaudados a base de impuestos especiales sobre un determinado exceso de beneficio de las grandes empresas. Las empresas deberían crearse en combinación con las universidades y licenciados salidos de ellas después de un concurso o sistema de puntuación basado en el historial de sus estudios y una prospección de sus facultades emprendedoras.

    Eso haría que las empresas cuidaran mejor sus presupuestos y se dedicaran a lo que saben hacer: genéricos baratos, dejando a las empresas mixtas el desarrollo y producción de fármacos innovadores.

 

 

 

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4 comentarios

fiorella -

Como no quiero ser larga,ni llover sobre mojado,solo te dirè que màs de uno,muchos màs que uno no han terminado de contar el cuento por meterse con la industria de los medicamentos,ya sea por no querer aprobar en su paìs (obviamente que estamos hablando del tercer mundo o paìses en vìa de, o emergentes,como mejor guste)la s patentes de medicamentos,o por querer detener la suba de un analgèsico muy conocido en todo el mundo,etc.....junto con la industria bèlica forman el duo màs siniestro.Un beso

carlos -

Efectivamente eso lo vemos mucho los que estamos condenados de por vida a tomar determinados medicamentos. Cada vez vemos envases diferentes para idéntico contenido.
Y los beneficios de los laboratorios están mas que claros. Y alguno mas se tiene que beneficiar para protegerlos ¿no?
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Respirando -

Lo de los laboratorios farmacéuticos no tiene nombre. O sí, y es feo.

Yo, que me dedico a la salud mental (aunque no lo parezca), estoy harta de ver como salen, por ejemplo, antidepresivos IRS, venticinco mil al día, sin aportar nada nuevo. Pero eso sí, crean muchas expectativas en los depresivos recurrentes, que por supuesto nunca se ven cumplidas. Supongo que pasa lo mismo en otros campos. Una verguenza.

Beso, Pau.

David -

Pues ahora es un buen momento para proponerlo, en vísperas de elecciones...
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