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UN GATO EN EL BALCÓN

DECRECIMIENTO 1º

 

 

    El decrecimiento es una opción, una manera de vivir, más que una corriente ideológica o económica.

    La palabra decrecimiento ya da a entender de lo que hablamos: decrecer en cambio de crecer.

    La sociedad actual no puede concebirse sin el crecimiento, a mayor tasa de él, mayor felicidad. Pero es impensable creer que puede seguir creciendo eternamente, Y es indudable que hemos llegado a un nivel, que hace indispensable y urgente poner en práctica lo contrario.

    Hay economistas que, con razón, dicen que la economía global está basada en la dilapidación del futuro. No contabilizamos el coste del desgaste del planeta sobre el precio final del producto. Por poner un ejemplo: un kilo de naranjas producidas en Valencia tienen un precio asumible por el coste que representa su explotación, transporte y consumo. Un kilo de las mismas naranjas llegadas de Chile, por muy baratas que se adquieran en origen, su coste es muy superior al de las anteriores, que no se paga cuando se compran, un coste de utilización del planeta. No se trata sólo de valorar lo que cuesta un litro de petróleo, sino los residuos emitidos por el reactor que las ha transportado, etc.

 

    Hace muchos años, las poblaciones indígenas contabilizaban los costes que representaban sus acciones políticas o económicas sobre la séptima generación. Hoy, de hacerlo, nos encontraríamos que deberíamos pagar un kilo de naranjas chilenas a cien euros lo menos, un litro de gasolina a doce... y así, al no poder pagar tal factura, ahorraríamos naturaleza, deberíamos trabajar en lugares cercanos a fin de llegar andando o en bicicleta, utilizaríamos mucho más el transporte público, el cual ya no se movería con combustibles fósiles, la electricidad sería carísima y solo utilizaríamos con sumo cuidado, la que nos abastece la naturaleza sin necesidad destruirla.

 

    Hace unos días, leyendo un artículo sobre la recogida de basuras en El Cairo, me di cuenta del gran contrasentido... Un barrio entero, el cristiano, viviendo del reciclaje intensivo. Los empresarios reconocían que se reaprovechaba el noventa por ciento de la materia: las bolsas de plástico, una vez trituradas, eran exportadas a China para producir poliéster, las basuras orgánicas se convertían en abono, etc. Todo eso en unas condiciones de insalubridad tremendas. Pero es la única solución que queda, el tratamiento global e intensivo de nuestros desperdicios. Y a más desperdicios creados, más impuesto para asumir su reciclaje... o sea: el liberalismo en su máxima potencia, un liberalismo que probablemente ayudaría a no producir tanta basura.

    Pero no, el articulista daba a entender que el tratamiento de los desperdicios de El Cairo, se había solucionado contratando empresas europeas, las cuales habían hecho grandes agujeros en el desierto para abandonarlos en ellos.

    Genial, me digo, volvemos a crear una gran Nairobi, con todo un barrio trasladado a sesenta kilómetros de distancia, viviendo en chabolas de hojalata, sin agua, luz y sanidad para poder malvivir y reemprender su actividad típica.

    Mal asunto la solución encontrada.

    Hoy, los habitantes del barrio cristiano pueden seguir respirando tranquilos puesto que el ayuntamiento no paga a las empresas y estas se están largando de Egipto.

    Típico de África... la solución llega gracias al problema o viceversa.

 

    Soluciones ultra liberales para problemas igual de liberales.

 

    El ciudadano con gran capacidad económica también es el que más consume y, por tanto, el que más desperdicios produce; el ciudadano que gasta más agua es el que posee piscina y un gran jardín.

    En mi tierra el agua se paga según unos baremos muy estrictos, de esta manera se ha conseguido desperdiciar muy poca. El tratamiento económico de los desperdicios debería seguir el mismo camino, de manera que el consumidor pagase el proceso de aprovechamiento.

    A mayor crecimiento, más facilidad en cambiar de coche.

    ¿Qué hacemos con el que desechamos?

    Va a la chatarrería gracias a mogollón de ayudas económicas.

    Pues no debería ser así, los coches deben durar más y, de ser contaminantes, retirarlos de la calle.

    No se debería premiar el consumo, sino todo lo contrario.

 

    Eso, para mí, es el decrecimiento.

 

 

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13 comentarios

pau -

No, no duele.

Luna -

Cuando se está en un pueblo chiquitito, es cuando se ve realmente lo poco se necesita para vivir.
Cecilia y Pau, ha sido un placer seguir vuestra discusión.
Saludos
Pau ¿Duele pasar por el cedazo a tanta gente?

Pcbcarp -

Yo es que siempre he necesitado pocas cosas. Demasiado pocas, a lo mejor.en cuanto a lo del crecimiento, creo que está basado en la misma teoría que lleva las hormigas a almacenas cosas en sus agujeros, o a Chip Y Chop en el árbol. Creo firmemente que nuestros ricos se esfuerzan en ser cada vez más ricos por el mismo mecanismo biológico que lleva a un insecto a guardar víveres.

pau -

Este final debería invalidar el capítulo que tenía preparado.
Aun no ha sido editado por los problemas de Cheli y el actual mal funcionamiento de mi viejo ordenador. Espero poder hacerlo, lo más tardar, el próximo lunes o martes.

Estamos, salvo en algunas memeces (como te gusta decir) bastante de acuerdo.
Y sí, lo puedes decir también por mí, aunque no soy precisamente consumidor de memeces, pero sí productor de ellas.
Aunque comienzo a ver una nueva manera de consumir entre los jóvenes, algo que percibo sutilmente desde mi mundo de la moda, que han comenzado a vivir con pocos adornos y diseños minimalistas.
Y me dirás que es la moda. Pero no, no lo es o, por lo menos, no es la que estaba prevista, sino la contraria.
Hablamos de tecnología, del nuevo tipo de consumo en aparatos como el que tu y yo utilizamos ahora mismo.
Y bien: este consumo, para mí, es inteligente. Un sistema de pasar el rato, disfrutar con la cultura, relacionarse con pocas personas después de pasar un fino cedazo donde hemos dejado unas cientos, aparatos de bajo consumo que nos ayudan a visitar el mundo sin apenas movernos... eso es un consumo inteligente.
Pero antes decía que estaba de acuerdo, y es así.
La naturaleza ya está herida de muerte, y todo lo que hagamos a partir de ahora será solo alargar un poco su agonía.

Cecilia B. -

Además, es imposible convencer a alguien de hacer un consumo más responsable en una sociedad basada única y exclusivamente en el consumo, fundamentalmente de ocio y de entretenimiento. Televisiones por satélite con trescientos canales que, a pesar de ser de pago, incluyen anuncios de coches, de detergentes, de perfumes, de cremas hidratantes y antiarrugas, de televisiones más grandes y planas, de grupos musicales. Consumo responsable pides a los mismos que, en lugar de jugar con sus hijos, les regalan una PSP o una XBOX o como se llamen esos artilugios, obsesionados por la seguridad y por la limpieza. Consumo responsable y acumulación de desechos en vertederos y construcción de crematorios de basuras, cada vez más grandes, cada vez más 'ecológicos', inmensas factorías de quema de basuras y residuos tóxicos que después se vierten en cilindros de acero y de lanzan al mar o se entierran en pequeñas cuevas cerca de la frontera con la Francia.

Imposible hacer consumo responsable si después llevas a tus amigos a parques de atracciones construidos sobre antiguas reservas biosféricas o a zoológicos de metacrilato. Puedes consumir productos orgánicos y organizar tus basuras en colores, reciclar las latas de cocacola y hacer juguetes o lámparas, pero nada de eso sirve. Nada funciona porque ya estamos instalados en esa cosa dominante que es el consumo desaforado de memeces. Yo vendo cientos de memeces, objetos perfectamente inútiles a precios claramente abusivos y, sin embargo, hay personas que las compran. Es fascinante ver hasta donde llega el absurdo. Es mejor aún cuando uno de esos compradores convulsivos de estupideces barbaras, habla de reciclar basuras y de usar bolsitas de colorines... (no lo digo por ti, por supuesto, lo digo en general. O en comandante, ¿qué más da?)

Cecilia B. -

Por supuesto que somos parte de la naturaleza y que terminaremos desapareciendo porque somos una especie débil. Huiremos de la naturaleza salvaje-domesticada y nos refugiaremos en ciudades cada vez más grandes. El crecimento vertical es justamente para obtener más superficie de terreno con el que poder recuperar parte de lo que hemos perdido. La eliminación de urbanizaciones y la construción de un rascacielos en su lugar, además de ocupar menos espacio, preserva el entorno.

No digo que sea un mal menor, es que es el fin al que estamos abocados. No hay salida ni marcha atrás. Ya no hay apenas zonas sin contaminar en el planeta, apenas hay especies cultivables, apenas existen sitios sin sistemas de climatización que no hacen más que alterar en el interior lo que no nos gusta del exterior. La vida natural se acaba por completo y sólo quedan los artificios construidos por los seres humanos. Nada más que eso.

Compartir lo que queda, que es mucho si se hace de una forma inteligente. Hay recursos que se acaban, otros que se reponen. Los que se acaban, terminarán formando parte de museos y exposiciones retrospectivas. Los que se reponen, durarán mucho más tiempo, evidentemente, pero se acabarán igual. Y nacerán nuevos recursos: que si aprovechamos la energía de la fotosíntesis, que si obtenemos una pasta de la sal marina que permite hacer plásticos...

El desarrollo sostenible no pasa por hacer que todo el mundo folle con condón o aborte, algo que sólo está reservado para los pudientes que vivimos en este lado del mundo. Pero tampoco somos nosotros os más indicados para dar leciones a nadie de qué es desarrollo sostenible (échale un vistazo a la población de especies aborígenes australianas y verás que logran mantener el equilibrio entre recursos y población de una forma perfecta y desde hace siglos). Aquí, esto que es el Viejo Continente terminará siendo lo que aparenta ser: un inmenso parque de atracciones para ancianos decrépitos que necesitan de inmigrantes que les saquen las castañas del fuego. Nuestros recursos terminarán siendo los de ellos, algo que, por otro lado, me parece estupendo. Seguro que los gestionan mejor...
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pau a Cecilia B -

Para comenzar deberíamos saber lo que es confort para cada uno de nosotros.
Para mi es algo muy distinto de lo que vivimos hoy. Pero mi confort solo es posible con la mitad de la población que hay ahora en este país, y un consumo más inteligente.
Y me dirás que una cosa es decirlo y otra hacerlo... pero lo he hecho y por tanto lo conozco.
Y no es la salida fácil de que todo tiempo pasado es mejor, no es eso.

Dices que la producción de crudo es poco contaminante, y tal vez lo sea, pero no su consumo, esto sí que contamina.
Dices que la naturaleza se acaba, pero lo dices como si fuera un mal menor sin considerar que somos parte de ella.
Y es que el día que la naturaleza muera, nosotros ya hará miles de años que no existiremos. Las enfermedades, desórdenes y extrema pobreza nos destruirán.
El planeta posee unos recursos limitados, unos pocos los cosumimos sin dar tiempo a que se repongan y, mientras, hay otros muchos que empujan para compartir lo que queda.
Dime si no es cierto lo que digo.
Veo que eres de los que abogan por un urbanismo vertical, los urbanistas barceloneses discuten hace años sobre ello, y lo han puesto en práctica con evidente éxito. Mi amigo lo es y lo defiende; pero claro, siempre pensando en el crecimiento... divina palabra. Ahora somos más de cuarenta millones y pensamos que a finales de siglo serán sesenta y cinco. Y yo pienso que como pasemos de treinta, mal vamos... o mejor irán, porque nosotros no lo veremos.

Cecilia B. -

Decrecer en el consumo sólo genera inflación. Otra cosa diferente es que se trate de modificar los hábitos de los consumidores y la única forma viable es a través del precio. Las políticas generales no funcionan. Fijar precios, en la misma medida que se fijan aranceles para proteger la industria europea de la invasión de productos chinos o hindúes más baratos, es el sistema más complejo, pero reduce la competencia entre empresas. Si la competencia se reduce, entonces es evidente que estas empresas buscaran mercados más competitivos y más rentables. El objetivo de cualquier empresa, de la tuya, de la mía, de Telefonica, es tener beneficios y vivir de lo que produce la empresa. Si los impuestos que nos gravan, por usar tecnologías contaminantes, hacen que el precio suba y se reduzca el consumo, más pronto o más tarde cerraremos las puertas y nos quejaremos de la presión fiscal, y de las políticas intervencionistas de los gobiernos de turno y de un largo etcétera. Ese modelo que busca la reducción del consumo y, por lo tanto, de la producción, es incompatible con un estado basado en el confort y en el tiempo libre.

No es posible, por otro lado, hacer políticas 'mundiales', porque realmente a nadie le interesan: se construyen más aviones (contaminantes a tope), más barcos diésel (contaminantes a tope)... Realmente no se buscan alternativas al petróleo porque la producción de petróleo es bastante ecológica (daña muy poco al medio ambiente) y porque no existe ninguna energía alternativa que proporcione el mismo nivel de confort. Un coche híbrido no garantiza más que emidiones más reducidas de gases contaminantes pero no es una solución ni a corto ni a largo plazo.

El mundo natural se acaba. Es un anacronismo en tiempos de consumo desaforado, de mp3 y mp4, de teléfonos móviles de plástico que se cambian cada año, de pilas alcalinas de larguísima duración. Podemos alargar ese fin, esta agonía lenta con paliativos a corto plazo, pero la naturaleza se acaba. Todo lo que es 'natural' ya está muerto desde el momento en el que en una etiqueta de tomates tienes que poner un sello de producción ecológica que lo distinga de los tomates que han nacido en otras formas. El arroz salvaje está a punto de dessaparecer, sólo quedará en reductos pequeños de la UE, subvencionado y como un anacronismo, como si fuera artesanía o algo así. Las generaciones muy futuras ni siquiera podrán ver la Antártida en el estado salvaje en el que se encuentra ahora, se construirán 'rservas', espacios acotados para que unos cuantos bichos nazcan, se reproduzcan y mueran delante de un formidable público. Todo es espectáculo, simulación. Los grandes espacios abiertos estadounidenses son casi leyenda. Las afueras de Nairobi, antes llenas de animales vagando delante de las cámaras de NationalGeographic, ahora están llenas de edificios cúbicos de ladrillo, hormigón, cristal y algo de acero. Y los animales salen de ahí, se refugian en reservas, en pequeños zoos a escala. Es el urbanismo salvaje lo que acaba con el mundo, no la emisión de gases más o menos contaminantes. Y no es el aire el problema, sino el agua potable. ¿Existe agua suficiente en este país, con todos los pantanos al 100% para dar respuesta a una población de 60 millones de personas? La respuesta es No, y sin embargo se siguen construyendo campos de golf, las desaladoras (otro invento extremadamente perjudicial para el medio ambiente) terminarán sirviendo una especie de agua potable que no es más que agua desnaturalizada. Remedios paliativos para algo que, por ese avance del urbanismo horizontal en todo el planeta, no tiene arreglo ni a corto ni a largo plazo.

¿Cuánto confort estás dispuesto a sacrificar por el bien de una generación futura?

pau a Cecilia B. -

No se trata de penalizar sino de contabilizar el costo real de la energía y las materias primas.
Penalizar es fácil, se penalizan tabaco y alcohol a efecto de financiar lo que estropean: la salud.
Pero no es eso... La energía fósil sale barata porque no se contabiliza el prejuicio que ocasiona, la energía solar sale cara porque no se valora lo que deja de perjudicar a las generaciones venideras.
Hace poco, creo que en New York, se hizo una exposición de urbanismo en la cual se daba como ejemplo de construcción vertical la ciudad de Barcelona.
Los nuevos edificios de protección oficial están obligados a disponer paneles solares. A más viviendas por metro cuadrado, menos energía solar toca a cada una de ellas.
Y el decrecimiento se debe plantear sobre la idea de que somos demasiados en el planeta, que este sólo puede mantener quinientos millones de habitantes con una renta parecida a la portuguesa.
El problema radica en eso tan sencillo. El día que los chinos e hindúes puedan vivir como nosotros será porque ya no existiremos, porque en el fondo todo funciona de la misma manera... tanto hay, tanto toca.
Ya sé lo que puede suceder de practicar una política económica basada en el decrecimiento. Pero la cuestión es si nos debemos adelantar a lo inevitable, o debemos dejar que el planeta lo haga por nosotros. Creo que si lo primero es malo, lo segundo es mucho peor.
Y así y todo pienso que el decrecimiento no debe ser tan traumático llevado de una manera inteligente. Todos sabemos la capacidad del hombre para adaptarse a las circunstancias.
En cuanto al problema de trabajar menos horas... es algo que ya está sucediendo. En estos momentos, en multitud de oficinas barcelonesas ocurre que el viernes por la tarde ya no se trabaja.
¿Por qué?
Sencillo: ante la imposibilidad de aumentar los sueldos de los mil-euristas, se ha optado por reducir el horario con el beneplácito del trabajador.
Y sí, lo lógico sería pensar que es por un exceso de productividad. Pero no es así, ya que la situación se ha creado ante la imposibilidad del aumento, que de haber más productividad habría sido posible.
¿Y por qué el trabajador acepta una disminución horaria a cambio del aumento?
Porque gracias a la bonanza apenas existe paro y en una casa trabajan dos como mínimo.

Cecilia B. -

Gravar el consumo de determinados productos implica gravar a las empresas que usan esos tipos de energía para fabricar sus productos lo que los convierte en poco rentables y, evidentemente, mejor cerrar.

Reducir la jornada laboral es, de alguna forma, incrementar el tiempo de ocio pero, a la vez, garantizar sueldos más bajos. El sistema sólo funciona en producción por objetivos pero no en prestaciones de servicios (¿cómo evaluar que una persona que atiende a turistas en una caseta entregue más o menos folletos si los turistas no se acercan a ella?). La producción por objetivos si permite la reducción de jornadas laborales y la flexibilidad horaria (no necesariamente debe trabajar de lunea a viernes si el objetivo se cubre un miércoles con treinta y ocho horas trabajadas, por ejemplo). Los niveles salariales se mantienen igual pero la capacidad de consumo de ese trabajador, por disponer de más tiempo de ocio, es mucho mayor (demanda ocio a un precio razonable). A la larga, la percepción del trabajador es que está mal pagado. Además la mayoría de los trabajadores adoran la tiranía de los horarios y tardan mucho en adaptarse a un sistema flexible.

El modelo de desarrollo sostenible para un país rico implica, normalmente, mayor presión fiscal para el contaminante directo o para aquel que dilapide recursos energéticos. Evidentemente, la presión fiscal va al productor que, después, deriva al consumidor salvo que todos los precios estén fijados por el gobierno de turno (tipo la electricidad). Penalizar al consumidor de una decisión de compra sólo es razonable si la política que se persigue es alterar los hábitos de consumo de la población pero no si se persigue que ese consumidor pueda contaminar menos. ¿Puedo yo elegir que mi proveedor de energía eléctrica la obtenga a través de paneles solares o me trago lo que viene sin más? De momento me trago lo que viene, así que al no tener posibilidad de elegir es irracional que se me penalice el consumo. Otra cosa son esos chirimbolos superfluos que son los coches, pero la política debería penalizar al fabricante/productor.

Eso sin contar con la construcción, que aún sigue instalado en el modelo de edificios bajos (y muchos) que no son autosuficientes energéticamente.

pau a Cecilia -

Complejo lo pones.
El metano, aun siendo muy contaminante, es uno de los gases que equilibra la estratosfera. Los animales de granja producen millones de veces más metano que los naranjales, por poner un ejemplo.
No se trata de menor crecimiento, se trata de decrecimiento, y no de manera anárquica sino haciéndolo con cuidado y de manera inteligente.
Más desempleo?
No... para empezar, los viernes festivos. En algunos lugares y empresas eso ya está en marcha.
Se trata de hacer que los automóviles de tracción mixta sean más baratos, los eléctricos aun más, y los de gasolina mucho más caros.
Se trata de financiar un tipo de consumo y gravar otro. Pero no como castigo, sino valorar lo que cuesta la reparación del planeta y trasladarla al consumidor.
Naranjales?
Hasta hace poco los valencianos vendían a todo el mundo, ahora se ha reducido la producción y clientela por la competencia. España es tradicionalmente gran consumidor de naranjas, pues dejemos que se consuman aquí y a quien quiera pagarlas.

Cecilia B. -

La disyuntiva es: si hay menor crecimiento (menor consumo, ya sea interno o exportaciones), entonces hay más desempleo, más inflación y más recursos dilapidados. Se puede compatibilizar el crecimiento con la subida de impuestos indirectos penalizando de esta forma el consumo de una forma directa. Pero eso, que aparentemente suena muy bien, es incompatible con el confort aburguesado de Europa en general y España en particular. Pocos comprenden una subida de los precios de la energía (incluida la gasolina) para cualquiera que no pueda acreditar que no es un profesional autónomo.

Teniendo en cuenta que los naranjales valencianos disponen de ayudas económicas directas de la UE sólo por el hecho de tener naranjales y dado que contaminan enormemente (las emisiones de metano de los naranjales son extremadamente contaminantes) y dado que el precio de las naranjas chilenas (que no disponen de subvención directa de ningún organismo) sigue siendo más barato, es evidente que habría que eliminar los naranjales valencianos y convertirlos en otra cosa ¿o no?

Juan Cosaco -

Como muchas otras veces, das en la diana; la austeridad es uno de mis objetivos a alcanzar, poco a poco.
Salud!
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