Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008.

MENTIRAS

Ceno con Amara unos espaguetis al pesto, y mientras, miramos el programa de Callejeros. Hoy hablan del Cabanyal en Valencia. Parece ser que el ayuntamiento quiere expropiar para construir, algo lógico siendo valenciano y pepero. Ofrece, según un vecino, 30.000€ por su vivienda.

La copa América pasa factura, igual como la pasaron las olimpiadas barcelonesas, solo que entonces a las familias no las indemnizaron sino que a cambio les dieron una vivienda nueva en mejor estado que la expropiada. Diferencias siempre debe haberlas. El PP levantino es radicalmente distinto al CIU catalán, como también el PSPV al PSC.

Valencia es lo más parecido a Nápoles o Palermo que hay en España, eso en el caso de la mafia y el fascismo; con relación al urbanismo se parece a Somalia.

Y me dirán que exagero, pero no sé si fue en este blog donde comenté que no sé de otro país africano donde se urbanice con permiso estatal sin derecho al agua, y ya no digamos en el resto del mundo.

Y veo a gente sencilla: gitanos, drogadictos, chatarreros; pero también trabajadores, pensionistas... gente que siempre ha vivido allí y otra que se ha dejado caer en un lugar donde nadie controla. Todos tienen derecho a mantenerse en su vivienda, sobre todo los que siempre han vivido en ella y no tienen otro lugar donde ir.

También sale una mujer joven, típica progre con pasta. Su casa está a lo alto del pueblo y desde ella a duras penas se divisa la playa; la ha restaurado con esmero, dándole un toque de autenticidad, un ambiente de calidez que, se nota, ha costado mucho dinero.

Está satisfecha porque tirarán la parte vieja y cochambrosa que le impide la vista de la playa. Le preocupa que no construyan una biblioteca, jardines y, supongo, algunas cafeterías de moda para pasear con las amigas; también la posible especulación que pueda hacer la Rita. Seguro que vota al PSPV, tiene toda la pinta.

 

Es posible que veamos, una vez más, a este partido tan poco socialista y tan ultraliberal, frente una huelga general. Curioso que sea el PSOE el único que se las come todas. La misma UGT reconocía en las anteriores legislaturas, que era más fácil y beneficiosa la negociación con la derecha que con su partido de referencia.

Lo cierto es que si volviera a ocurrir, sería tan salvaje y descontrolada que todo el sistema se tambalearía, ya que dudo que los sindicatos, por muy mal que vayan las cosas, la promuevan y puedan controlarla.

Los actuales sindicatos son completamente amarillos, vendidos a la patronal gracias a los subsidios entregados por el gobierno. Los dirigentes sindicales se parecen más a unos cabecillas pagados por el Estado, que solo sirven para boicotear cualquier huelga que no sea de un grupo de presión; solo entonces participan, pero no para defender a los trabajadores sino para canalizarla.

Escucho a un transportista, ex afiliado a la CCOO y trabajador por cuenta ajena, decir que él no gana ni pierde nada con la huelga, pero que si lo detienen, aunque solo sea para informarle, parará el camión.

Amara, cuando tuvo que tramitar la larga enfermedad, se presentó a su sindicato, también la CCOO, para ver como podía solucionar el problema. Le pusieron tantas trabas e inconvenientes que más parecían la Seguridad Social que el propio sindicato. Al fin consiguió que la desviaran a sus abogados, los cuales, aparte de hacérselo difícil, le presentaron una minuta astronómica en caso, eso sí, de conseguir la pensión. Enferma y desorientada, con dolores que la inhabilitaban incluso para leer, visitó a los abogados de la empresa, que, curiosamente, la ayudaron y facilitaron el trámite sin cobrarle nada.

Hoy vemos a los sindicatos “oficiales” intentar boicotear la huelga con acuerdos paralelos y bajo mano con el gobierno, cuando realmente no representan a los huelguistas. A pocos empresarios autónomos se les ocurre afiliarse a la CCOO o a UGT.

 

El día once, según el gobierno, la huelga era residual y un problema de orden público; para el, él precio del carburante o la circulación de camiones sin tarjeta de transporte ni seguro no lo era tanto.

El doce, según ellos, ya se había solucionado, pero las grandes superficies estaban desabastecidas, en el puerto y aeropuerto la mercancía se agolpaba, y la poca que salía era previo pago de las tasas de almacenaje de los días excedidos; como si el ciudadano empresario tuviera la culpa y la responsabilidad.

El día trece, para el gobierno, la huelga ya era cosa pasada; mientras, la industria del automóvil pedía tres días de regulación y en el puerto la mercancía seguía sin salir.

Industrias pequeñas y medianas han cerrado adelantando unos días de vacaciones. Fábricas de pintura, cableado, impresores, pintores industriales, tejedores... llevan dos días limpiando y arreglando los locales por falta de suministro.

La huelga es secundada por los pequeños propietarios y sus trabajadores autónomos, y por las grandes empresas de logística, que, para ahorrarse sueldos y la compra de los camiones, trabajan exclusivamente con autónomos bajo contrato. Todo eso ocurre mientras el sindicato minoritario, según los otros, claro, decide continuar el paro y cambiar la estrategia de revuelta.

El gobierno miente.

Un gobierno decente no puede sacarse, a los tres días de huelga, propuestas de la manga, como si un prestidigitador se tratara, para convencer a los huelguistas. ¿Por qué no lo hizo antes, evitando así la huelga y los multimillonarios perjuicios al país?

La explicación es sencilla. El gobierno no puede, por falta de capacidad, de voluntad y de inteligencia, cumplir sus promesas; y lo sabe y sigue mintiendo.

 

Escuché en la televisión del restaurante donde almuerzo al ministro de economía decir que el gobierno había inyectado diez mil millones en el sistema. Y la gente ni se lo miraba, ya ni se reía de sus mentiras.

De los diez mil millones, seis mil son para pagar los famosos cuatrocientos euros, esos que todavía nadie ha visto: Y miente porque lo único que hará, si puede, es dejar de retenerlos de las nóminas en cómodos plazos.

Por otro lado inyecta una cantidad imposible de valorar, en forma de un aplazamiento de las hipotecas sin costos adicionales, lo cual significa que lo único que hace es garantizar la continuidad del beneficio bancario a costa del erario, ofrecer más cancha consumista a los hipotecados y pagar el coste del cambio a los responsables del desaguisado financiero: la banca.

Y me pregunto por qué se debe premiar a los incompetentes en cambio de a los competentes. De seguir así, los financieros habrán descubierto un filón: llevar al país al colapso crediticio para, luego, extender la mano y cobrar por el servicio.

 

 

Sábado, 14 de Junio de 2008 23:21 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

MANIPULACIÓN

 

Somos bombardeados con miles de imágenes, de noticias, de ideas... hasta casi el infinito.

Hace pocos años, de mediados a finales del siglo IXX, se representaba una realidad discutiéndola como si fuera cierta. El hombre era arrastrado a los movimientos de masas a través de sistemas que utilizaban una representación casi teatral. Los Estados, fieles herramientas de un poder fáctico, promocionaban el nacionalismo exacerbado, la diferencia racial y la supremacía cultural de sus ciudadanos.

A principios del siglo veinte y gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación: el cine, la radio y la mayor difusión periodística, el procedimiento tuvo que cambiar. Los medios de comunicación dedicaron sus esfuerzos en enseñar la parte que interesaba al sistema, sesgando, mintiendo sobre el tema tratado o degradando con invenciones plausibles al contrario. Los publicistas y propagandistas inventaron sistemas de emitir el mensaje con expresiones e imágenes alejadas de la verdad, pero realistas para el ojo y el oído del receptor. Eran los tiempos de la revolución soviética, y para movilizar al ciudadano se necesitaba algo más que la diferencia cultural, racial, o nacional. Los movimientos, aunque bajo el aparente paraguas nacional, incidían sobre la economía y el reparto de la riqueza. Los medios hablaban de ello por encima de cualquier tema. Los gobernantes, aunque altamente racistas por su clase social, no eran escuchados por su mensaje xenófobo y nacionalista sino por sus éxitos en la economía y el bienestar. Los gobiernos, como la religión, siempre van unos cuantos pasos por detrás de la sociedad. Defienden unos postulados o, mejor, basan parte de su discurso en algo que la mayoría no cree pero soporta como un mal menor.

Hoy vemos como el sistema, para seguir gobernando, utiliza medios mucho más sofisticados. La manipulación propagandística de antaño ya no convence; el ciudadano, al mejorar su cultura y ampliar la calidad de su información, es más difícil de convencer con engaños. La burda y pueril manipulación de la verdad en los tiempos de la guerra fría, dejaron a la ciudadanía harta de tanto embuste. Ahora es el tiempo de las tertulias radiofónicas y de la participación. El propagandista hace que el receptor sea partícipe de su historia, lo envenena, excita y hace que la comparta. Para ello lo escoge con cuidado, dejando de vez en cuando que participe algún contrario; siempre con el poder de ridiculizarlo evitando la posibilidad de réplica, en caso de que sea una tertulia radiada, o atrapándolo entre varios fuegos amigos si es televisada. En caso de que el sistema sea más popular y descontrolado se puede aislar económicamente hasta dejarlo en un lugar marginal, sin asfixiarlo para dar más verosimilitud a la libertad coartada.

 

El próximo objetivo es desarrollar un nuevo descubrimiento. El gobernado ha demostrado estar a la altura del gobernante; ya no le intimida conocer la verdad y asume su parte bastarda. El propagandista solo debe incidir sobre las ventajas a título colectivo de la política que publicita.

El desastre de Sarajevo, la invasión de Irak, el genocidio palestino... La imposibilidad de mantener la manipulación de la realidad, y el sorprendente descubrimiento que el público no necesitaba ser engañado para evitar sentirse cómplice.

Ya no es necesario mentir, sino sólo seguir manipulando para hacer creer al ciudadano que el desastre del vecino, su ruina y muerte puede beneficiarle. La vuelta a la nobleza y sinceridad de los tiempos de Roma, cuando el populacho chillaba felizmente histérico al ver las caravanas de esclavos encadenados y botines robados que prometían otro lustro de esplendor y riqueza.

No nos engañemos, los republicanos no perderán el poder por los engaños e infantilismos del presidente más mediocre de la historia norteamericana, sino por el encarecimiento y pobreza. La guerra no ha sido rentable y la ciudadanía se ha sentido engañada por ello.

El PP no perdió por la manipulación criminal; tampoco en sus feudos por robar con chulería o por denostar a una parte de la ciudadanía, sino por el olvido que ésta también tenía derecho a elegir.

Blair no perdió su sillón por sus mentiras criminales, sino por el desastre económico de una población de mileuristas embargados y arruinados, que esperaban una lluvia de petróleo barato.

 

Nos seducen con burdo engaño.

Pretenden que sigamos ciegamente a una bandera asesina, despiadada, intransigente...

Nos hacen creer que debemos fidelidad a un sucio trapo, enquistado por la sangre seca de millones de seres humanos, maloliente por la descomposición de la carne, de la mierda adherida en mil años de disputas de poder. Que sigamos su estela de guerras y muerte; el camino de reyezuelos y tiranos, que con la sangre de sus esclavos la mancharon hasta darle el color que hoy tiene. Oro de fondo, el aprehendido a sus vecinos y robado a sus vasallos; manchado de sangre, la de sus enemigos y de los hombres que tuvieron la suerte de nacer siervos de su casa. Nos prometen que si veneramos semejante detritus de la historia seremos hombres honorables, libres y felices.

 

 

Jueves, 26 de Junio de 2008 00:45 Autor: pau. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.



UN GATO EN EL BALCÓN

Temas

Pau Hippie

insignia identificativa

Archivos

Enlaces